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General

Summer & Drinks

No hay mejor plan que los tragos en un clima cálido. Pero el verano es más que mojitos y caipis: una guía para calmar la sed cuando el termómetro supera los 30 grados.

El verano ya está entre nosotros. No es una sensación térmica, sino la más dura y cruel realidad. Mínimas de 30 grados y máximas imposibles acrecentando nuestra sed y la necesidad de resfrescar cuerpo y espíritu. Verano y coctelería van de la mano, con frutas, destildos y bares armando las calles de un nuevo mapa porteño. El hielo ya está listo: sólo faltás vos. 

Encontrá la nota completa en el número de diciembre.

EDITORIAL. Tiempo de tragos
Por Javier Rombouts

El verano llama a cierto espíritu de relax. Pero no de un relax meditativo sino, por el contrario, festivo. Y no tiene que ver sólo con la proximidad de las fiestas ni se trata de una especie de prólogo de las vacaciones. Es otra cosa. Ocurre que el clima cálido propicia cierta bienvenida a los atardeceres, a las charlas distendidas en un patio, en un jardín, en una terraza o en un parque. Y para que esas charlas tengan el combustible necesario, nada mejor que un trago. Así se llega a una fórmula imbatible, casi publicitaria: verano, atardecer, amigos, trago. No hay manera de mejorar eso.

Sin embargo, durante mucho tiempo -años- la ecuación funcionaba con otras bebidas en lugar del trago. A su hora el vino blanco, en su momento los espumantes, muchas veces las cervezas. Pero del trago ni noticias. A lo sumo, algunos directos como el gin tonic o el ron con cola y algunos malabares como el nunca bien considerado whisky con soda o el territorialmente argentino, fernet con cola. O un par de clásicos traídos de veranos más tórridos como el brasileño -las distintas caipis- y el cubano, el mojito. No mucho más.

Pero algo ocurrió porque, en silencio, el trago volvió. Así, cuando nadie lo preveía, lo hizo. Así, sin panorama claro y pocas chances, volvió. Con todas las apuestas en su contra. Con una fuerza enorme volvió. Para quedarse volvió.

Y este dato no sólo habla del resurgimiento de los consumidores de cocktails sino también de la nueva imagen de los bartenders -de nuevas generaciones- y -claro- de las cartas de los bares donde los tragos volvieron a convertirse en las estrellas de lujo.

Por eso, este verano merece un brindis. No sólo por las fiestas que ya llegan, no sólo por el futuro 2013, no sólo por el 2012 que se va sin fin del mundo. Pero un brindis clásico y elegante. Con un trago.

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Además, en este número:

+ Carlos Sorín, pescador de ilusiones
+
El nuevo perfil cultural de Miami
+ Vinos dulces:
la nueva golosina argentina. 

… y mucho más!

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