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Bares y Tragos

The Temple Bar

El pub irlandés inauguró nuevo local a metros de plaza Armenia. Que corra la cerveza.

Por Rodolfo Reich
Fotos: Facundo Manoukian

No es necesario ser demasiado sagaz para pronosticar que el nuevo The Temple Bar, ubicado a metros de la plaza Armenia, será un gran éxito. Es que la fórmula funciona: ese mix tan porteño que une un bar de tipo irlandés con generosas jarras de cerveza, platos contundentes, precios medios y música con buen volumen. The Temple Bar cumple con cada uno de estos puntos. Y si bien la fórmula, por su propia lógica repetitiva, corre riesgo de aburrir, aquí se nota mucho conocimiento del metier gastronómico. No es para menos: con esta apertura, son ya tres los The Temple Bar en Buenos Aires.

El lugar es, antes que nada, un espacio cervecero. Allí están las marcas nacionales y las importadas (pinta de Quilmes a $33, porrón de Leffe a $45), y se suman marcas artesanales como El Bolsón, Sudamerika y Berlina. También hay una buena gama de cócteles, entre $40 y $50, siempre con bebidas premium. Pero si de elegir se trata, la lógica -estética, ideológica- aconseja apuntar a la cerveza de la casa, elaborada específicamente para el bar. Una pale ale frutada, una belgium blonde dorada y una cream stout seca, al estilo Guinness, todas por $43 los 500 cc (2x$60 en el happy hour). No sólo son ricas, sino que su venta continua garantiza la frescura.

Del lado de la comida, no hay sorpresas, y se entiende que así sea: The Temple Bar no pretende cambiar el panorama gastronómico porteño; para eso, mejor ir a Florería Atlántico. En este caso, se esmeran en preparar contundentes tablas (la completa, para tres o cuatro personas, incluye jamón crudo, cocido, leber, mortadela, chorizo, quesos parmesano, pategrás, azul y dambo, aceitunas y pepinillos, todo por $135), groseras porciones de papas fritas (con salchicha y barbacoa, $60), pizzas, sándwiches, tapas como el pollo crocante con salsa picante ($50), cazuelas y más.

Hasta acá, lo conocido, lo esperable. Pero esta apertura merece reseñar un detalle más, tal vez lo mejor del lugar. El local (una casona señorial, donde antes supo estar La Dolfina) es alargado y angosto, y da cierta sensación de encierro. Pero de costado surge, casi anónimo, un pequeño corredor descubierto que se abre hacia el pulmón de manzana, donde aparece de pronto un precioso patio cervecero, con promesas de cielos estrellados y refrescante aire libre para esta incipiente primavera. Ese patio, cubierto de árboles y plantas, termina de armar un combo que, como auguramos al principio, sin dudas será exitoso.

Dirección: Costa Rica 4677
Teléfono: 4831-5430
Horario: de martes a domingos de 19 al cierre (happy hour hasta las 23)