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Territorios

Un palacio en Buenos Aires

La embajada francesa reabre sus puertas con la arquitectura del Palacio Ortíz Basualdo renovada. Recorrimos el bello edificio antes de su apertura al público.

Un hogar copiado de una casa del renacimiento francés, arañas que en este siglo sólo se ven en el Titanic de la pantalla grande, dorados a la hoja que se conservan en algunos marcos de cuadros de la típica casa porteña. La Embajada de Francia en Argentina es un verdadero palacio construido por el francés Paul Pater para el aristocrático matrimonio de Daniel Ortiz Basualdo y Mercedes Zapiola Eastman. Inspirado en la escuela de Beaux Arts, fue finalizado en 1918 por su socio, Eugenio Gantner, ya que Pater decidió volver a Europa para participar de la Gran Guerra. En 1939, el Palacio Ortiz Basualdo ubicado en Cerrito 1399 pasó a manos del gobierno francés y se convirtió en su sede en Argentina. Poco tiempo antes, sirvió de hospedaje del príncipe de Gales, Edward de Windsor, quien -según dicen- quedó fascinado con el diseño y el lujo de la casa que hoy en día es el lugar de trabajo del embajador Jean-Michel Casá. Su despacho, ocupa la antigua habitación de la pareja Ortiz Basualdo.

Embajada FranciaPatrimonio
Hace más de un año, se comenzó la restauración de la embajada francesa, para poder “volver a la casa original”, según explicó la agregada de prensa Mariot Rambault en una de las visitas de prensa, previa a la apertura de sus puertas al público, que se realizará los próximos 20 y 21 de septiembre, en el marco de las “Jornadas Europeas del Patrimonio”. El proyecto estuvo a cargo de la arquitecta francesa Marie Sinizergues, y los argentinos María Paula Báez y Eduardo Carena, quienes se propusieron reformar el revestimiento en simil-piedra, que imita la piedra parisina, y reintegrar la decoración, aunque el 80% de los objetos de la casa habían desaparecido con el tiempo.

En el Salón Dorado o Salón de baile, se intentó rescatar el color celeste original del cielo raso estilo Tudor, dañado por los rayos UV. Tanto en este como en los otros cinco salones de recepción se nota la intención de los arquitectos de preservar algunas señales del paso del tiempo, y no dejar las salas como nuevas.

Embajada francesaAdemás del diseño, las reformas también tuvieron que ver con las instalaciones eléctricas, de plomería y de iluminación, para transformar el antiguo palacio en una funcional sede diplomática. “La idea es comenzar a utilizar este edificio para las recepciones que antes sólo se hacían en Martínez”, reconoció Rambault, en referencia a la casa donde residía el anterior embajador y que el Estado francés decidió venderle al empresario Alfredo Román, por su ubicación lejana a Capital.

“Preservar los parquets, los mármoles, las boiseries, los dorados a la hoja y las molduras”, detalló Mariot, además de revelar que las reformas permitieron instalar una cocina profesional en la planta baja, ya que antes el menú se traía desde la casa de Martínez a la hora de comer en la embajada.

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