Publicidad Bajar al sitio
Entrevistas

Todo calculado

Convertido en uno de los principales divulgadores científicos del mundo, charló con Bacanal sobre el cambio de época para la región Sudamericana.

Por Esteban Ulrich

Cara visible de la matemática en nuestro país, si algo así tiene sentido, vuelto en referente del movimiento de desarrollo tecnológico que se vive en los últimos años, Adrián Paenza acaba de recibir un importante premio por parte de los nerds más nerds del mundo. Algo que, según él, no es casualidad, y que tampoco se debe en exclusiva a su propio trabajo o trayectoria, sino a un estado de situación más amplio, que marca un cambio histórico con respecto a las políticas de educación y desarrollo tecnológico y científico generadas en Sud América.

De doble formación, periodística y matemática, fue el introductor de la NBA en Argentina, el que sostenía el micrófono cuando Maradona declaraba que le habían cortado las piernas, y además de haber recorrido los pasillos de las radios, revistas, diarios y programas más destacados de los últimos años, hoy abocado a la enseñanza y la divulgación científica, se encuentra allí, tal vez, con su herramienta más eficaz a la hora de propiciar un cambio, tanto en la mente, como en la realidad de nuestro país y la región.

 

¿Cómo fueron sus inicios?

Comencé de muy pequeño. En 1965 estaba haciendo el segundo año de carrera, cuando empecé a trabajar con José María Muñoz en la radio. El arreglo con mis padres fue que me permitían trabajar si no abandonaba mi carrera. Eso hice, me gradué como licenciado en el año 69, ya trabajaba con Muñoz desde el 66 y, después, en febrero del 72, arranqué en la tele con Pepe Peña, en un programa que se llamaba La noche del domingo, que era lo que después fue Fútbol de Primera. Había dos canales en ese momento, Canal 7 y Canal 9, obviamente en blanco y negro, y sólo había una cámara y una filmadora que manejaba un señor de apellido Pastor que me acompañaba a la cancha. Cada tanto nos perdíamos imágenes del partido porque tenía que cambiar el rollo… Hice las dos cosas en simultáneo toda la vida, el periodismo y la matemática. Sucede que la exposición pública que da la radio y la tele es totalmente diferente de la que da un puesto de profesor universitario.

¿De dónde vino el interés por la matemática?
Es muy difícil de decir… Cuando empecé el ingreso a la facultad, me inscribí para cursar química, no tenía previsto estudiar matemática. Pero las primeras dos materias que se daban en ese momento eran matemática y biología. Yo hacía quinto año a la mañana y a la noche iba a la facultad… Me impactaron mucho los docentes, la percepción que uno tiene de la matemática es siempre especial y yo no era la excepción, tenía una idea que, después, cuando empecé a cursar, fue cambiando. Ahí me atrapó y cambié en el primer cuatrimestre de ese año. Nací en un lugar privilegiado, mis padres eran de clase media, media-baja, ninguno de los dos se pudo graduar, eran los dos inmigrantes, italiano mi padre y polaca mi vieja, y querían que sus hijos fuéramos los primeros universitarios. Así fue, gracias a las oportunidades que ellos nos dieron. Lo importante es que todo niño nace con una cantidad de destrezas y no siempre tiene la oportunidad de descubrirlas. En mi caso las tuve.

Entonces, ¿no es real esa idea de que hay niños que les gusta la matemática y otros que son mejores para lengua o humanidades?
No sabría dar una opinión educada sobre eso. Creo que en Argentina, en general, hay una mayor tendencia hacia las Letras que por las Ciencias Duras… Fíjese lo que acabo de decir, Ciencias Duras. Como que estuvieran reservadas para un grupo especial de personas. Esa percepción es la que trato de combatir. Tenemos una percepción de la matemática, de la física, de la computación, como si fueran exclusivas de un grupo privilegiado de la sociedad y no es así. La matemática tiene una cantidad de facetas, de bellezas, que son equivalentes a una salida de sol o a ver una montaña nevada o el Bosque de Arrayanes. Sucede que, para descubrirlas, hay que tener la suerte que a uno se las muestren. No busco que todo el mundo sea matemático, pero que al menos no rechace la idea de antemano…

También la tendencia en los chicos depende mucho de quién les enseña…
Si depende de una individualidad, entonces estamos en un problema. De todas maneras es algo que no vamos a poder corregir, porque cada maestro, cada comunicador, tiene su impronta personal, eso es indiscutible y está bien que así sea. Pero hay muchas modificaciones que se pueden hacer sobre los textos y sobre los tópicos elegidos. En general la matemática que se enseña atrasa cuatrocientos años. Entonces es razonable que suceda ese rechazo. ¿Por qué uno no va a rechazar que le conwwwen preguntas que no se hizo? Un adulto no lo tolera, se levanta y se va; en cambio, el niño no tiene más remedio que aceptarlo, encima tiene que estudiar, tiene que prepararse para la prueba, no entiende para qué le sirve, le pregunta a los padres, y ellos tampoco saben, entonces le dicen ya vas a saber más adelante. Y, ¿cuándo es más adelante?… Pasa la vida y nunca entendió para qué le enseñaron que los ángulos opuestos por el vértice eran iguales…

De la pelota al teorema de Pitágoras
La entrevista se desarrolla durante un recreo entre clases, mientras ejerce su función de profesor en la Universidad de Chicago. Adrián vive en Estados Unidos desde hace varios años, hacia donde fue en búsqueda de nuevos desafíos, porque es un hombre que los ha tenido y muchos, y ya no se acostumbra a no tenerlos. Tranquilo, del otro lado del teléfono, su voz llega clara y se mueve con la cadencia pausada de quién habla en claustros y en medios de comunicación desde hace años. La claridad de sus frases, la construcción de sus conceptos, no reviste en ningún momento la apariencia de la improvisación. Paenza sabe muy bien qué dice y a dónde apunta con sus frases.

Muchos periodistas hoy importantes surgieron del periodismo deportivo. ¿Hay alguna razón en particular?
Efectivamente, hay mucha gente de mi generación que comenzó como periodista dedicándose al deporte. En mi caso estaba fascinado con el fútbol, creo que como todos los chicos que tenían mi edad, jugaba. Incluso fui parte de la quinta de Platense, pero no era lo suficientemente bueno como para continuar en ese camino. Varios compañeros míos sí, por ejemplo García Cambón, que jugó en la primera de Boca. Yo no estaba a ese nivel y, como vivía cerca de radio Rivadavia y lo veía pasar a Muñoz todos los días por la puerta de mi casa, le pedí que por favor me tomara una prueba. Por es entonces fue el golpe de Onganía y las universidades estaban cerradas, y en un momento me llamó… No podría decir que calculé todo esto… Incluso, a lo mejor, si no hubiera tenido el problema que tuve con Torneos y Competencias, hoy seguiría trabajando en Fútbol de Primera o con la NBA.

¿O sea que no fue una decisión suya hacer divulgación científica?
No. Después de trabajar como periodista dedicado al deporte me llamaron Claudio Martínez y Jorge Lanata para hacer periodismo político. En ese campo llegué a trabajar con Ernesto Tenembaum, Marcelo Zlotogwiazda, Horacio Verbitsky. Atravesé muchos programas. Una vez Jorge se enfermó y quedé como conductor de Día D. Era el que más experiencia tenía a nivel televisión, pero tal vez el de menos experiencia a nivel de programas políticos, y de golpe estaba conduciendo el programa. Fue un desafío extraordinario y aprendí muchísimo de todos ellos.

¿Cómo interpreta las perspectivas tan disímiles que puede tener hoy en día con algunos de esos periodistas?
Creo que es una cuestión coyuntural, sería tener una opinión sobre la opinión de ellos y eso no está bien o por lo menos no me hace sentir cómodo. Lo que puedo decir es que tengo mucha gratitud, porque todos ellos, y Jorge en particular, estuvieron muy cerca, eramos muy amigos y esencialmente le debo a él y a Claudio Martínez el que me hayan rescatado después de que me echaron de Torneos… Y les agradezco que me hayan llevado a un área totalmente diferente.

También el periodismo enfrenta una importante crisis surgida de las nuevas tecnologías.
Sí. La tecnología generó crisis en todo sentido y está muy bien. El hecho de que ahora haya más posibilidades de comunicación es fantástico. Cuando yo nací, no había televisión, lo que salía en el diario era la “verdad”, no se discutía. Ahora hay muchas más fuentes de información alternativas. Eso genera crisis, pero no hay que tenerle miedo a las tensiones. Cuando hay intereses encontrados, el tema es cómo se resuelven. Si lo resolvemos a los tiros o descalificando constantemente es un problema que tiene más que ver con la educación y la cultura. Cuando veo las discusiones que se plantean, uno puede pensar: ¿pero cómo, este gobierno no hizo nada que esté bien? ¿No hay nada en lo que nos podamos poner de acuerdo? Por ejemplo, el Ministerio de Ciencia y Tecnología es un avance de parte de este gobierno que si cambia ¿qué pasa? ¿Se va a dejar de tener Ministerio de Tecnología? ¿Va a dejar de haber un programa que otorga computadoras personales a los alumnos?

¿Usted es peronista?
No. Ni siquiera kirchnerista. En la primera elección de Néstor Kirchner, yo no lo voté. Y después se lo dije a él mismo. No podía votar a un candidato que llevaba como vice a Scioli… Me fui inclinando por las políticas de los distintos gobiernos por lo que hicieron en materia de educación y de ciencia y tecnología, que fue totalmente impensable, algo que creí que ya no iba a vivir. Pero tampoco quisiera quedar englobado en una etiqueta, “peronista” o “kirchnerista”… Estoy a favor de las políticas de estado con las cuales me siento identificado.

Mirada al sur
Paenza trabajó desde los 16 años en el periodismo deportivo, donde fue muy reconocido, por su participación en los principales programas y medios del país. Arrancó con el legendario Muñoz pero también estuvo junto a Victor Hugo Morales, Marcelo Araujo, Néstor Ibarra y una extensa lista de periodistas. Ganador del Premio Konex en la categoría Periodismo Deportivo Audiovisual en 1997, tuvo mucho que ver en la difusión del basquet en Argentina a través de su programa
El show de la NBA. Cuando se refiere al “problema con TyC”, habla de cuando en aquel momento el todo poderoso Juan Cruz Ávila decidió echarlo de Fútbol de primera en particular y de Torneos en general, lo que lo obligó a reinventarse en el terreno de la política y más tarde en la divulgación científica. Consecuente con su misión educadora, Adrián cedió los derechos de sus publicaciones para que alumnos y docentes de las escuelas públicas puedan leerlo en forma gratuita en las computadoras del programa Conectar Igualdad.

¿Qué diferencia se puede encontrar entre EE.UU. y Argentina, en lo que respecta al alumnado y en la forma de promover la investigación y el desarrollo?
En cuanto a los alumnos, cualquier conclusión que saque va a ser parcial, tendenciosa, posiblemente equivocada… El otro día hice una cuenta que presenté durante el discurso en la entrega del premio en Seúl… Le he dado clase, en promedio, a ochocientos alumnos por semestre. En un año eso son mil seiscientos alumnos. En treinta años, 48.000 alumnos. Digamos que exagero, pongamos la mitad, 24.000 alumnos. En ese número vi de todo. Tanto acá como allá. Los que llegan de las mejores escuelas para llevarse el mundo puesto y después se caen, y los apichonados que se revelan más tarde como excelentes científicos. Por eso es difícil comparar, aunque sea tentador hacerlo. Ahora, en la segunda parte de su pregunta, allí depende de cuánto es el dinero y cuáles las política de estado a implementar. Por ejemplo, comparemos la Argentina de hoy con la de hace diez años: eso marca una diferencia, antes no es que había una fuga de cerebros, había una estampida de cerebros. Hoy es al revés, eso marca una tendencia. Para los matemáticos eso es una derivada positiva o negativa, la curva va para abajo o para arriba. Desde ese lugar, tanto para EE.UU. como para muchos países del Hemisferio Norte, basta con ver cuál es el porcentaje del producto bruto interno que le dedican a temas de investigación y desarrollo…

También son sistemas distintos, el del ministerio es un concepto más europeo y en EE.UU. se sigue un camino de instituciones semiprivadas…
La empresa privada tiene una participación distinta, sí. Pero también en Argentina hay una concepción que todo lo que tiene que ver con el Estado es berreta… Y eso es muy serio, porque otra vez uno está luchando contra una percepción extraña. Las universidades e institutos nacionales generan el 98% de lo que se publica en ciencia, o sea, no es que sea mucho, es casi todo… Y hablo de papers publicados en revistas extranjeras con referato. En EE.UU. la proporción es muy distinta, sin dudas. Desde ese lugar hay también una diferencia. De hecho, conoczco en EE.UU. universidades en donde no se ven a los alumnos como clientes, y ahí hay otra fuerte diferencia. Son universidades privadas con espacios dedicados a la investigación. En Argentina eso en general no existe, está muy reducido. De todas formas quiero hacer una observación: dicho así parecen conclusiones de alguien que ha pensado mucho este tema y que las dice de forma tajante como si estuviera totalmente seguro, y no es así, son cosas que pienso pero que no pretendo que sean la verdad.

¿En el caso del desarrollo nacional, cuál es al momento su participación concreta?
No tengo participación concreta porque primero debería vivir allá… Sí estoy en contacto permanente con todos, con la presidenta, con los ministros, tengo un contacto fluido con ellos, cada uno ocupando su lugar.

¿En ese sentido, cómo define la estrategia argentina en materia tecnológica?
El hecho de que Argentina esté siendo pensada ya es una estrategia en sí misma. Después podemos discutir cómo se la está pensando. Pero antes, a nosotros nos iba saliendo un país como fuere… Después, como la cantidad de dinero no es infinita (hacer política es decidir dónde se pone el dinero), entonces hoy se siguen las líneas de Nanotecnología, Biogenética, Desarrollo de software, Criptografía, Robótica, Aviónica, entre otras… Lo que sucedió con el lanzamiento del satélite es muy importante: que Argentina forme parte de un grupo de ocho países en el mundo que está en condiciones de mandar su satélite geoestacionario es muy significativo.

¿Existe un sentido estratégico detrás de esta búsqueda? Hoy, por ejemplo, Internet está sostenida por servers norteamericanos. Si apretan un botón podrían cortar nuestra comunicación…
A esta altura creo que eso no existe como alternativa. Pero de nuevo, es una conjetura mía, como la idea de que no se va a tirar una bomba atómica… Lo que sí necesitamos es la capacidad de generar conocimiento porque es lo que genera verdadera independencia. Si uno no puede generar sus propios medicamentos tiene que ir a comprarlos afuera, si usted no puede tener sus propias comunicaciones tiene que alquilarle un satélite a alguien, pagarle a quien lo pone en órbita, un día no puede hacerlo más o tenemos una diferencia política de algún tipo con alguno y ahí sí no quedamos sin comunicaciones. Basta ver lo que sucede con los fondos buitres. Suceden un montón de cosas en simultáneo, es difícil hacer el análisis individual para ver cómo estamos en cada una. Lo interesante es discutir estas políticas. Si hoy estoy a favor de esto es porque antes no había nada con lo que estar a favor. Lo que no significa que esté a favor en todo. Me gustaría tener una discusión que empezara desde cierta base común. Discutir qué entendemos por la nueva democracia… Por ejemplo, está el Partido de la red, que crearon Santiago Siri y Pía, junto a un grupo de gente, que está desarrollando un software con la idea de ver cómo saltarnos a los representantes…

¿Le parece interesante y viable esa propuesta?
Mire, yo en principio no le tengo miedo a nada. Me mortificaría advertirme conservador. Por poner un ejemplo, a mí me gustaban mucho Los Beatles, y mi viejo se sentó conmigo un día y me dijo: “contame, ¿qué es lo que te gusta de esto?”. Él no los podía tolerar, era del tango, y en seguida dijo, “¿Sabés lo que pasa? Si yo no te puedo entender es porque me estoy poniendo viejo y eso me da bronca”. O sea, él no me subestimaba, sino que creía que, si a mí me gustaba y a él no, es porque había algo que él no lograba ver. Eso no lo olvidé nunca.

¿Qué significa el premio recibido en Seúl?
Tengo muchas dificultades para conwwwarle esta pregunta. Primero, no tenía conocimiento de la existencia del premio hasta hace tres años, pero tampoco podía haberlo sabido mucho antes porque es muy reciente. El primero fue para Simon Singh, con quién justamente hablé hace poco porque voy a escribir el prólogo de su libro, El último teorema de Fermat, que es el mejor libro que leí en mi vida… Pero aparte de eso, el premio me es muy significativo porque no tengo nada en mi carrera profesional que sea siquiera comparable con eso. Pero, además, para nosotros, los argentinos, el hecho de que este premio se lo hayan entregado a alguien, primero del Hemisferio Sur, y después de Sudamérica, y además a un argentino, es raro… Porque más allá de que yo viva en EE.UU., mi carrera la hago en castellano, no en inglés…

Aparentemente fue otorgado por los efectos concretos logrados por su trabajo en nuestro país…
Eso fue lo que ellos dijeron, pero no lo tomemos en forma aislada. Fíjese que se eligió hace poco como Vicepresidente de la Unión Matemática Internacional a Alicia Dickenstein. Ella fue alumna mía y directora del Departamento de Exactas de la U.B.A., con eso ya tenemos dos puntos para mirar. Hace poco, dos meses y medio, le dieron el premio Ramanujan a Miguel Walsh, que es el sobrino nieto de Rodolfo Walsh, también un matemático argentino de 26 años. Algo está pasando. Al mismo tiempo le dieron en el mismo congreso de Seúl la medalla Fields, que es el equivalente al premio novel de matemática, a un matemático brasileño, Artur Avila, por primera vez en la historia. Entonces, ¿no estará pasando algo en Sudamérica? Eso dije al recibir el premio. Entonces, ¿cómo me cae? No me va a pasar nada, ni me pasó nada equivalente a esto. Y me parece que es maravilloso para todos nosotros.

Suena muy modesto…
Es que es así. U
na persona puede tener muchas cosas para comunicar y puede ser muy bueno haciéndolo, pero tiene que tener alguien que le ofrezca una avenida para hacerlo. El programa Científicos Industria Argentina lleva trece años de transmisión. ¿Cuántos programas tienen esa posibilidad? Y con un rating que siempre será discutible. Ahora voy a Argentina a grabar la octava temporada de Alterados por Pi, un programa de matemáticas que ya lleva ocho años al hilo. Estoy también escribiendo en Página 12 hace nueve años, gracias a Ernesto Tiffenberg, su director, que me propuso escribir una vez por semana la contratapa del diario. Le dije que lo que yo podía escribir era la demostración del teorema de Pitágoras. “Y yo te la publico”, me conwwwó. Así fue. Después, en algún momento, comenzamos con los libros Matemática, ¿estás ahí?, y yo no sabía que iba a pasar lo que pasó, sino los hubiese escrito 20 años antes… Cómo no darle crédito a Claudio Martínez, a Diego Gorombek, a Tiffenberg y a Tristán Bauer, a quién no conocía y cuando fuimos con Claudio a una reunión por el lanzamiento del Canal Encuentro, entró con el primer libro de Matemática ¿estás ahí? y antes de darme la mano me dijo (no me lo voy a olvidar más): “Maestro, quiero hacer este libro por televisión”, y así nació Alterados por Pi. No soy modesto. Solo que no puedo quedarme con todo el crédito.

×