Publicidad Bajar al sitio
Columnistas

Te llamo desde el cielo

Tendencias, modas, tips extravagantes de última hora. Un argentino viviendo en la corte del Tío Sam desde los años 90.

Por Javier Andrade (desde Los Angeles)

Este año puede quedar en la historia. Aún no está dicha la última palabra, porque fue tal la reacción que se volverá a votar tras escuchar a la gente, pero 2013 terminó con una fuerte discusión sobre el uso de los teléfonos celulares durante los vuelos.

Este es, obviamente, un país sensibilizado por las teorías de seguridad nacional y atormentado por la certeza de que cuando hay alguien decidido a hacer daño no hay rayos x que valgan; nada elimina por completo los riesgos en que uno incurre a la hora de subirse a un avión en Estados Unidos.

De ahí que la idea de que unos tipos de caritas sospechosas comiencen a hacer llamados una vez en el aire, es casi como una invitación a disfrutar la peor montaña rusa. Peor aún, ¿quién es quién para decir que esa cara es menos sospechosa que aquella otra? Esto es lo que aquí se conoce como abrir una lata de gusanos. Este potencial abuso de autoridad en nombre de la seguridad de los pasajeros, salpicaría en todas las direcciones.

Lo cierto es que 2014 puede ser el año en que se dé por terminada una prohibición que se ha extendido 22 años; porque no se permite su uso durante los vuelos prácticamente desde que existen y se venden masivamente los teléfonos celulares. El clásico mensaje del altavoz es: estamos por despegar, apaguen sus celulares… y hemos aterrizado, pueden usar sus teléfonos.

Eso cambió, oficialmente, en diciembre. Primero, la Federal Aviation Administration (FAA) levantó la prohibición de usar aparatos electrónicos como tabletas iPad o libros digitales tipo Kindles, abajo de los tres mil metros de altura, cosa que también estaba prohibida hasta no alcanzar la altura crucero de un vuelo, de unos 10 mil metros.

Esto porque la entidad reconoció que estos elementos no interfieren con el instrumental dentro de la cabina del piloto. Esta era una de las tantas reglas que los pasajeros estaban acostumbrados a obedecer por siempre, y de buen grado. A nadie le interesaba pasar a la historia como aquel que por contravenir una regla generaba una catastrofe aérea.

“Tenemos que reconocer que hay nueva tecnología”, dijo un ejecutivo de la Federal Communications Commission (FCC) ente regulador que, en primera instancia, subió la apuesta y decidió llevar a votación la posibilidad de hacer llamadas telefónicas en el aire.

Esto porque así como se hizo público que las tabletas no interfieren con las operaciones de la cabina, también es público que la evolución de la tecnología celular ha eliminado el riesgo de interferencia de los teléfonos celulares con las redes celulares de los distintos países y territorios por los que se sobrevuela.

Ya no existe la posibilidad que el uso de un celular en un avión genere una sobrecarga de la capacidad de una torre de teléfono situada en tierra firme. No es una sobrecarga para las torres ni es un riesgo para la seguridad del vuelo. Con esa certeza los miembros de la FCC votaron un ajustado 3-2 favorable a permitir el uso de los celulares.

Ahí saltó primero la gente del Departamento de Transporte (DOT) que supervisa la aeronáutica del país. Primero expresó su reticencia en nombre del bienestar de los pasajeros, que no quieren estar escuchando conversaciones por todos lados sin poder escapar de un compañero de asiento parlanchín o de un sector del avión particularmente dominado por charlatanes.

Luego apeló al sentido común de cada aerolínea a la hora de decidir si mantener la prohibición o no en sus vuelos. Y por último anunció que aunque el gobierno, a través de FCC, anuncie que se pueden hacer llamadas durantes los vuelos, DOT va a crear su propia prohibición para evitar que suceda.

Luego hablaron la Asociación de Azafatas, argumentando que esto “puede dar lugar a peleas entre pasajeros”, y como contrapunto la Asociación de Telecomunicaciones de la Industria y los proveedores de teléfonos, que son parte interesada y apoyan el cambio histórico: “la gente que ha podido hacerlo no habla mas de dos minutos, o sólo escucha sus mensajes”.

El agua tibia llega con una prupuesta presentada por demócratas y republicanos, juntos, lo cual es muy poco común. La propuesta es que se limite el uso de aparatos al envío de mensajes de texto y de correos electrónicos, porque para la gente es muy útil poder comunicarse durante un vuelo, pero no es tan importante poder mantener conversaciones telefónicas. Esto ha sido presentado ante el congreso como el Acto de Cortesía en Vuelos Comerciales.

Delta Airlines ya anunció que no permitirá llamados, y otra aerolínea como Southwest se apoya en la estadística de que el 60 por ciento de los pasajeros consultados no quiere escuchar conversaciones telefónicas durante el vuelo. Los números son mayores si se le pregunta a quien vuela más de cuatro veces al año; en este caso, el 78 por ciento rechaza las llamadas telefónicas.

La verdad, como siempre, pasa por otro lado. Hay una imposibilidad real: el costo y las limitaciones técnicas de las aerolíneas. Para poder ejecutar esto, se deberían reacondicionaar los aviones con equipamiento que permita transmitir señales hacia la tierra, lo cual puede ser muy caro para empresas que hoy, en viajes de cabotaje, te cobran hasta por un sándwich. Y olvidate de ligar una cerveza gratis. Sin tarjeta de crédito no hay paraíso. Y aún con ella, nadie te garantiza que puedas llamar a tu familia desde allá arriba.

×