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Música

Tricky en Buenos Aires

Con motivo de la presentación de su último álbum, una de las estrellas mundiales del Trip Hop se presentó en nuestro país en el marco de las flamantes noches Indigentes de Niceto.

Por Esteban Ulrich

Luego de cuatro años desde su última presentación en el país, a 20 de su debut discográfico con Maxinquaye, y tras una correcta presentación del crédito local Catnapp; cuando comenzó a sonar una suerte de versión instrumental, lenta y saturada de Sweet Dreams (Are Made of This), cuyos 
bajos hicieron flamear los raros peinados nuevos, se dio inicio a la ceremonia Trip Hopera del gurú oscuro Tricky, acompañado en la segunda voz por la cantante indofrancesa Ajeya. Así Niceto comenzó a temblar y los cuerpos a moverse con cadencia marítima, y Tricky, uno de los afamados 
padres del Trip Hop, subió al escenario sus 47 años de vida extremista de ghetto y estrellato, para dar forma a un concierto que se acerca más a una forma de experiencia musical exclusiva para el vivo. En los tiempo del Spotify, del Torrent (¿Tidal?) y demás, la propuesta del británico está claramente dirigida a privilegiar el acontecimiento, en hacer del estar la máxima experiencia artística, producir y compartir el trance.

“Bajen sus celulares” dirá al público que se disponía, por reflejo, a reproducir en formato móvil las imágenes producidas por el showman. Y así fue. Un show casi old school desde la puesta con fondo de ladrillos a la vista, sufriendo alguna desprolijidad en el sonido, pero que a pesar de que se llegó a sentir una primera rebeldía del público frente a una ultra delicada versión de Makes Me Wanna Die (sin la sublime rugosidad de la Topley Bird, hay que decirlo), cada ruido, cada imprevisto, no tardaron en formar parte de la estética callejera que emana del descamizado ex Massive Attack, que con su magia negra hacía y deshacía desde el escenario, tanto a propios como ajenos. Encarnando todas sus facetas artísticas, en una fusión casi dictatorial de cantante-performer-productor en escena, Tricky dirigía a sus músicos con sus dedos, al tiempo que hacía subir y bajar a la apretada masa de Niceto, hacia las alturas desgarradas de su voz de gárgola nocturna, para luego lanzarse, y lanzarnos, hacia las profundidades abismales de su extraña dulzura de entrañas expuestas. Del grito descarnado, al susurro agónico. Ese es el viaje de Tricky. Y es un viaje compartido. La interacción con el público es uno de los fuertes del frontman de Bristol, el juego con los límites del descontrol, el canto al borde del abismo.

Lo del martes a la noche fue sobre todo un show rockero, con platillos cayendo, con los pies de micrófono enredados en cables y siendo arrastrados por el escenario, con el público subiendo a escena y los pogos que iba y venían entre suaves lagunas de texturas sonoras curadas al humo 
de cogollo. Tricky, más allá de los altos y bajos de su producción discográfica –que sobre todo conserva siempre el mérito de la búsqueda constante–, tiene aquello que necesitamos como el agua en este desierto de plástico: un alma desbordada que hace vibrar a todo el que se le pone delante. 

Cantando por momentos con su voz sin amplificar, apretando el micrófono contar su pecho, la potencia podía hallarse reubicaba sabiamente en otro lugar, en el del artista que carga en su cuerpo con la verdad de un mundo. Aunque no podemos negar que quedamos con ganas de escuchar aún más temas (son tantos), sobre todo de aquellos tremendos discos que forman parte de la columna vertebral de la evolución rockera de los noventa como Nearly God, Pre-Millenium Tension (1996) o Angels With Dirty Faces (1998), el profeta de la noche universal, propone y los demás siguen. Y es así como debe ser.

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