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Wonder Outfit

Aprovechamos la excusa del anuncio de la nueva actriz que interpretará a Wonder Woman para repasar 70 años de su icónico traje.

Por Victoria Lescano (publicado originalmente en Bacanal 78)

La Mujer Maravilla es (fue y será) una mujer con superpoderes y atuendo fetichista compuesto de corsé con print de un águila -más tarde, con la letra W grabada a modo de monograma-, un microshort azul con estrellas blancas, que pasó de emular al bloomer -dícese de la primitiva falda pantalón-, al microshort más minimalista, pasando por un culotte sci- fi , y botas rojas en punta con taco vertiginoso, que en ocasiones mutaron a zapatillas rojas mitad slippers de ballerina, mitad sandalia grecorromana. Una tiara y dos brazaletes son los accesorios derivados de tradiciones que suman estilismo, del mismo dorado que el lazo mágico, una cuerda todoterreno e imprescindible, que entre sus propiedades sobrenaturales, además de obligar a decir la verdad, admite la posibilidad de oficiar como disparador de su cambio de ropas y de personalidad. Pues Diana, la princesa Amazona, tiene su alter ego en Diana Prince, enfermera en el inicio de la historia, luego una secretaria ejecutiva. Tales son los principales rasgos de la heroína que William Moulton Marston plasmó desde el célebre cómic Wonder Woman circa 1940, y que entre 1974 y 1979 tuvo su correlato en una serie de tevé protagonizada por Lynda Carter. El hit Wonder Woman, su paso de femme fatal a secretaria nerd, y viceversa, era el momento más esperado a la hora del almuerzo para quienes quienes crecimos en esa década imitando sus giros vertiginosos y esperando convertirnos en poderosas heroínas, e interrumpíamos la comida al contemplar tal banquete de outfits.

En aquella serie ofició de vestuarista Donald Lee Feld. Nacido en Los Angeles y egresado del Instituto de Arte Chouinard, fue premiado cuatro veces por sus costume designs tanto por El honor de los Prizzi a mediados de 1980, como por Las Aventuras de Tom Sawywer, Días de vino y rosas y Danzad malditos, pero nunca jamás por vestir a la superheroína.

Reversiones maravillosas

El imaginario y los modismos de la Mujer Maravilla vuelven a estar en boga, y setenta años después, sus atuendos siguen dando qué hablar. En septiembre de 2010 se vio un drástico cambio en el outfit del comic, que dejó de lado el corsé iconoclasta para sumergirse en un atuendo más Prêt-à-porter con una superposición de mallas negras y de una chaqueta que emula un bolero de cuero. La controversia que se abrió entre los fans continúa ese año con las primeras imágenes que se filtraron de la nueva serie que se está grababa en ese momento. El reemplazo del culotte por unas calzas largas azules fue el aspecto más criticado. Y aunque la producción de la serie argumentó en un primer momento que “ninguna mujer que se precie de su estilo lleva el mismo traje durante casi setenta años”, la presión del fandom los obligó a incluir los short estrellados en las escenas finales del capítulo piloto, que finalmente nunca se convirtió en realidad. No está claro si los múltiples modelos estaban planificados originalmente o si el cambio se introdujo por la gran cantidad de pulgares bajos para los pantalones.

De cualquier forma, el revival disparó una colección limitada de prendas en la tienda parisina Colettte -donde se exhibían reversiones de sus básicos plasmados por la experta Sonia Rykiel y una línea de t-shirts diseñada por creadores emergentes-, mientras que la firma de cosmética MAC, lanzó la línea de maquillaje “Wonder Woman” -con imprescindible packaging azul, rojo y amarillo- diseñado para contener al labial “Heroína “, pigmentos, gloss y sombras.

La heroína fashionista

Ya desde sus orígenes, los cuadros del cómic de Wonder Woman eran explícitos en cuanto a la moda, y se puede afirmar que constituyen un pequeño manual de estilo. En la primera edición, luego de llevar al capitán Steve Trevor a un hospital y luego de realizar alguna de sus proezas, WW se hace un rato para escudriñar vidrieras: “Mi madre me habló tanto sobre los estilos de las mujeres americanas que ansiaba verlos”, sentencia Diana, la princesa de los tebeos ante la visión de un vestido verde esmeralda con silueta emblemática de los forties. Pero los transeúntes observan atónitos su súper look: falda pantalón -casi lingerie-, con estrella blancas, botas rojas en punta, corsé rojo con estampa de águila y fetichismo que se extiende a un lazo con súper poderes, una tiara que al ser arrojada oficia de boomerang y puede atrapar a algún villano, y brazaletes reflectantes de un metal oriundo de la Isla Paraíso llamado “feminum” a prueba de todo tipo de rayos, balas y otros proyectiles del mal.

A sus prédicas de estilo hay que sumarles gadgets de intercomunicadores que se anticiparon a la era digital. También en el primer capítulo, nuestra heroína conoce a una enfermera que solloza por amor -su problema es la carencia de dinero para reunirse con su amado, convaleciente de una herida de guerra- pero la Mujer Maravilla (quien unos cuadros antes logró ganar un salario exhibiendo sus poderes), le ofrece su dinero por esas ropas. Así, el uniforme medical es el salvoconducto para camuflarse y visitar a su enamorado secreto, el capitán. Ya en el transcurso de los tebeos, la prenda muta por el tailleur de una secretaria con gafas vamp.

De los años 40 a la actualidad, la Mujer Maravilla se hizo eco de los ciclos y de las arbitrariedades de la moda, y también hizo lugar a un anecdotario desopilante. En ocasión de la irrupción de un villano gaucho en Washington, WW recurrió a su lazo mágico para cambiarse y mutar; pasó a usar un traje de pantalón gris, una camisa blanca con ciertos botones sin abrochar, una corbata borravino y un saco al tono. Por entonces, esgrimió: “sospecho que cuando cambio no sólo es la ropa la que se modifica”.

En una saga de 1995, “La caída de una amazona”, el short mutó a calza de ciclista negra, y sumó una chaqueta militar corta y entallada en azul con ribetes amarillos. Imperó, en reemplazo del bustier, un corpiño en punta de cuero con hebillas de metal a modo de avío sadomaso. Ya por el 2000, las ilustraciones de Adam Hughes para las portadas del comic enfatizaron la sexualidad de la princesa amazona, en sus curvas, y en el uso y abuso de morfologías colaless. Más tarde se la pudo ver en su rol de embajadora de su isla natal, Themyscira, vestida de streeet wear: pantalón azul y remera verde, aunque ostentó maxi brazaletes y aros de estrella, ¡y pies descalzos!

Raros peinados nuevos (y retro) 

Los peinados de WW también experimentaron cambios: súper producidos en los cuarentas, permanente a mediado de los ochentas, mientras que en los noventas pasó por una etapa de melena sobre los hombros y flequillo. Pero en este aspecto el cambio más comentado fue en 2003, cuando se cortó el pelo a la garçon durante la saga El juego de los dioses. La responsable, una peluquera amiga, enunció: “No te irás de casa como si hubieras metido la cabeza en la licuadora, tu peinado tiene que ser algo moderno y totalmente distinto”.

Los mods ingleses de los sixties marcaron el paso por su placard. Peinados altos, vestidos con estampados psicodélicos y, sobre todo, el traje blanco de líneas súper netas fueron algunos de los items de una de las etapas más recordadas de su vestuario, también conocida como la “era I Ching”, cuando Diana dedicaba sus ratos libres a atender una boutique. Así lookeada, con una silueta que recuerda los modismos de Ema Peel en la serie Los vengadores, se la puede ver en un capítulo donde confluyen Superman y la Mujer Maravilla, donde ella viste al superhéroe con blusa hippie chic y cúmulo de collares. Alguien, que los ve en una disco, desliza desde un cuadro del cartoon: “Nunca imagine ver a Superman bailando ritmos de moda”.

El márketing también trajo cambios. Si bien inicialmente Wondie llevaba un águila en el escote, en 1982 cambió por el logo con forma de W. Cuenta una experta en Wondie -redactora y coordinadora de esta publicación, quien cedió su colección de imágenes-: “La editorial no podía vender el águila, símbolo americano, como una marca registrada, y además no tenía nada que ver con el origen griego-mitológico del personaje. Así que lo cambiaron por las dos W superpuestas, que con distintas variaciones se conserva al día de hoy. Lo divertido es que le buscaron una explicación dentro del comic al cambio de look, con una escena donde un grupo de mujeres se acerca a Diana para contarle que formaron la Fundación Wonder Woman, para luchar por los derechos de las mujeres, y le piden que incorpore la W que sería el logo de la institución en su traje.

Del lado de las pasarelas y de la firma Dior según Galliano, quedó un hito de moda. Fue en 2001, mucho antes de que la firma despidiera al modisto por sus comentarios antisemitas. La colección se bocetó y se cosió siguiendo a rajatabla enunciaciones de moda del cartoon de William Moulton Marston y sus modos de anticiparse al feminismo. El desfile abrió entonces con mujeres de apariencia contenida desde sus atavíos, guiños cómplices a la secretaria, pero con detalles que delataban romper con las normativas. Convivieron contrastes de elegancia clásica para la hora del Martini, vestidos que simulaban potiches para el té y, entre uno y otro, Diana Prince emergiendo cual Wonder Woman -llevando con orgullo el corsé y un short que en 2008 ingresaron a la célebre muestra del Metropolitan Museum of Art, consagrada al estilo de los Superhéroes. Una WW que a la vez también pudo ser trash y retirarse a la Isla Paradise, llevando vestidos griegos rara avis con botas extrañas y, siempre, maravillosas.

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