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Entrevistas

¡Vive la France!

Actriz de gran recorrido, verdadera trabajadora del cine en una entrevista que viaja de Francia a Alemania, de la fama a la celebridad, del film de culto a la megaproducción.

Por Diego Lerer (Desde Cannes y Berlin, especial para Bacanal)

Juliette Binoche tiene una sonrisa apta para cualquier ocasión. O, digámoslo mejor, para cualquier película que tenga que presentar. Es que a lo largo de una carrera que se extiende ya cuatro décadas, la actriz de 51 años ha hecho de todo: clásicos del cine, películas mediocres, algunas inmerecidamente olvidadas y otras decididamente olvidables. Pero ella, con la grandeza de una profesional, le hace frente a todo y se pone “la camiseta” de la película que le toque presentar como si todas fueran Blue, de Kieslowski. Y no, no todas lo son…

En los últimos doce meses, en dos grandes festivales como Cannes y Berlín, la actriz de La insoportable levedad del ser presentó dos películas que protagonizó, con la particularidad de que una está entre sus mejores y la otra –por decirlo suavemente– está muy lejos de serlo. La primera, que se estrenó en abril en la Argentina, es El otro lado del éxito, la nueva película del notable director francés Olivier Assayas (Irma Vep, Los destinos sentimentales), en la que comparte cartel nada menos que con la ex vampiresa Kristen Stewart. La otra se llama Nadie quiere la noche y es lo nuevo de la realizadora española Isabel Coixet (La vida secreta de las palabras), que en algún tiempo ya lejano supo ser una realizadora promisoria. Bueno, ya no lo es…

Para la actriz parisina, un soldado de la profesión, trabajo es trabajo, sea Godzilla o Cosmópolis, de David Cronenberg; filmes de Abbas Kiarostami (Copia certificada), Leos Carax (Los amantes de Pont-Neuf) o Michael Haneke (Caché); una comedia con Steve Carrell o su papel en El paciente inglés que le permitió obtener el Oscar a la mejor actriz de reparto. Intérprete internacional si las hay, hace películas donde la llaman y no tiene problemas en pasar del francés al inglés, de la acción al drama, de la comedia a un filme de época como el reciente Camille Claudel 1915. A veces, claro, se equivoca. Pero, ¿quién no lo hace?

Binoche –que estuvo varios años en pareja con el guionista y realizador argentino radicado en Francia, Santiago Amigorena– habló en el Festival Cannes de su nuevo trabajo para Assayas, quien ya la dirigió en Las horas del verano, seis años y doce películas atrás. En el filme, interpreta a una actriz mundialmente famosa que se prepara para actuar en una obra de teatro que ya hizo muchos años atrás (en cine) pero esta vez en el rol de la mujer mayor y no en el de la más joven, lo cual le trae, imaginablemente, a colación el tema de la edad y de los sueños y deseos no cumplidos, además de otras potenciales complicaciones específicas, como conocer quien será la actriz que ahora tendrá a su cargo el rol que ella hizo famoso décadas atrás, encarnada por Chloë Grace-Moretz, la chica de la saga Kick-Ass.

-Tu personaje, al menos exteriormente, se parece mucho a vos: una celebridad internacional, una actriz famosa de mediana edad. ¿Fue más fácil interpretarla que a personajes que tienen vidas muy diferentes?
-Me encantó porque me permitió la posibilidad de hacerlo en una etapa de mi vida en la que ya tengo un punto de vista formado acerca de mi trabajo y puedo reírme de él y a la vez creo que lo entiendo mucho mejor que cuando era más joven. El pianista Glenn Gould no tocaba igual de grande que de joven. Algo te pasa adentro, sos más consciente de ciertas cosas, la vida te va transformando y cambiás. Me interesaba mostrar también todo lo que implica emocionalmente el trabajo de un actor, las emociones con las que uno tiene que lidiar aunque no lo desee porque son necesarias para un papel determinado.

-Lo interesante es que la película habla mucho del proceso de actuación y los diálogos de la obra que ensayan muchas veces se mezclan con los de la película de una manera de fluida. Pero también habla de otro aspecto casi opuesto a ése que es el mundo de la fama y de las celebridades. ¿Cómo te llevás con toda esa parte de tu trabajo?
-Creo que hay que hacer una distinción entre estrellas y celebridades. Lo que llaman “celebridad” es una personalidad que quiere ser vista y hace lo que sea necesario para lograrlo. El estrellato, las estrellas, es otra cosa, algo que tiene que ver con la luz, con algo que la persona proyecta que es mágico, que va más allá de toda comprensión. Creo que es importante la diferencia. Con el mundo de la fama tengo sentimientos encontrados. Por un lado, tengo que salir a la luz a dar a conocer las películas en las que participo, pero por otro lado no quiero hacerlo. Me apasiona mi trabajo cuando lo estoy haciendo pero hacer publicidad de las películas no es fácil. Tiene sus reglas y sus complicaciones. Es muy extraño.

La fama y sus arrabales
En la película también trabaja Kristen Stewart, demostrando estar a la altura de la exigencia en un filme que básicamente la tiene cabeza a cabeza con Binoche a lo largo de casi todo su metraje. Allí la chica Crepúsculo encarna a su eficiente asistente personal, que la sigue a todos lados como una sombra, y con la que habla, ensaya y revela sus más personales temores.

– Trabajaste con Kristen Stewart que, tras el éxito de la saga Crepúsculo seguramente vive con mucha intensidad todo este costado de atención constante de cierta prensa, si bien en la película el personaje que tiene ese costado celebrity es el de Chloë. ¿Hablaron con ella de esos temas mientras filmaban?
-Con Kristen hablamos de todo, pasamos mucho tiempo juntas. Tanto haciendo las escenas como en el rodaje. Ella cuenta las cosas que quiere contar sin problemas aunque yo nunca la empuje a contarme nada que fuera demasiado íntimo o personal. Ella es muy natural en ese sentido.

-Es otro tipo de relación con la actuación y la fama que en tu época, especialmente por causa de internet, las redes sociales, etc. ¿Creés que ahora es más difícil que entonces?
-Depende cómo veas las cosas. En cierto sentido, a causa de las redes sociales y de internet, las cosas se han vuelto más grandes. Tenés que protegerte más y tratar de evitar ciertas cosas, mantenerte saludable. Por eso creo que siempre lo más importante es enfocarte en el trabajo que es algo que podés controlar mejor. Te olvidás de vos mismo y sos parte de algo que es más grande que vos pero sin dejar de usar tus experiencias, tu alma, tu vida. El resto es un poco incontrolable. Bastante, a decir verdad.

-El personaje habla de cómo cambió su vida en todos estos años trabajando. Pensando que fuiste, en cierto modo, descubierta en Cannes hace casi 30 años con una película como Apasionados, de André Techine –en la que casualmente Assayas era coguionista–, ¿cómo recordás esa etapa y lo que significa Cannes en tu carrera?
-Lugares como Cannes pueden lanzar tu carrera. No pienso muy seguido en eso porque trato de pensar en el presente, trato de tener los pies en la tierra y a la vez pensar para adelante, evolucionar, conocer gente nueva. No tiendo a pensar tanto en el pasado, pero obvio que Cannes trae grandes recuerdos para mí. Vine muchas veces aquí.

-Es tu segunda vez trabajando con Assayas como director. ¿Cómo es trabajar con él? ¿Qué tiene de especial o diferente a otros grandes directores con los que has trabajado?
-Creo que Olivier tiene mucha confianza en los actores, en lo que ellos puedan aportar a sus roles y a la película. Casi no hubo ensayos, nos metimos de lleno en las escenas sin red alguna, haciendo varias tomas de las escenas completas. Es una forma muy especial de filmar en la que la cámara te sigue y te da mucha libertad para crear y hacer lo mejor posible, no te ata a pararte acá o allá. Son tomas largas y complejas, pero es una persona relajada y la sensación en el set nunca es de tensión. Nos conocemos hace 30 años, además, y eso ayuda (risas).

-La película habla de un tema central en Hollywood que es la falta de roles para las mujeres de más de 40 años. ¿Cómo convivís con ese problema?
-En Hollywood, y en muchos otros lugares también, quieren siempre lo nuevo, lo nuevo. Por un lado, es entendible porque la repetición es aburrida y es importante encontrar cosas nuevas. Pero tiene sus dificultades. De todos modos yo no pienso en mi carrera en torno al futuro, pienso en hacer bien mi trabajo y confío que algo bueno va a pasar.

-¿Es una ventaja o desventaja interpretar a una actriz en la película?
-Lo bueno es que sé lo que es y no tuve que ir tres meses a algún lugar a investigar, pero a la vez tenés que crear un personaje que no sos vos pero que se parece a vos. Ella es más temperamental y se enoja más fácil que yo, lo cual fue difícil de interpretar. Yo tampoco tengo asistentes que trabajan de la manera que lo hacen con ella. En eso me ayudó Kristen que tiene más experiencia con paparazzi y esas cosas. Me pasó unos tips muy buenos… Cuando filmé con Kiarostami él me decía que yo soy el personaje todas las veces en todas las películas que hago, que nunca lo somos y siempre lo somos, que es un proceso de transformación que se da gracias a la magia de la actuación, algo que te conecta con lo que está escrito en el guión pero también a lo que sentís. Es mucho trabajo. Uno lo que busca, en definitiva, es encontrar una verdad, ese puente entre uno y el guión.

Hace poco hiciste Godzilla, una experiencia totalmente distinta. ¿Cómo fue esa experiencia?
– La hice para complacer a mi hijo, él estaba feliz (risas). Es cierto, pero también debo decir que la experiencia fue muy buena y que Gareth Edwards es un director muy talentoso que sabe muy bien lo que quiere. Lo adoré.

Nadie quiere la noche
Meses después de su paso por Cannes, Binoche se presentó en el Festival de Berlín en febrero con Nadie quiere la noche, que fue la gala de apertura del evento y que no tuvo la misma recepción crítica que la de Assayas en su momento. Allí, la actriz encarna a un personaje real, Josephine Peary, la esposa del explorador estadounidense Robert A. Peary, cuya misión al Polo Norte en 1908 fue considerada –erróneamente, se supo después– como la primera en llegar al lugar geográfico preciso.

Josephine, una mujer de la alta sociedad de Washington, decidió ir a buscar a su marido allí y el filme cuenta su viaje a la gélida zona, las dificultades de su recorrido y el encuentro con una mujer innuit (interpretada por la actriz japonesa Rinko Kikuchi, la de Babel) que le haría cambiar, de a poco, su manera de ver el mundo.

-Si algo transmite la película es la sensación de frío de esos lugares. ¿Cómo lograron filmar en esas condiciones?
-Gracias a la magia del cine (risas). No, en realidad todas las escenas de interiores y algunas de exteriores fueron armadas en un estudio en Tenerife en el que encima hacía un calor tremendo. Estuvimos filmando exteriores solo diez días en Noruega. El resto es magia, je. Todo verdad y todo mentira a la vez.

-¿Investigaste en la vida real de Josephine Peary?
-Leí sus libros pero es importante tomar en cuenta que la película está inspirada en su historia, que no la sigue fielmente. Era una mujer educada y un tanto snob que fue a Alaska y conoció allí a esta mujer que le hizo ver la vida de otra manera. Es como un western: la persona blanca y educada que viaja a una zona supuestamente salvaje y que descubre allí una nueva forma de vivir, de comportarse y de sentir que la humanizan. Mi imagen de ella era la de un pavo real que a lo largo del filme se transforma en un perro, con los pies en la tierra, que se convierte en un ser humano. Muchos creemos que lo sabemos todo desde nuestro lugarcito en el mundo, pero no siempre es así. Ella tiene que perder su orgullo para poder ser una persona más verdadera. Como dice el título de la película: nadie quiere la noche, es un lugar oscuro, pero hay que atravesarlo con todas las emociones que implica –enojo, celos, odio, dolor– para convertirse en una persona más completa.

En breve veremos a Binoche en Los 33, la en apariencia muy curiosa adaptación al cine de la lucha por la supervivencia de los mineros chilenos que quedaron atrapados dentro de una mina durante 70 días en 2010, teniendo al mundo en vilo por su supervivencia. Binoche integra un cast multinacional que incluye a Antonio Banderas, Gabriel Byrne y Rodrigo Santoro, entre otros, en una película… hablada en inglés. “Son historias terribles las de esos hombres y mujeres, lastimados, que estuvieron solos y desprotegidos, pero es una historia que debía contarse», dijo allí la actriz que en la película interpreta a María Segovia, hermana de uno de los mineros atrapados. «Primero dudé en hacerlo. Dije: ‘¿Cómo voy a hacer de una chilena?’. Pero cuando conocí a María Segovia, nos miramos y era como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. Fue una experiencia increíble que me emocionó mucho y que nunca olvidaré”.

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