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Literatura

Una epica americana

Etiquetada por muchos como “la Tolkien argentina”, la autora que sacó al género fantástico de su contexto medieval para darle el contexto de la conquista de nuestro continente.

Por Sandra Martínez
Ilustración: Juan Nacht

Hay géneros que están tan arraigados a sus orígenes que llevan muy mal la extrapolación a un contexto diferente. Pasa con el policial negro, o los comics de superhéroes, a quienes cuesta demasiado imaginar peleando en las calles porteñas. Pero de vez en cuando un escritor encuentra la forma, la vuelta de tuerca para plantar ciertos arquetipos en una tierra que les es ajena. Y así como el año pasado Leonardo Oyola en Kryptonita a despojó a Superman y a sus amigos de capas y mallas de spandex y los sacó a pelear el día a día en el Conurbano sin perder en el camino un gramo de verosimilitud, Liliana Bodoc allá por el 2000 lograba lo impensado: que una saga épica fantástica abandonara sus vertientes medievales para nutrirse con la historia y la mitología precolombina. Y que fuera un éxito mundial.

Un mito para el continente

Liliana nació en Santa Fe pero creció en Mendoza, donde también se recibió de licenciada en letras. Su primera novela, Los días del venado, fue una apuesta jugada: contar la conquista de un continente, pleno de vida y culturas con historia propia, por parte de un ejército llegado del otro lado del mar, desde tierras antiguas, cuyo único fin es subyugar todo lo que encuentra a su paso. Una compleja ficcionalización de la colonización de América, amasada y desmigada para darle la forma propia, pasado por el tamiz del género fantástico para construir un mundo nuevo donde de tanto en tanto se reconocen destellos del Nuevo Mundo y su poco feliz encuentro con la “civilización”.

El original tenía muchas posibilidades de dormir eternamente en los cajones de las editoriales, pero lo salvó el ojo avizor de Antonio Santana, editor de la sección Infantil y Juvenil de editorial Norma, que supo ver el potencial y dio al libro su oportunidad. El éxito superó las expectativas y cuatro años después el libro se convertía en saga con la publicación de las continuaciones Los días de la sombra y Los días del fuego, alejándose cada vez más de las referencias a la conquista para tomar vuelo propio. Hoy, con más de 10 ediciones para cada tomo, versiones de bolsillo e ilustradas y traducciones al alemán, italiano, francés, holandés, inglés y japonés, entre otros, Liliana volvió al mundo que la convirtió en una autora best seller con Oficio de Búhos, un libro de relatos que retoman y amplían la historia contada en la saga.

La sombra de Tolkien

Hay muchos libros que influyeron en Bodoc. Suele nombrar a Los capitanes de la arena, de Jorge Amado, La increíble y triste historia de la Cándida Eréndida y su abuela desalmada, de Gabriel García Márquez, Canto a mí mismo, de Walt Whitman y La madre, de Máximo Gorki. Pero es ineludible la referencia a Tolkien y no sólo en su condición de padre de la fantasía épica. Tolkien solía comentar que la creación de la Tierra Media fue consecuencia de su deseo de inventar para Inglaterra una mitología propia al nivel de las sagas nórdicas como el Kalevala o la anglosajona Beowulf. Y eso es lo que logró Bodoc con su saga, un corpus legendario para América.

Sin embargo, no es la influencia de El señor de los anillos la que más se nota en sus libros, sino la de otra escritora, Ursula LeGuin. Su construcción de los personajes, más profunda y menos esquemática que la de Tolkien, y su idea de tomar las estructuras del género para contar historias que van más allá de los blancos y negros de una gran guerra contra el mal absoluto, son los ecos que resuenan en los libros de Bodoc. LeGuin, que no sólo leyó la historia sino que le aseguró a la autora que si no fuera por su edad avanzada se hubiera encargado personalmente de la traducción al inglés, también completó su saga más conocida, la de Terramar, con un tomo de relatos que saltan entre el pasado y el presente de los demás libros, completando la mitología y otorgándole espesor a ese mundo, con una estructura similar a la que Tolkien quiso dar forma en El Silmarillión, o Ray Bradbury –otro escritor admirado por Bodoc– usó en Crónicas Marcianas.

Pero más allá de usar las bases conocidas y sólidas del género, Bodoc supo encontrar su propia voz, ayudada por un intenso estudio de diferentes obras de los pueblos originarios transcriptas y traducidas, como el Popol Vuh, los poemas del poeta azteca Netzahualcóyotl y compilaciones de leyendas incas, mayas, mapuches, wichis, que le dieron el tono preciso, poético y cargado de nostalgia, para hacer creíble esta cosmología americana.

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