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Territorios

¿Verdadero o falso?

Los escépticos del cambio climático van perdiendo la partida pero, en un punto, sus teorías siguen calentando la polémica.

Por Denise Destefano

Tan acostumbrados estamos a echarle la culpa de casi todo al cambio climático que a muchos de nosotros no se nos ocurrió cuestionar su mera existencia. Sí, últimamente se están produciendo más inundaciones, tsunamis y otros desastres naturales. Sí, las temperaturas son más extremas, las tormentas más fuertes y las lluvias más frecuentes. ¿Pero se debe todo esto al calentamiento global? ¿O es parte de los cambios que siempre se vivieron en la Tierra? ¿Existe la posibilidad de que el Planeta en realidad se esté enfriando?

“Es una cuestión de geopolítica. No tiene nada que ver la ciencia”, lo resume Eduardo Ferreyra, presidente de la Fundación Argentina de Ecología Científica. “Hay un grupo geopolítico que viene promoviendo la catástrofe climática para imponer en tratados internacionales reducir las emisiones de dióxido de carbono disminuyendo el consumo de los combustibles mal llamados fósiles y subir impuestos a la generación de electricidad o de energía en todas partes del mundo”, explica.

Hay varias teorías que se levantan en contra de la creencia dominante. Una de ellas indica que la tierra en realidad no se está calentando sino enfriando. Según explica el documental The Great Global Warming Swindle (“La gran estafa del calentamiento global”), la temperatura no se mantuvo constante en la historia del Planeta y la mayoría de los aumentos se dieron antes de 1940. La película cita como ejemplos lo que se llamó el Período Cálido Medieval, que duró desde el siglo V hasta el siglo XIV en la región del Atlántico Norte, en el que se dice que desapareció el hielo en Groenlandia y tierras periféricas del norte canadiense, con un aumento de la temperatura superficial del mar de hasta 10 grados. En ese momento, según esta teoría, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era baja comparada con la de hoy. Este lapso fue seguido por la Pequeña Era del Hielo, un período frío entre principios del siglo XIV y mediados del siglo XIX, en el que la temperatura del hemisferio norte bajó 1 grado centígrado.

Luego de 1940, sigue narrando el documental, es decir: con el boom económico de la posguerra y el aumento masivo de la producción y, por lo tanto de las emisiones, la temperatura debería haber aumentado ?en el caso de que el incremento del dióxido de carbono tuviera ese efecto, como se suele decir?, pero en realidad bajó durante cuatro décadas. Y volvió a subir en oportunidad de la recesión económica mundial, en los ´70. Este grupo sostiene, entonces, que no hay una relación directa entre el cambio climático y las emisiones de dióxido de carbono.

Aportando a esta visión, el profesor John Cristy, uno de los autores citados por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), dice claramente: “El dióxido de carbono no es un contaminante” y explica que “los seres humanos representan una pequeña fracción, de un solo dígito, en el porcentaje de dióxido de carbono que se produce en la atmósfera”. Los volcanes, por ejemplo, contribuyen en mayor medida que todas las fábricas y autos del mundo. Otra gran proporción la aportan los animales y las bacterias e, inclusive, el vapor de agua dado que los océanos son los principales receptores de este elemento.

 La era del hielo 63
De hecho, cuando se empezó a hablar de cambio climático en los ´70 la teoría dominante fue la del enfriamiento global y la gran amenaza era entonces una posible nueva era glacial, fundamentadas en la caída de las temperaturas de los cuarenta años anteriores.

“El cambio climático ha existido siempre. El clima cambia desde que la Tierra es Tierra. Desde que se tiene noticias ha habido unas 62 glaciaciones, épocas de hielo, y unas 62 interglaciales o tiempos calientes como el período actual que estamos viviendo, que se llama Holoceno. El asunto es que las glaciaciones duran 100.000 años cada una y las interglaciales duran poquito, apenas 10.500, 12.000 años. Y el Holoceno nuestro ya lleva como 10.500 años. O sea que estamos ya camino a una nueva glaciación. Ésa es la historia geológica y climática de la Tierra. Eso es innegable”, relata Ferreyra, quien agrega: “La participación del hombre en la modificación del clima se da generalmente a escala local o regional. Cuando destruyen alguna selva, que son reguladoras del clima, puede haber un aumento de las precipitaciones, por ejemplo”.

El sol siempre está
¿A qué obedece, entonces, este ciclotímico patrón climático que estamos experimentando? La principal hipótesis que se opone a la de los gases de efecto invernadero sostiene que las variaciones de temperatura, así como los fenómenos extremos, son regidos por el sol y sus manchas solares, que son campos magnéticos intensos que aparecen en períodos de alta actividad solar. Uno de los investigadores que comenzaron a seguir esta teoría desde comienzos de los ´60 es Piers Corbyn, meteorólogo y dueño de la empresa pronosticadora Weather Action.

Según explica Corbyn, la Pequeña Era del Hielo, por ejemplo, fue un tiempo de poca actividad solar. De la misma manera, la intensidad de los campos magnéticos del sol se duplicó en el siglo XX, de acuerdo con los datos compilados por el Instituto Meteorológico Danés en 1991, incluido un aumento dramático alrededor de 1940 y una caída abrupta durante los cuarenta años posteriores. La actividad solar también influye en la formación de nubes, que enfrían la superficie terrestre.

Los científicos decidieron entonces analizar los registros de temperatura de los últimos 400 años y concluyeron que existe una correlación estrecha entre las variaciones del sol y las temperaturas en la Tierra durante todo el período examinado.

“Los últimos estudios están aportando pruebas muy importantes de que la actividad solar, junto con las corrientes oceánicas, son las que controlan el clima. Como la oscilación del canal del Pacífico y la del canal del Atlántico Norte. El asunto es que ambas oscilaciones están en este momento en una fase fría. Por eso es que las temperaturas no aumentan en la Tierra desde hace más de 19 años”, coincide Ferreyra.

Todo clima es político
En 1988 se creó el IPCC por iniciativa de la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUD). Dos años después el grupo presentó su primer informe citando la investigación de 400 científicos, que concluía que el calentamiento atmosférico de la Tierra era real y se pedía a la comunidad internacional que asumiera acciones para evitarlo.

Hay quienes, como Nigel Calder, quien fue editor de la revista New Scientist, relacionan esta marcada bajada de línea con el comienzo de la politización del movimiento ecologista y la agenda de la primera ministra del Reino Unido de 1979 a 1990, Margaret Thatcher, a favor de la energía nuclear. De hecho, dicen que fue la Oficina de Meteorología inglesa que creó una unidad climatológica que sentó las bases para un comité internacional, el IPCC.

De manera inevitable, en el momento que los políticos ponen su peso sobre algo y adosan su nombre, por supuesto, el dinero comienza a fluir. Eso es lo que pasa. Y de manera inevitable, la investigación, el desarrollo, las instituciones empezaron a brotar, las que iban a investigar el clima pero con un énfasis especial en la relación entre el dióxido de carbono y la temperatura”, explica el profesor Stott.

Paralelamente, crecía el movimiento ecologista anticapitalista que pregonaba la vuelta a una sociedad preindustrializada. Para los ´90 esta corriente había ganado mucha fuerza y ya existían medios y periodistas especializados en medioambiente que la sostenían y fomentaban. Del otro lado, surgen escándalos como el Climagate, en 2009, la filtración de documentos de la Climate Research Unit de la Universidad de East Anglia, Inglaterra, que supuestamente muestran a un grupo de científicos manipulando datos a favor del cambio climático antropogénico. También corren rumores de falsificación de datos o al menos “ajustes convenientes” realizados por parte de los investigadores que apoyan el calentamiento.

“Lo que rinde dinero es el alarmismo porque está muy bien subsidiado”, opina Ferreyra y asegura que el gobierno estadounidense, para probar que el hombre es el que está cambiando el clima, invierte 4.000 millones de dólares anuales, aunque de la misma manera se dice que el punto de vista contrario está financiado por las industrias contaminantes.

Mientras, en el medio de la batalla entre los “calentadores” ?así les dicen? y los escépticos, estamos nosotros, sospechando que algo no anda del todo bien con el clima, pero tironeados por uno y por otro lado frente al desconocimiento real de sus causas. La única seguridad es que el futuro es incierto y ya sabemos que después de escuchar el pronóstico a la mañana tenemos que salir, por las dudas, con paraguas y un saquito de media estación.

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