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Viajando por Ahí: la historia de una nómada del mundo

Aniko Villalba empezó a viajar en el 2008 y desde ahí no paró. Cuenta sus experiencias en un blog personal y en el libro de su propia autoría “Días de Viaje”. Amante de la escritura, de la fotografía y de la gente, esta joven argentina es una fuente de inspiración para todo el que quiera descubrir la magia de viajar por el mundo.

“Viajando descubrí que la realidad está llena de magia y que los viajes parecen fragmentos salidos de algún sueño, porque el mundo en sí es un lugar asombroso”

Son millones los que sueñan con terminar de estudiar y viajar por el mundo. El siglo XXI brinda tantas posibilidades que casi no hay trabas físicas para cumplir esa fantasía… solo hay que dar el primer paso. ¡Y ese es el filtro mayor! La comodidad, el miedo y la incertidumbre terminan por derrumbar ese sueño que invadió tantos días y tantas noches.

Pero Aniko Villalba sobrepasó todas esas barreras porque por encima de ellas había una motivación mucho más fuerte: la curiosidad. Terminó la carrera de Comunicación Social en el 2008 con 22 años, y cuando sintió que ya no tenía más obligaciones sociales que cumplir el Buenos Aires, se compró un pasaje y se fue de viaje sola por ahí. No quería reducir el concepto de viajar a esos 15 días de vacaciones al año, a ese descanso efímero del trabajo. Algo adentro le decía que debía vivir viajando y trabajar de eso. Aprovechar esos 365 días para conocer el mundo, personas de otras geografías, nuevas culturas, comidas, pensamientos y estilos de vida. Y así fue como armó su mochila, preparó el cuaderno, la lapicera, la cámara de fotos y abrió bien los ojos para escribir sobre cada nueva experiencia.

“Al vivir viajando cada uno de mis días empezó a ser distinto al anterior. Mi rutina pasó a ser la falta de rutina: nunca sabía en casa de quién iba a dormir, qué paisaje iba a conocer, qué comida iba a probar, qué persona iba a encontrarme, qué situación iba a ocurrir. A partir de ese momento, mi calendario dejó de estar marcado por etiquetas como ‘lunes’, ‘sábado’ o ‘agosto’ y pasó a estar conformado por nombres de países, de historias y de personas.”

PRIMERA FOTO

Su primer destino fue América Latina. Tomó un bus de Buenos Aires a Bolivia sin saber que ese día estaba empezando a construir una forma de vida única. Que ese primer viaje, sola y en contra de un mar de críticas y cuestionamientos sociales, marcaba el inicio de una vida de nómada, escritora y fotógrafa: de una habitante del mundo.

¿Por qué escritora? Porque, sin darse cuenta, la escritura era la única actividad constante en su vida. “Vivía a través de las palabras, me construía a través de las palabras y sufría a través de las palabras“. Pero ella seguía buscando su vocación en otros lugares, sin darse cuenta de que la tenía en frente de sus ojos cada vez que lloraba, se enojaba o sonreía. Para Aniko viajar era ir en busca de la bondad del ser humano, salir a encontrarse con la gente que habitaba el mundo y conectar con personas de otras culturas. Quería humanizar la escritura, escribir desde la primera persona y desde todo lo que ella podía ver, tocar, probar, sentir…

“Viajar es aprender a ver más allá de la escenografía, es vivir como un local pero observar como un extraño, sin perder el asombro hacia las cosas nuevas y distintas”

La plata no es una limitación para viajar, por más de que la mayoría la vea como el principal obstáculo. Aniko hace viajes muy largos y de bajo presupuesto; se aloja en casas de familia, come en puestos callejeros y vende fotopostales con imágenes tomadas por ella. Se maneja caminando porque cree que esa es la mejor manera de conocer un lugar; perdiéndose en sus callecitas y sus historias. Como dice, “viajar es perderse por el mundo”.

Desde el momento en que puso el pie en ese bondi, Aniko Villalba conoció más de 30 países. Algunos los visitó una sola vez, otros muchas más, pero cada ocasión fue diferente porque la experiencia de viajar depende del momento emocional que estemos atravesando. Fue dejando “pedacitos de su alma” por cada uno de esos paisajes, en cada una de esas personas con las que conectó desde lo más profundo y que quizás jamás volvió a ver. Y todas esas vivencias que plasmó por escrito fueron el empujoncito para abrir su blog; “Viajando por ahí”. En ese espacio propio, la joven escritora y viajera publica sus textos y fotografías. Lo único que necesita es un lugarcito con Internet, su computadora, sus cuadernos y activar sus cinco sentidos.

“Al viajar, cada cual carga con sus pequeñas rutinas y su forma de ser: así como no hay dos personas iguales, tampoco hay dos viajeros iguales”

Y 5 años después, luego de haber pasado más de 1500 días viajando y de haber vivido infinitas historias, Aniko juntó su abultado material, seleccionó lo que más le gustaba y escribió un libro. “Días de viaje” cobró forma el 14 de julio de 2013. En él se relatan algunas de esas miles de experiencias que le regalaron los países que la recibieron y la alojaron con alegría, casi como a una más. Es mucho más que un libro de historias; es un material de inspiración para todo aquel que quiera viajar pero siga vacilando en el cual, además de contar acerca de sus viajes, comparte lo que aprendió y brinda consejos para los futuros viajeros.

Aniko Villalba sigue viajando, y cada tanto vuelve a Buenos Aires, esa ciudad de la que, por alguna extraña razón, no se puede terminar de separar. Postea notas nuevas y fotografías impactantes en su blog, en su cuenta de Instagram y en Twitter. Tiene además un segundo blog donde se muestra como escritora “escriviviente”, más allá de su vida como viajera. El libro, “Días de Viaje” puede conseguirse en su tienda online, donde además vende fotopostales, señaladores y calendarios. ¡Notición! Ya se encuentra editando una segunda obra de su propia autoría.

Ojalá mis días nunca estén regidos por un almanaque. Que mi sábado sea tu lunes, que mi domingo sea tu viernes. Que mi trabajo sea todos los días, sin importar la hora, que sea a las tres de la mañana, que sea cuando tenga inspiración. Que mi descanso sea constante (sin que implique vagancia), que mi mente no sea prisionera del caos, que mi cuerpo no sufra el estrés de la rutina. Que cada día sea distinto al anterior, sin importar si es lunes, jueves o sábado. Que cada día haga lo que sienta y no lo que me impone una costumbre social absurda. Que cada día me levante con optimismo y curiosidad, que cada noche (o tarde, o madrugada) me duerma con sabiduría y alegría. Que mis días estén llenos de música, de arte, de escritura. Que ningún día se parezca al anterior. Que cada nuevo día signifique veinticuatro horas más de aprendizaje y de vivencias, y no veinticuatro horas menos de vida.

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