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General

Street Art

El paisaje urbano muta constantemente en las paredes de las ciudades. El arte callejero ataca con una explosión de colores y propuestas que van del graffiti hasta los murales.

Desde la prehistoria, el hombre tuvo el impulso de dejar su marca en los espacios que ocupó, una huella que pudiera dar cuenta de su estancia en el planeta. Las pinturas y grabados en la Cueva de Altamira son una evidencia contundente de esto. Siglos después, en plena saturación de las grandes ciudades, nos encontramos con calles plagadas de otra clase de huellas, no menos wwwimoniales que aquellas pinturas en las rocas. Hoy la ya instalada invasión publicitaria encuentra su contracara en caóticos graffitis, ingeniosos stencils, sofisticados murales que pujan por ganarse el espacio urbano contemporáneo; un espacio complejo y recargado, que lo único que no admite es la idea de vacío. Basta con levantar apenas la mirada, prestar sólo un poco más de atención en el derrotero cotidiano, para advertir cómo el paisaje de la ciudad se ha modificado de manera radical. Donde antes reinaba la sobriedad de la cal, en paredones y puentes, en paredes de casas, plazas, en fachadas de negocios, ahora encontramos una suerte de caleidoscopio gigantesco conformado por todo tipo de colores, palabras y formas. ¿Pero a cuáles de todas estas manifestaciones podemos catalogar de arte y a cuáles no? ¿De qué hablamos realmente cuando hablamos de street art o de arte urbano? ¿Cuáles son sus límites, sus tradiciones, sus categorías?

Una vez que el arte se secularizó, mantuvo siempre un resto marginal, rebelde de acuerdo con los regímenes de cada época, y no sólo dentro de la sociedad, sino también de la esfera del arte mismo. Establecer qué es arte y qué no, si algo es un hecho artístico o una estupidez que cualquiera puede hacer es la pregunta última del arte contemporáneo. Por ejemplo, cuando en 1917 Marcel Duchamp dio vueltas un mingitorio y lo firmó, convirtiéndose éste en uno de sus más famosos ready-mades, se proponía hacer saltar los estatutos del arte impuestos en su tiempo. Pero el inexorable destino final de esa obra fue la sala de museo. Entonces, qué es lo que ocurre con todas estas cuestiones cuando hoy el arte gana la intemperie y se traslada al espacio público, a las calles que transitamos día a día.

Leé la nota completa en el número de agosto de Bacanal.

EDITORIAL. Post mundial y graffitis

Se terminó el Mundial de Fútbol, lo que se puede equiparar al final de las vacaciones: hay cierta tristeza por el final, cierta melancolía. Y no sólo porque Argentina no haya salido campeón (también por eso), sino por esa sensación de limbo constante que propone durante un mes y medio uno de los espectáculos más grandes del mundo. El Mundial logra que uno hable incluso con esa persona a la que habitualmente ni siquiera se la saluda con un buenos días.

Pero está dicho, se terminó. Y los mundiales de básquet y rugby que se vienen, difícilmente consigan –al menos en Argentina– el mismo efecto. Para colmo, tuvimos que atravesar las vacaciones de invierno, con todos esos niños en las calles.

Por eso, este agosto es un mes complejo, como un nuevo inicio de ciclo. Hay que volver a ponerse en marcha y escribirlo –ahora que los niños volvieron al colegio– en las paredes de las calles para que nadie se olvide que es necesario resetear y dar de nuevo.

Y nuestra tapa de este mes sobre street art justamente nos ayuda a escribir(nos) nuevamente en el calendario. Es que el arte callejero logra lo que el arte de museo hace mucho no consigue: volverse revulsivo, provocador, maleducado. Genera polémica y posturas encontradas –como ocurrió con las pintadas en los nuevos vagones de tren–, hace que la gente discuta a su alrededor, rompe con lo establecido. Ojo, que quede claro: no cualquier pintada callejera es un hecho artístico, pero muchas pintadas callejeras sí lo son. A pesar de lo que piensen o digan los endiosadores del museo y la estratificación del arte. Ocurre que a la Academia (así, en mayúscula) se babea con Christo y Jeanne-Claude envolviendo como para regalo el Reichstag de Berlín o el Puente Nuevo de París, pero pone el grito en el cielo cuando un grupo interviene una pared.

Este mes, en Bacanal, celebramos el arte plasmado en las calles mientras se va disipando el síndrome de abstinencia posmundial. Y, mientras tanto, vamos acercándonos a nuestro décimo aniversario. Lo dicho, un mes complejo. Lo que vamos a decir ahora: el mejor mes posible.

Javier Rombouts
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Además, en este número:

+ Entrevista con David Cronenberg
+ Enólogos de exportación.
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Coctelería: tragos extremos.

… y mucho más!

 

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