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Agenda

Sueños rotos

Bye Bye American Pie, una muestra de 40 destacados artistas estadounidenses que refleja la caída del sueño americano.

Texto: Claudio López Iscafre

Las subculturas que generó el auspicioso sueño americano y la crítica despiadada a una sociedad que estaba cambiando, son los ejes temáticos por los que camina Bye Bye American Pie, una de las exposiciones que inaugura el calendario 2012 de la Fundación Costantini. En la Sala 5 del segundo piso del museo Malba se exhiben, hasta el 4 de junio, más de cien obras de siete de los artistas más destacados de los Estados Unidos. Irreverentes, transgresores y vanguardistas para su tiempo, cada uno de ellos supo reflejar el pulso de un país que estaba soñando con otras cosas, no tan placenteras como hasta entonces.

Para comprender la esencia de la misma es necesario captar la mirada que su curador, el experimentado Philip Larratt-Smith, le imprimió a las salas, las cuales a su vez representan un celuloide virtual en el que los expositores aparecen como protagonistas indiscutidos. Él explica: “La producción de estos artistas profetiza la decadencia gradual de los Estados Unidos, no sólo en su hegemonía económica y política, sino también como cultura y como ideal”. Estas palabras toman aún más sentido cuando se visita la muestra y se observa el equilibrado diálogo entre las obras, más allá de las técnicas y los soportes.

Sexo, drogas y rock n’ roll

Los que visiten Bye Bye American Pie se encontrarán con un recorrido inquietante, hasta por momentos perturbador, pero muy necesario para entender la decadencia de una sociedad que hasta ese momento lo pintaba todo con los colores esperanzadores del flower power. La inocencia perdida se aprecia, por ejemplo, en el portfolio fotográfico que expone Larry Clark, uno de los fotógrafos y cineastas más destacados de la posguerra. Cincuenta fotos en blanco y negro alcanzan para reflejar la vida en Tulsa, Oklahoma, donde el artista se crió. Así se mezclan imágenes de embarazadas inyectándose, secuencias porno, mujeres golpeadas y hasta el entierro de un bebé. “Me inyecté con mis amigos todos los días durante tres años”, confiesa Clark, como preámbulo de esta serie de imágenes que impacta. Bárbara Kruger, camina por otros registros pero también instala la crítica social. Sus gigantescas imágenes continúan la estética usada en la propaganda política en los tiempos de Ronald Regan, pero le suma frases incómodas, como por ejemplo: “El mundo es chico pero no si tenés que limpiarlo”. Serigrafías y fotos sobre vinilos toman forma de collages donde el color rojo impera sobre el negro.

Lugar común, la muerte

Cada uno con su estilo, los artistas se expresan sobre dicho período cultural con diferentes herramientas. De esta manera Jean-Michel Basquiat vuelca su arte graffitero urbano en sus obras, las cuales, sumadas a su extravagante personalidad, lo convirtieron en la primera superestrella negra del arte de los años ochenta. Muerto tempranamente por sobredosis, siempre fue criterioso con su obra: “Mis temas son la realeza, el heroísmo y la calle”, aseguraba. Por su parte Nan Goldin expone The Ballad of Sexual Dependency (La balada de la dependencia sexual), una serie de 16 fotos y diapositivas de 35mm pasadas a video con sonido, donde conviven la muerte, el sexo y la homosexualidad. Jenny Holzer, maneja otro lenguaje: en su universo caben obras que incluyen informes gubernamentales desclasificados sobre Guantánamo, estrategias de la guerra de Irak y reportes de autopsias. O registros diferentes, no convencionales, como los que utiliza Cady Noland, donde los recortes serigrafiados y todos aquellos elementos que la cultura norteamericana descartó, se fusionan en sus instalaciones.

Un párrafo aparte merece Paul McCarthy. Desde que uno ingresa a la muestra escucha un ruido incómodo, un gemido agónico que no se aquieta. Es necesario visitar la última sala para comprender que ese quejido es la voz de la obra llamada “Train, Mechanical”, una gigantesca escultura con movimiento donde dos hombres tienen relaciones sexuales con puercos. Con esta orgía salvaje y horrorosa el artista refleja los impulsos que llevan al sexo y a la muerte. Siguiendo esa línea imaginaria que el tiempo traza, esta exposición se presenta como la secuela de Andy Warhol, Mr. America, exhibida en el mismo museo hace dos años. En ese momento la muestra también contó con la curaduría de Larrat-Smith, quien además, en este caso, acompaña la exposición con el ensayo titulado “El malestar de la cultura” y cuenta con las colaboraciones exclusivas del novelista y crítico estadounidense Gary Indiana y del filósofo y escritor británico John Gray.

La exposición toma su nombre de la extensa y crítica canción “American Pie” de Don McLean, donde el cantante describe la caída de los pensamientos de la generación de los años sesenta.Vale la pena visitarla y adentrarse por unos instantes en el trabajo artístico de un pasado reciente que nos ayuda a entender nuestros días.

Hasta el 4 de junio de 2012

MALBA Avda. Figueroa Alcorta 3415

Recomendación extra: consultar la programación del ciclo de cine inspirado en la muestra aquí.


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