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Tecno

Una internet 100% hacker

En búsqueda de la libertad total, un grupo organizado de hackers planea lanzar una Internet paralela. 

Por Federico Kucso

Mucho antes de que las puertas de Internet se abrieran de par en par y la información, la pornografía, el spam y millones de videos cómicos de gatitos y bebés inundasen las computadoras del mundo, los hackers cargan por la vida con un estigma, una especie de letra escarlata que los identifica erróneamente con piratas informáticos, criminales cibernéticos, fabricantes de virus destructores destinados a borrar a la distancia los discos rígidos del vecino y a extraer todo el dinero de sus tarjetas de crédito. Incomprendidos por los medios, gobiernos, corporaciones, bancos y muchos usuarios desinformados, los hombres y mujeres -sí, hay mujeres hackers- de esta subcultura heterogénea y subterránea comparten la misma incomodidad ante el estado actual del mundo. Estos herederos de los radioaficionados de la década del ’20 combaten, impulsados por su espíritu curioso, la codicia corporativa sin límites, la invasión de la privacidad y los abusos de poder con su principal arma libertaria: una computadora. Y al hacerlo buscan despegarse de los verdaderos malos de la película: los crackers, miembros de organizaciones criminales, constantemente confundidos e igualados con este colectivo antiautoritario que promueve formas de trabajo en las que se contemplan las dimensiones éticas de la tecnología.

Así, mientras los hackers compiten por crear, los crackers roban y destruyen. Los hackers buscan el bien colectivo, son comunitarios, comparten sus conocimientos, buscan demostrar una falla, la ausencia de seguridad, sacudir el sistema. Los crackers, lo único que quieren, son beneficios propios; son paranoicos y marginales. 

En los últimos años, sin embargo, algo cambió. Luego de la aparición y presencia pública de colectivos y ciberactivistas hackers como Lulzsec y, sobre todo, Anonymous, aquéllos que tras sus máscaras del conspirador inglés Guy Fawkes del siglo XVI (y popularizado en la película “V de Vendetta”) dirigen sus cañones virtuales contra la “cienciología” y, últimamente, contra el sitio web del Vaticano, muchos grupos de la gran tribu hacker comenzaron a pensar algo hace un tiempo impensable: independizarse. Como si se tratase de una nación convulsionada, planean salir de la red -según ellos, corrupta, plagada de censuras por partes de los gobiernos- simplemente construyendo otra.

¿Otra Internet?

Suena descabellado, pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que los hackers, de alguna manera, echaron a correr la web e hicieron andar la Usenet, aquel sistema de comunicación que evolucionó en lo que hoy es el e-mail, aunque ahora lo hayamos olvidado.

La Hackerspace Global Grid -tal es el nombre de esta nueva creación autónoma (http://shackspace.de) y separatista- nació como una idea pequeña y algo alocada en el último Chaos Communication Congress, uno de los encuentros más conocidos de hackers del mundo realizado a fines de año pasado en Berlín. Y, de repente, comenzó a crecer. Más y más, empujada por la indignación que provocaron el cierre de Megaupload, los bloqueos de Internet por parte de los gobiernos para silenciar a los usuarios (como lo ocurrido en Egipto) y, sobre todo, los proyectos de leyes SOPA (Stop Online Piracy Act) y PIPA (PROTECT IP Act), pensadas por los lobbistas de las industrias discográfica y cinematográfica para mantener su negocio -criminalizando al internauta-, lo que reduciría drásticamente la libertad de circulación de la información en la web.

El proyecto de la HGG es ambicioso, pero no imposible. Consistiría en poner varios satélites en el espacio controlados desde la Tierra por los propios hackers -como con un sistema de GPS, pero al revés- y así desplegar una red comunicacional alternativa fuera de los controles territoriales de las agencias gubernamentales, y sin preocupaciones sobre privacidad y libertad de acción.

Varios hackers están actualmente trabajando junto a un grupo de investigadores alemanes conocido como Constellation, y estiman que los primeros prototipos de satélite estarán listos para mediados de 2012. Los usuarios que deseen lograr la independencia de una Internet cada vez más movida por intereses económicos y saltar a este nuevo territorio virtual se conectarían a través de pequeñas estaciones que se venderían a unos cien euros o que, incluso, podrían ser construidas por los propios interesados.

“La información es un derecho humano”, llegó a decir el hacktivista Nick Farr, uno de los impulsores del proyecto, quien pronostica para los próximos meses varios lanzamientos amateurs de pequeños satélites de bajo costo y unos 100 kg (conocidos como femtosatélites) para estacionarlos en órbitas no tan elevadas, donde ningún gobierno tenga jurisdicción.

De concretarse, la Hackerspace Global Grid o “hackernet” se constituiría como una nación hacker, independiente de corporaciones como Microsft y Apple, que en los últimos 25 años se han dividido la torta y obligado a millones de usuarios a seguir sus caprichos. Al fin, habría una alternativa, una opción ideológicamente opuesta en nuestra constante evolución digital.

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