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Tecno

Viaje a las Startups

Hablamos con Esteban Brenman y Gastón Silberman, dos emprendedores argentinos con un startup en Silicon Valley, para entender este mundo por dentro. 

Por Esteban Ulrich

Con la aparición de Internet a finales de los años noventa y la explosión de su burbuja financiera -un período en el que miles de empresas se fundaban y fundían en un abrir y cerrar de ojos- comenzó a conformarse un nuevo perfil de empresario, un emprendedor distinto de aquel al que estábamos acostumbrados. De esos años provienen marcas que devinieron multimillonarias (Amazon, Ebay, Google y nuestro vernáculo Mercado Libre, entre otras), a las que se sumaron las redes sociales como Facebook y Twitter. Pues bien: todas ellas -y cientos de miles más, muchas exitosas, la mayoría no- nacieron como startups, un término que define a una generación mucho mejor que la letra X o Y. Para entender esto, vale la pena repasar los cambios sutiles pero profundos que se han producido en estos pocos años. Si quince años atrás películas como Matrix o EXistenZ hablaban aún, a grandes rasgos, de la dominación del mass media y la paranoia made in el imaginario Orwell/McLuhan, hoy filmes como Ex Machina, I Robot, Her, Chappie o Big Hero 6 retoman al de Isaac Asimov y sus Leyes de la robótica para hablar de nuestra relación con la innovación tecnológica en la era de Siri. En este sentido, el problema planteado por la singularidad (término que refiere a grosso modo al día Terminator, cuando la tecnología cobra una suerte de conciencia de sí misma) deja de lado la idea de una mano negra que domina el destino de la humanidad, para asumir que vivimos en un accidente producido por nuestra propia creatividad. Y emprender trata de eso: de cambiar el mundo como lo conocemos. Convertir aquello que nos rodea en lo que imaginamos.

Emprender es sostener”, dice Esteban Brenman. Esteban es un prototipo de un emprendedor. Argentino, en los 90, fundó Decidir.com, una plataforma financiera que luego vendió por algunos millones; luego fue parte del grupo que creó Guía Oleo. Es, además, integrante del Partido de la Red, donde también participa Gastón Silberman, responsable a su vez del reconocido Proyecto Cartele. Y juntos, están ahora en pleno parto de un nuevo startup, al que llaman Tril, una red social de recomendaciones personalizadas que arrancará abordando el mundo de la música, el cine, las series y los restaurantes.

De qué hablamos cuando hablamos de startups
“Definir un startup no es tan fácil. Sucede lo mismo con el término emprendedor. ¿Qué es en relación a empresario o a comerciante?”, se pregunta Esteban. “Hay mucho de moda. Pero para ponernos de acuerdo diría que un startup es un proyecto que arranca con pocos recursos, con una inversión inicial reducida, que no cuenta con mucho tiempo para que funcione y que está vinculado con lo que son la tecnología y los nuevos medios”. Gastón agrega: “Una característica propia de un startup es que está en un nicho de altísimo riesgo. Son muchos los que se proponen, son muy pocos los que llegan a establecerse. Hace poco, en Estados Unidos, mientras buscábamos inversores para Tril, un empresario nos hizo un gráfico en donde explicaba que los deals y las inversiones que se hacen están estructurados en etapas. La primera parte es el capital semilla (seed); después, cada vez que una compañía recibe más plata -sea porque la necesita o porque está creciendo lo suficientemente bien como para que la gente quiera seguir invirtiendo- se hacen rondas de inversión que se llaman series A, B, C, y así sucesivamente. Lo que pasa es que hoy, para el capital semilla, habrá globalmente unos dos mil millones de dólares, que se reparten entre todos los que hacen startups. Luego, para las series A, B, C, etc, tenés de pronto tres mil millones. Es decir, no varía tanto el monto que se reparte entre los proyectos, pero sí la cantidad de compañías que pueden acceder a esos montos, porque muchas van quedando en el camino. Entonces, cuanto más lejos llegás en la serie, comenzás a ver dinero en serio.

¿Cuándo nace un startup? ¿Es cuando aparece esa idea genial, ese eureka que tuvimos mientras nos bañábamos y con la que pensamos cambiar el mundo, o realmente nace recién cuando con esa idea se pudo obtener una inversión? Para Esteban, más allá de que la idea es necesaria, recién se puede hablar de un startup “cuando hay un equipo y se empezó a trabajar. Aunque muchos startsups pueden ser proyectos personales, hasta que uno no lo comparte con alguien y se ponen a trabajar, hasta que no se logran juntar un par de voluntades, no hay nada real”. Para Gastón es importante la naturaleza innovadora que alimenta al proyecto: “Un startup apunta a hacer algo que tiene pocos precedentes, por lo que también estás estartapeando un nicho. Por eso, abrir un kiosco o un bar no son startups. Y a esto se suma la incertidumbre: la mayoría de los startups no terminan haciendo lo que habían pensado en un principio”…

Quitando el velo romántico
Más allá del glamour hipster de todo el asunto, el enorme número de startups que quedan en el camino evidencia claramente el gasto físico, mental y emocional que implica crear un nuevo mercado. Se necesita solidez mental, contactos adecuados y un optimismo que raya en la locura. “Yo
lo llamo inconsciencia”, admite Gastón. No planifico lo que va a pasar, voy y hago, y me gusta que la sorpresa me agarre andando. Cuando empecé Proyecto Cartele, no imaginé vender tanta cantidad de libros. Le puse mucha garra, hice muchas cosas, pero nunca esperé que pasaran esas cosas. Imaginá que lográs levantar, de veinte inversores distintos, un millón de dólares. Si lo pensás diez minutos, te paralizás”. Pero Esteban y Gastón no se paralizan. “Lo entiendo como uno de esos mecenazgos del renacimiento”, dice Esteban. “Siento que con Tril somos dos artistas a los que nos pagan para ver qué cosa linda podemos hacer… Pensarlo así me relaja. Nadie puso la plata acá sólo para duplicarla, para eso la hubiesen invertido en un edificio. Acá te dicen ‘tomá y haceme millonario, pibe’ (risas). Ok, responde uno, pero si querés que te haga millonario con 50 lucas hay que tirar algunos pases de magia y eso puede salir mal. ¿Está claro? Sí, está claro. Entonces, conociendo y aceptando ese riesgo, es hora de divertirse”.

Silicon Valley es el epicentro formal e intelectual de la cultura startup, un lugar que tanto Gastón como Esteban han visitado para promover Tril. En comparación, en Argentina, parece como si nos encontráramos en el lado oscuro de la luna. No tanto desde el punto de vista del poder económico, como del de toda una idiosincracia. Según Esteban, en EE.UU. el empresario es el modelo a seguir, mientras que en Argentina, en general, es percibido como un corrupto que hizo su fortuna a expensas de negocios turbios con el Estado. “Y a ese prejuicio no le falta verdad. Recién ahora está apareciendo una nueva generación, con Marcos Galperín a la cabeza, por ejemplo, que no hizo ningún negocio con el Estado y en tres años más, con Mercado Libre, va a tener una compañía casi tan valiosa como YPF”.

It’s the money, stupid
También está el problema de monetizar lo que se hace. S
obre todo en la Argentina, donde la mayoría de los posibles inversores lo primero que pregunta es “ok, todo muy bonito, pero ¿cómo hacemos plata? Por eso, dicen lanzaron Tril en Estados Unidos en lugar de hacerlo acá. “En algunas reuniones con inversores argentinos, me hice un poco el canchero y cuando me preguntaron por el modelo de negocio, les dije que no estaba buscando inversores que me preguntaran por el modelo de negocio. Que si me preguntaban por eso, ellos no eran los inversores que yo buscaba. A un par les encantó que les dijera eso, otros se ofendieron un poco”. Pero los números les da la razón: en startups no siempre se debe traducir todo directamente a dólares. Hoy Twitter vale 24.000 millones, y está posicionando su plataforma de Ads, mientras que Whatsapp todavía no desarrolló nada en ese sentido. “Pero imaginemos que Whatsapp pone una plataforma de transferencia de dinero a través de su sistema, o sea, que en vez de Paypal, mandes plata por Whatsapp… Hacé los números…. Nacimos con la idea de que todo tiene que monetizarse, pero la tecnología hoy desafía esa idea. Si algo le interesa a cien millones de personas, más allá de que venda algo, ¿acaso no tiene valor? Wikipedia, por ejemplo, ¿no debería, simplemente por lo que representa y la utilidad que ha demostrado tener, poder acceder a todo el capital que necesite?”, pregunta Gastón.

El startup sigue y crea así su propio camino, lo que también lo obliga a adaptarse continuamente. Desde la resistencia que genera Uber hasta la crisis en el periodismo formal, el estado de crisis constante es la materia prima donde se alimenta y crece. Cuando surge la cuestión sobre cuál es el secreto del éxito para un emprendedor, Esteban saca a relucir una sonrisa y lo resume en esta pequeña historia: “En una gran cena entre los distintos animales de la selva, hay un periodista que les pregunta ¿cuál es el secreto del éxito? El elefante enseguida dice que el secreto es ser grande, bien grande, para llevarse el mundo por delante. No, dice el ratón, el secreto es ser chiquito porque te podés meter por todos lados. No, hay que tener el cuello largo dice la jirafa, así llegás a las hojas más altas y más verdes. El león asegura que el secreto es ser el más fuerte mientras que el chita dice que la clave es ser el más rápido!”. Moraleja: en un mundo en plena construcción, hay tantos secretos como animales hambrientos dando vuelta.

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