Publicidad Cerrar X
X-Tremo

Titanes en el ring

El deporte que conjuga distintas artes marciales, lucha grecorromana y kick boxing no para de crecer.

Por Paloma Fabrykant

Fotos: Gentileza UFC, Triunfo 1 y Strikeforces

La pregunta no es nueva, pero siempre vuelve: ¿quién gana si un karateka se enfrenta con un judoka? ¿Quién gana si Mike Tyson se pelea con Bruce Lee? Durante años muchos aficionados a las artes marciales y el cine de acción se hicieron este tipo de preguntas sin llegar a la respuesta correcta. ¿Quién gana? El público. Cuando el peleador camina por la pasarela, los fans gritan, saltan, agitan carteles con sus nombres. Para él, el momento es único. Ha entrenado distintas artes marciales toda su vida, se ha preparado para ese enfrentamiento durante varios meses, y va a dejar todo para no decepcionar a su público. Las estrellas de MMA (Mixed Martial Arts) pueden compararse con estrellas de rock, sólo que en vez de orquestar sonidos, orquestan técnicas; y pelear en UFC es como tocar en el concierto más grande del mundo.

Sin embargo, será porque en la paleta de nuestra prensa reina el amarillo, y la violencia es lo que más vende, que mientras el mundo entero habla de MMA, el deporte de mayor crecimiento de la última década, en Sudamérica no terminamos de erradicar la idea del Vale Todo, los locos que se pelean en una jaula. Pero cuando un deporte se transforma en espectáculo, programa de TV y negocio millonario, es hora de cambiar el enfoque. Cada función de UFC (principal liga de MMA del mundo) es vista por un promedio de 15 mil personas en vivo (55 mil fue su cifra récord), que pagan entradas de 150 a 3 mil dólares, y se transmite en simultáneo para 1.000 millones de personas en 140 países y 21 lenguas diferentes. ¿No será tiempo de olvidarnos de Brad Pitt cagando a bollos a Edward Norton?


No vale todo

Vale Todo. ¿Cuánto del prejuicio que recae sobre el deporte proviene de estas dos palabras? Nada se aleja más de la ausencia de reglas que una pelea de MMA. Los tiempos están cronometrados; los pesos, establecidos; las técnicas, permitidas; las prohibidas, claramente discriminadas; y la conducta antideportiva, inmediatamente penalizada. Entonces, ¿de dónde viene el error? El término “vale tudo” surgió a mediados del siglo pasado en Brasil, cuando Helio Gracie inventó el Brazilian Jiu Jitsu, y junto a sus hijos recorrió el país desafiando a pelear a todo el que se les atreviera. Fue uno de sus hijos, Royce, quien en 1993 fundó UFC, Ultimate Fighting Championship, la liga que acabaría por unificar a los mejores peleadores del mundo. Pero fue cuando la compró la empresa Zuffa, propiedad de los hermanos Fertitta, que se cambió la noción de deporte-desafío a deporte-espectáculo y, bajo la astuta dirección de Dana White, comenzó su ascensión meteórica. Zuffa no sólo tuvo la habilidad para limpiar la imagen de UFC atrayendo TV y sponsors, y llenando su ring side de celebridades de Hollywood, sino que hizo un trabajo impecable de absorción de la competencia.

Cada vez que otra empresa creció hasta alcanzar una posición rival, Zuffa la compró y contrató a sus atletas para UFC. Fue lo que hizo con la japonesa Pride (dueña de algunos de los mejores peleadores de la historia y responsable de un espectáculo que hoy se considera de culto), cuando se encontró financieramente inestable -por las presuntas relaciones entre sus líderes y la yakuza-; y con la norteamericana StrikeForce, que llegó antes a la TV de América Latina a través de canal Space (Turner Internacional). Así, UFC asegura su dominio del mercado y los fanáticos pueden disfrutar de los enfrentamientos que, de otro modo, serían imposibles, evitando la engorrosa multiplicación de campeones que ocurre, por ejemplo, en el boxeo, con el paralelismo entre la Asociación y el Consejo.

Compre nacional

Por supuesto, en la Argentina todo es distinto. Lo que en los Estados Unidos se hace con cinco millones de dólares, acá se hace con cinco mil, pero se suman los pulmones, el corazón y el lomo de quien se lo cargue al hombro. Es el caso de José Maldonado, que organizó el primer evento de MMA de la ciudad de Esquel, Chubut (fotos) y se encargó, junto con un puñado de colaboradores de contratar a los peleadores, comprar sus pasajes, alojarlos; pagar los seguros, registrarse en la Secretaría de Deportes; alquilar el estadio, ponerlo en condiciones, alquilar la jaula, transportarla, armarla; contratar a la fiscalización, recibir al árbitro y los jueces, acomodarlos; contratar a las ring girls, a los iluminadores, a la banda de sonido, al DJ, a los camarógrafos; diseñar el afiche del evento, imprimirlo, repartirlo en los comercios; organizar las ruedas de prensa, asistir a los programas de radio y TV, además de traer a la comentarista de moda desde Buenos Aires para que el evento sea un boom. A José no le tocó dormir ese mes.

En la Argentina se hacen eventos desde el año 2001, casi todas las provincias del país ya han tenido alguno, con público de quinientas a tres mil personas, aproximadamente, y entradas de 25 a 300 pesos, pero hasta ahora ninguno ha dado real ganancia. Para que el MMA sea rentable, además de un estadio lleno hacen falta sponsors: marcas que suelten un buen metálico por ver su nombre impreso en la lona. Y cuando la lona se mancha de sangre, las marcas se echan atrás. El periodismo tampoco ha colaborado, aprovechando contingencias desgraciadas como la de un joven que tuvo un accidente (no letal) en un entrenamiento de lucha (no de MMA) para pasar imágenes de eventos profesionales, mezcladas con videos caseros, y escenas de películas de acción y hablar de “muerte en el Vale Todo”. Las tres docenas de peleadores profesionales del país, además de entrenar, hacer régimen, dar clases y trabajar, tienen que apechugar contra este estigma generado por la ignorancia. Faltan algunos años para que el público entienda que es más peligroso esquiar, o cruzar la avenida Rivadavia, que entrar a la jaula. Faltan algunos años, pero no tantos. Porque mientras haya personas que son felices peleando, otras que son felices viendo peleas, y otras cuidando que nadie salga herido, creo que los paladines de la no violencia deberían encarnizarse con alguna otra cosa. Después de todo, violencia es mentir, y MMA es la pura verdad.

×