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Viajero Bacanal

Viaje a lo desconocido

Basta de elegir siempre los mismos destinos. Te recomendamos cinco playas increíbles de las que pronto se estará hablando.

Existen varios modos de elegir un destino de vacaciones. Por recomendación de amigos, por las típicas guías de viaje, incluso por haber estado ya alguna vez en ese lugar y tener ganas de volver. Pero este tipo de decisiones implica una repetición: ir adonde ya alguien fue. Así, ciertos lugares entran en el circuito oficial de los viajes, se convierten en figuras repetidas, mientras que otros destinos, a veces más bellos, más económicos, más paradisíacos, quedan relegados. Y las vacaciones, más que una decisión personal, pasan a ser una gran migración, manadas completas de trabajadores que buscan el agua para sobrevivir en la jungla de la actualidad. Una imagen muy poco feliz. Este año no seas parte de esa manada. Rompé con la inercia de lo fácil y conocido, y arriesgate a estas recomendaciones. Lugares de los que todavía seguramente no oíste hablar pero a los cuales, en apenas un par de años, todos estarán deseando ir.

 Colombia: Taganga

Cada vez más argentinos van a Colombia, en su mayoría hacia tres destinos: Bogotá, San Andrés y Cartagena. Pero este país tiene más para elegir. Por ejemplo, un encantador pueblo de pescadores cerca de Santa Marta, sobre el Caribe. El pueblo se llama Taganga y está ubicado en una bahía en forma de herradura, ideal para bucear (o para no hacer nada de nada). Con una temperatura promedio de 28 grados todo el año, “colonizado” primero por el turismo joven y gasolero, hoy tiene cada vez más hotelitos boutique que ya atraen a un viajero con más pretensiones. Taganga es, además de un precioso lugar adornado por barquitos de pesca, la puerta de entrada al Parque Nacional Tayrona. También es el gran centro de buceo de esta parte de Colombia. A pesar de que el pueblo es pequeño, las escuelas y los lugares de alquiler de equipo abundan, como el Poseidon Dive Center, que da clases para todos los niveles. Para dormir frente a la playa, quizá lo más recomendable sea el Hotel Ballena Azul. Para probar buen pescado con arroz de coco, típico del lugar, hay que pasar por el restaurante Bahía Taganga. Y para escuchar buena cumbia, bien vale cualquier espacio; basta con que sea domingo.

Cómo llegar: desde Buenos Aires se puede volar a Santa Marta. Desde ahí, un micro a Taganga demora apenas 15 minutos. Si se está en Cartagena, el viaje en micro hasta Santa Marta lleva algo más de cuatro horas.

Puerto rico: Vieques

Para alejarse de todo, nada como viajar a una isla del Caribe y, desde allí… ¡saltar a otra isla mucho más pequeña! Ese es el plan: volar a San Juan de Puerto Rico y, luego, tomar otro avión pequeño de una aerolínea local, y en 30 minutos aterrizar en esta isla 10 kilómetros al sudeste de la “isla grande”. Esta extensión de tierra de 33 kilómetros de largo por 7 de ancho tiene una historia muy especial: en la segunda mitad del siglo XX fue campo de pruebas para la marina estadounidense, que se retiró finalmente, después de fuertes prowwwas de los locales, en 2003. Desde entonces, buena parte de la isla es un parque nacional protegido. Y, paradójicamente, aquella presencia militar estadounidense que la preservó de todo desarrollo turístico, hoy es su gran argumento de venta como isla casi virgen, sin los mega resorts típicos del Caribe. Además de cuarenta playas impecables, otra curiosidad de Vieques es que combina tanto restos de fuertes coloniales como ex bunkers militares yankees. Pero, sin duda, su gran atractivo turístico es la bahía bioluminiscente de Mosquito (donde millones de microorganismos brillan cuando el agua se mueve), que de noche genera uno de los más raros y fantásticos shows naturales que se puedan ver en el mundo. Dato cool: Vieques tiene un W, la marca con onda, modernosa y chill out del gigante hotelero Starwood. Dato cool II: un búnker de la base militar en Green Beach se transformó en la disco Club Tumby, donde en lugar de pruebas de misiles hoy atronan el merengue y el reggaeton.

Cómo llegar: desde Buenos Aires, hay que volar a San Juan de Puerto Rico (normalmente, vía Miami; recordar que se necesita visa norteamericana). Desde San Juan, varias aerolíneas locales ofrecen vuelos de media hora a Vieques.

México: Punta Mita

Las cosas están así: los argentinos que viajan a México van al Caribe, sobre todo a Cancún. Y la minoría que elige el Pacífico se inclina por Los Cabos, el extremo Sur, popular entre los mieleros, de la península de Baja California. En cambio, el estado de Nayarit, en la costa oeste mexicana, probablemente no resulte muy familiar para el viajero de esta parte del mundo, pero seguro, no lo duden, merece más atención. Una buena introducción es Punta Mita, una península con casi diez kilómetros de playa vírgenes entre el mar turquesa y las colinas verdes que de algún modo la aislan. A unos 40 minutos desde el Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta, las arenas de Coral del Risco y El Anclote concentran la hotelería más lujosa (incluido el primer resort St. Regis en América Latina), para una clientela que suele buscar sus dos campos de golf: Punta Mita Pacífico y Punta Mita Bahía, ambos con la firma-garantía de Jack Nicklaus, para jugar con espectaculares vistas al Pacífico (de diciembre a abril hasta se pueden avistar ballenas). Para espíritus más jóvenes, la clave es alojarse a distancia prudencial de los resorts, en la vecina villa de Sayulita, típico pueblito costero mexicano que en realidad no es tan típico desde que fue tomado por los surfers. Para parejas en plan escondámonos-del resto-del-mundo, reservar una suite en Casa Esperanza. Para ver otra gente y bastante ruido, ir a comer a Don Pedro’s.

Cómo llegar: desde Buenos Aires, volar a DF y conectar a Puerto Vallarta. Allí, alquilar un auto (ideal para explorar a gusto la extensa Riviera Nayarit) o tomar alguno de los varios servicios shuttle que en poco más de media hora llegan a Punta Mita.

Ecuador: Montañita

Otro país que en los dos últimos años recibió más y más argentinos gracias a fuertes promociones para conocer las islas Galápagos. Sin embargo, Ecuador ofrece muchas más opciones turísticas interesantes y con una característica especial: la diversidad de paisajes separados por distancias muy cortas. Esto incluye sitios únicos como Montañita, un pueblito sobre la costa de la provincia de Santa Elena. Por la Ruta del Sol, a unos 200 kilómetros de Guayaquil, Montañita se ubica entre mar y cerros de abundante vegetación, y seduce a los fans de las tablas con olas de hasta seis metros.

Casitas de madera caña y paja, bares bohemios y cerveceros, artesanos, neohippies y mucha parsimonia son otras señas particulares de un lugar para conocer ya, antes de que termine de explotar turísticamente. Para aquellos con inclinaciones sociológicas, Montañita guarda un atractivo extra: una comunidad que se administra de forma autónoma a manera de cooperativa, con cierta independencia del gobierno central y con algo de utopía joven sesentista.

Cómo llegar: desde Buenos Aires, Lan vuela todos los días a Quito, donde hay que conectar a Guayaquil. Desde esta última ciudad, el viaje en auto hasta Montañita es de algo más de dos horas.

Cuba: Cayos de Villa Clara

En su fuerte apuesta al negocio turístico, Cuba no sólo potencia sus destinos ya instalados sino también los “nuevos” lugares. Entre estos últimos, la gran sorpresa, que no es nueva sino que siempre estuvo allí sin ser explotada, es la provincia de Villa Clara y sus cayos, un puñado de islotes que debería ganar pronto protagonismo en el mapa turístico cubano. Son más de 17 kilómetros de playas 300 kilómetros al este de La Habana. Con el encanto especial que les da el hecho de que se llega atravesando un terraplén sobre el mar de 48 kilómetros, una obra de ingeniería premiada internacionalmente. Las características del agua y la arena semejan las de Varadero. Lo distinto, claro, es la ausencia de tantos mega resorts llenos de familias bailando salsa junto a las piletas. Cayos como Santa María (el mayor, “La Rosa Blanca de los Jardines del Rey”), Las Brujas y Ensenachos (el más chico), forman parte del área declarada Reserva de la Biósfera por la Unesco, con abundante fauna endémica protegida. Y aunque no les faltan sus buenos hoteles de cadena española, mantienen una calma particular. Sin el condimento histórico de las ciudades importantes, este polo turístico contrarresta el aspecto cultural con La Estrella, recreación de un pueblo colonial del interior de la isla, pero nuevo y exclusivamente turístico y comercial. El resultado de la estrategia es discutible, pero la belleza virgen de los cayos no admite debate. Un dato: a 110 kilómetros de estos cayos, en la ciudad de Santa Clara, se puede visitar el mausoleo del Che Guevara, entre otros sitios relevantes vinculados con la Revolución.

Cómo llegar: de La Habana hacer 300 km por tierra hacia el pueblo de Caibarién, de donde sale el terraplén hacia los islotes. Llegan también vuelos internacionales al aeropuerto de Santa Clara (a una hora de los cayos). Y pequeños aviones aterrizan en el miniaeropuerto del cayo Las Brujas.