Moda

Universo JT

En un espacio atípico y fuera de circuito que la vio nacer y renacer, Jessica Trosman hoy lleva adelante su último proyecto junto a un equipo de gente -socios, amigos, familia y fans- que conforman su tribu.

Por Melina Barrera
Fotos Juan Carlos Casas y cortesía JT

Mediodía soleado de septiembre en Yeite Café, petit restaurante donde las mesas en la hora pico cotizan frente al Club Atlanta. Jessica Trosman aparece con su total look negro, rulos rubios desordenados y dedos cargados de anillos pesados, algunos con dijes colgantes que hacen ruido cuando saluda, cuando gesticula acompañando cada idea o cuando toma limonada con menta. A poco de viajar a París para mostrar la misma colección de Primavera 2014 que unos días antes presentaba en el Tattersall de Palermo en el marco del Designers Look BA, la directora creativa de JT festeja la tercera temporada de una marca que, con tan solo un año de vida, ya puso al concept store en la lista de las mejores aperturas del año, y a ella, en el podio de los más destacados diseñadores del planeta.

-¿En qué momento de tu vida te encuentra JT?
-JT me agarra más madura. Es mi mejor momento de diseño, el mejor proyecto en el que participé. Estamos todo el tiempo generando situaciones para poder darle a la gente contenido genuino, el mismo contenido que se exporta. Hoy hacemos la misma colección para acá que para afuera. Y nos vamos mucho al exterior para aprender, porque ahí nos pegan con un caño.

-¿Perdón?

-No es que nos peguen, es que en Argentina somos todavía muy experimentales. El oficio de la moda, el gran sastre, no existen. Incluso la carrera de diseño no existe desde hace tanto tiempo. Faltan millones de años para mejorar un montón de situaciones, pero estamos en camino. Me divierte ir afuera porque aprendo. Me gusta caminar y ver cómo se visten en otros lugares, cómo se conforman las prendas, con otra calidad de telas y desde otra perspectiva. También disfruto ver colgadas mis prendas en los locales donde me gusta comprar ropa afuera.

-¿Qué te produce que te consideren entre los mejores diseñadores del mundo?

-Es un mimo, un abrazo. Me encanta, pero hay que continuar. No estamos ni en Europa ni en Estados Unidos, nos cuestan diez mil veces más todas las cosas, así que si me la creo, es mentira. Está buenísimo que nos pongan en los mejores libros, me ayuda en el currículum de mi vida, pero está bueno que cada colección sea un libro en sí misma, así una se esmera todo el tiempo para mantenerse.

-¿Te sorprende que en Milán tu colección se venda en 20 días?

-Es buenísimo. Eso me pone quizá más contenta que figurar en los libros, porque ayuda a que en la siguiente colección me compren el triple. Nos pusimos re contentos, a full. En JT, si tenemos un día de ventas más flojo que otros nos deprimimos (risas).

-¿Para tanto?

-Nos gusta generar cosas. Tenemos mil ideas en JT, sólo que no siempre nos alcanza el tiempo para realizarlas. Pero hacemos pop ups, como el se hizo en Tortugas, donde vendimos en una semana lo que vendemos en el local en un mes. Fue increíble. Le tenía fe a la idea, pero no pensaba que iba a ser tanto el furor. No hay marcas que hagan tanto… Tenemos los pop-ups, pero también colecciones cápsulas, el café, las JTeens…

-¿JTeens?

-Sí, una movida que empezó como un juego cuando al desfile anterior vinieron muchas chicas jóvenes y se coparon con la ropa. Descubrimos un mercado en las chiquitas de 18, 20 años, muy entendidas. Así que organizamos eventos para las ellas, las JTeens, y les quedó el nombre. Una vez armamos algo en JT, ellas se lookeaban con la nueva colección, se sacaban fotos, mientras mi hijo Momo que es dj tocaba y había hasta un catering… Era una previa a la disco, sin alcohol. Fue un éxito.

La cocina de JT
El espacio que habita su nueva marca fue al principio un depósito de repuestos de autos. Luego Trosman-Churba. Después simplemente Trosman. Hoy es JT. Se trata de un lugar refaccionado por el Estudio Net, una gran caja blanca con una instalación botánica, probadores tipo casitas completamente espejados y muy buena energía. Un espacio que la supo ver corriendo entre purpurinas junto a Martín Churba, entre las mismas paredes donde hoy cocina Pamela Villar sus genialidades dulces y saladas en Yeite, el café anexo a la tienda y el laboratorio textil de donde salen sus prendas rumbo a Italia, Hong Kong, Corea, Viena, Suiza, Egipto, entre algunos de sus destinos de exportación. Hoy, junto a Paula y Pato, sus socios, Jessica armó una empresa donde se vive un clima muy familiar, algo que, según ella, es muy difícil de lograr y que luego se nota en el producto final, traducido esta temporada en una colección inspirada en Louise Burgeois, pero también en las mujeres contemporáneas, todo terreno, sus verdaderas musas.

-¿Qué pasó con Trosman, la marca que ya no es tuya pero sigue llevando tu apellido?

-Me gustaría aclarar bien esto: vendí Trosman en 2011, desde entonces no es mía, yo no tengo nada que ver con la marca. Nada de lo que hacen ni venden ellos tiene que ver con mis diseños. Ni tampoco lo que yo hago tiene que ver con el diseño de ellos.

-¿No es algo confuso para los no entendidos que pueden pensar que Trosman sos vos?

-No, JT es algo nuevo. Trosman es el pasado, el presente es otra cosa, es JT. Me encantaría que a Trosman le vaya bárbaro, que funcionen genial y que se vea la diferencia. Porque son dos marcas completamente distintas.

-¿Qué cosas tuyas se reflejan en tus colecciones?

-Me gustan las texturas, y que aunque esté bien industrializado, se vea un toque de artesanía en la elaboración textil. Pero por sobre todas las cosas, me gusta que tenga el sello típico mío, que es eso que no se distingue bien cómo está hecho. Que digas, “qué lindo, pero no sé qué es, si es un bollo o es un vestido”, que tengas que entender cómo está conformada la ropa, darla vuelta para darte cuenta de qué se trata. Ese es un poco mi sello, yo soy eso en mi vida: “no entiendo mucho pero está OK” (risas).

-Dijiste muchas veces ser una adicta al trabajo que vive corriendo, pero se te ve relajada.

-Es que vengo a JT y lo disfruto. Soy tranqui, no sé si pacífica, pero me divierto. Aunque soy intensa también.

-Intensa es muy amplio…

(Risas). Se acerca Paula, su socia: “Jessica es re tranca, pero hiperactiva, está en todo”. Y se dan la mano atravesando una mesa de Yeite.
-Nos amamos. Este último tiempo nos damos todos muchos besos acá (más risas).

-Suena bien.
-¿Sabés qué pasa? Esto lo hacemos para pasarla bien. Por momentos tenemos rush, pero al fin del día decimos “relajemos”. Pasarla bien fue el manifiesto desde el primer día.

-¿Dentro de ese rush tenés algún tipo de rutina creativa?

-No sé si es una rutina, pero cuando empiezo la colección me pongo muy nerviosa porque quiero hacer tres mil temas al mismo tiempo y probarlos y me tengo que decidir solo por dos o tres.

-¿Y cómo elegís?

-De a poco la voy sacando adelante. Empiezo con el modelista o con el muestrista. En esta última colección trabajé directamente con el muestrista, que es una linda rutina. Sacás un par de prendas, se hace la moldería y ahí empieza todo.

-¿Pero cómo es el proceso previo al modelista? ¿Cómo llegan las ideas? Leí que una vez te inspiraste en una puerta para diseñar una colección.

-Me puedo agarrar desde un detalle, hasta… no sé… igual no me quedo en el detalle, me gusta más ir hacia la morfología, lo que es la moldería, y hago también el ejercicio de ver gente linda en la calle, que siempre te dispara algo. Los colores también son muchos sacados de la calle. Por ejemplo, me gustan los colores de la época decó, y los de esta colección son un poco eso, lavados, como el acqua.

-Vos que nos usás mucho el color, te vestís de negro, ¿cómo pensás la paleta para tus colecciones?

-Yo me visto de negro, pero trabajo mucho los colores. El negro es lo más, y el blanco también, pero ahora estoy metiendo mucho color, con muy buena respuesta. Cuando abrimos el local le metimos al naranja, turquesa, y muchos colores hechos por la corrosión, divinos… se van haciendo unos colores que ni una los conoce porque son todos resultados de mezclas.

-¿En los tiempos de Trosman-Churba, los aportes de color eran de Martín?

-En esa época los dos éramos bastante colorinches. Después yo me empecé a apagar porque me empalagué. Las colecciones con Martín me parecían que eran nada más que para una marca de verano. Eran colecciones vibrantes, pero cuando llegaba el invierno, yo me quería meter adentro de un tupper y hacer solo negro y gris. Cuando nos separamos con Martín, me volqué a los neutros, mi paleta base.

-¿No usás materiales sintéticos?

-Casi nada. No me gusta, no me nace. No es como en Japón, donde hoy el material sintético que usan es superior al noble, incluso es más caro. Acá lo que llega no está tan bueno. Para mí usar sintético es un poco tomarle el pelo a la gente.

-¿Tenés especial cariño por el cuero?

-¡Me encanta! Cualquier persona tiene que tener una campera de cuero. Creo que te ponés el pijama y una campera de cuero y ya podés salir.

-¿Cómo es que alguien que se dedica a la moda se viste siempre con dos o tres equipos?

-Es el uniforme. No quiero pensar a la mañana qué ponerme. Llevo temprano a mi hija Rosa al colegio, pienso todo el día en ropa… Prefiero que Paula, mi socia, que es flaca y alta, se lo ponga, que a ella le va a quedar divino. Y yo muestro cómo le queda a ella. Yo soy la cocina.

La tribu de la moda
Estudió diseño un año y medio en Miami, y se volvió a Argentina, donde se recibió de traductora pública de inglés, profesión que solo practicó medio año. “Yo ya quería hacer ropa”, recuerda. Ahora piensa en estudiar moldería, aunque cree que le va a ir mal: “Es re difícil, tengo una noción, pero no me concentro”. Luego vinieron las grandes marcas locales y colaboraciones para marcas de acá y de afuera, como Chanel (“El año pasado hicimos una colaboración de diez diseños para la colección Scotland”). Y también trabajó para Rick Owens. “Eso fue hace más tiempo, aunque sigo amiga de él. Cuando voy a París me gusta ser parte de su tribu. Rick es un buen referente, un pibe que no viene del palo del arte, cero snob. Además, es lindo que un americano triunfe en Europa.

-Hablaste de tribu, también te referís a tu tribu cuando hablás de la gente alrededor de JT.

-Lo que nos pasa es que vienen a trabajar a JT y los convertimos, los evangelizamos (risas), los hacemos a nuestra medida y hasta cambian su look. Tenemos una empleada que hoy es mi mano derecha y la amo con toda mi alma, que vino el primer día vestida onda Rapsodia. Hoy la ves y es darky. Esa es nuestra tribu. Te evangelizamos y después no hay manera de que vuelvas atrás. Como dijo nuestra primera JTeen, “JT es un viaje de ida”.

-Donde se aman y se dan besos.
-Es que son mis amigos. La tribu siempre está. Un poco quisimos mostrar la tribu en la nueva campaña, JT for every woman, una colección para todas las edades, para todas… En el casting está hasta Luli Salazar…

-No la veo con tus diseños de pantalones anchos…

-Te juro que lo deseo… Es una divina. Dentro de su estilo, le pusimos un top -que para ella era un vestido, porque es mini… ¡nunca vi ese lomo!-, y no le importó venir de onda, súper agradecida. Quisimos tomar a una sex symbol,  pero también amigos, familia, mujeres de distintas edades.

-¿Cuál es tu idea de la moda?

-No sé… si bien no hay mucho por inventar, hay un montón que no se vio. Tengo como flashbacks de chica de cosas que me marcaron en la moda, como un par de sandalias con una mariposa o el jean pinzado de tiro alto. A los diez años mi mamá me llevaba a comprar ropa, me elegía enteritos de jean con cierre cruzado y pata de elefante. Fue mi vieja la que me metió en esto, me quemaba la cabeza eligiendo ropa para toda la familia. Y yo me iba a dormir y pensaba en estampas, en cortes de remeras. A mí me gusta que la moda deje algún mensaje y hay poca gente con la que a mí me pase eso. Los japoneses, sí. Esa parte tridimencional que yo tengo viene un poco de Japón. Me gusta mirar las prendas como esculturas a largo plazo. ¿Sabés cuándo me doy cuenta de si algo posta está bueno? Cuando elegís un vestido y lo podés colgar en un living, como una obra, y al mismo tiempo no te sale un huevo y lo puedas usar. Eso es lo que me parece que tiene que causar la moda.

-En esta época del año los diseñadores están pensando en la colección siguiente, otoño-invierno 2015.

-Yo todavía no, soy un desastre.

-¿Ni una idea?

-Nada, nada.

-¿La página en blanco no te genera un poco de estrés?
-Inseguridad. Preguntale a mis socios (risas). No me gusta nada, empiezo a putear. Siempre fui bastante insegura.

-El año pasado anunciaban la apertura de JT en un video en Facebook donde destacaban la  palabra rebirth, ¿a qué se refiere ese renacimiento?

-Es un poco el rebirth mío. Después de vender mi compañía, pude empezar un nuevo proyecto que no tenía nada que ver. Mis socios no estaban en este rubro, así que también fue un renacer para ellos. Además se dio el renacimiento de un barrio que no existe, como éste, que no es fashion, y yo me reinstalé aquí en este espacio por el que pasaron ya tres fábricas. Es el renacimiento de todo: del espacio, de mi cabeza y de una marca.