Columnistas

Te clavó el visto

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

-Estoy agotada.

-Y eso que no tenés hijos. ¿Cómo hacían nuestras viejas, con tres, cuatro, siempre alguno colgado de la teta?

Pregunto, mientras Carmela intenta, una y otra vez, meter el tabaco en el papel: ahora que fuma armados –fumar ya no está de moda, pero fumar armados, sí- tarda más tiempo en el ritual preparatorio que en pitarlo.

-Es que nuestras viejas no tenían Facebook, ni twitter, ni nada.. Les sobraba el tiempo.

Me río y le hago señas exageradas a una chica. Estamos en una de esas veredas de Palermo en las que las camareras evitan el contacto visual y, para que te atiendan, tenés que sacudir el brazo como la Reina del Mar desde la carroza.

-¡Lo digo en serio! Cada vez que miro el celular tengo 125 mensajes. ¿En qué momento se armaron todos esos grupos de whatsup en el que el jaja aparece una vez cada cuatro segundos? ¿Para qué pone jaja la gente cada vez que escribe algo?

-Pará un poco, esa gente se supone que es amiga tuya.

-Ahora cualquiera arma un grupo y te agrega, si hasta estoy en uno con los del consorcio…

-¿Lo tenés al exhibicionista?

-¿Cuál?

-El que salía en bolas al balcón y bamboleaba al muñeco como si fuera un plumero. ¿No te acordás?

-Ah, Mauri, Mauricio. Ese es el peor, manda caritas, ositos panda, fuegos artificiales, uno atrás del otro, pero debe como tres cuotas de las expensas extraordinarias. ¡Flaco, tenés mil años, largá los ositos y poné la tarasca!

-Te noto un poco alterada y el año recién comienza. ¿Todavía no retomaste yoga o le estás dando demasiado a las harinas refinadas?

– No, no, perdón, es que estuve toda la mañana peleándome con el superdotado de mi novio.

-¿Pero no estaba con sus amigos en la costa?

-Ese es el problema, ¿adiviná por qué nos peleamos?

-¿Porque vos le dijiste que cuando vuelva nosotras nos vamos al Tigre?

-No, eso ni llegué a decírselo. Nos peleamos porque el hijo de puta no me responde los mensajes… la mandé un whatsup ayer a la noche, me clavó el visto…

-¿Te clavó el qué?

-El visto, nena, actualizate. Cuando te aparecen las dos rayitas en celeste significa que lo leyó. Y si no te fijás arriba a qué hora usó por última vez el teléfono, no hace falta ser Stiuso para hacer inteligencia… La cuestión es que vio el mensaje ni bien se lo mandé y ni me respondió.

-Eso es letal, no me digas que entraste en la fase compulsiva de mandar mensajes sin parar.

-Traté de controlarme. Hoy a la mañana me desperté y como vi que no me había escrito, respiré hondo y me dije: ‘No la pudras, escribile buena onda’.

-¿Y?

-Me respondió a la hora, pero como si fuera su mecánico, con un ‘Todo bien’. Yo digo: si estás con tus amigos de joda en la costa, hace cinco días que no me ves, ¿por qué no sos un poco más piola?

-Y sí. ¿Entonces?

-Obviamente todo derivó en una pelea con revisionismo histórico en el que ninguno de los dos ahorró reproches que a esta altura tendrían que estar prescriptos. Y cuando me di cuenta, hacía dos horas que estaba dale que te dale con ese tecladito de mierda del teléfono y no había hecho nada de lo que tenía que hacer… y encima sabía que el crack después se iba a la playa con sus amigos y yo a mirarle la cara de sapo triste a mi jefe.

-Hay que cortar con la virtualidad, definitivamente, cada vez que…

-¡Amigaaaaaaaaas!

Anita llega como un trompo acalorado y nos saluda como si estuviera entrando al living de Susana: trae un nivel de excitación inusitado en ella. La miramos intrigadas y antes de que abra la boca, Carmela lo adivina todo.

-¡Estás embarazada!

Anita sonríe, saca el teléfono y nos frena en el intento de abrazo.

-Paren, paren, que tengo que mandar un whats up.

-¿A quién?

-¿A quién va a ser? ¡Al padre de la criatura, que todavía no sabe nada!