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Tecno

Sin sudar la camiseta

Los eSports: la disciplina deportiva que se hace desde la comodidad del sillón y ofrece millones de dólares como premio.

Por Tomás Balmaceda

El año 2013 se despidió con una pequeña novedad burocrática que pasó desapercibida por los grandes medios de comunicación, pero que en algunos años será recordada como un hito histórico. Kim “Violet” Dong Hwan, un joven surcoreano de 23 años, y Danny Le, un canadiense de 20, se convirtieron en las dos primeras personas en obtener una visa como deportista en los Estados Unidos… gracias a los videojuegos. Se sabe que en las tierras del Tío Sam las políticas inmigratorias son poco flexibles y poder obtener un permiso para vivir y trabajar de forma legal allí no es sencillo. Futbolistas, basquetbolistas y tenistas, por ejemplo, sólo pueden lograr la ansiada autorización estatal si demuestran que son profesionales en sus deportes y que tienen un club o entidad privada que los requiera para que los representen en competencias. En el caso de Kim y Danny, fueron sus increíbles performances en los videojuegos StarCraft 2 y League of Legends, respectivamente, lo que convenció a la U.S. Citizenship and Immigration Services para otorgar estas visas. Con el permiso, ahora ambos podrán vivir los próximos cinco años en territorio estadounidense y recibir un salario por entrenar todos los días junto a su equipo. Además, representarán a ese país en torneos locales e internacionales. Kim confesó que lloró sin parar cuando recibió la noticia por teléfono, ya que había solicitado en tres ocasiones diferentes una visa de estudiante sin éxito y este trámite era la única manera en que podía evitar el destino inexorable que tenía en su país: entrar al ejército.

La decisión del gobierno de los Estados Unidos no es azarosa, y muestra cómo cambiaron las cosas desde 1972, cuando Nolan Bushnell presentó en sociedad Pong, el primer videojuego de la historia. Dos barras rectas con un único movimiento vertical y un cuadrado que hacía la suerte de pelota es todo lo que tenía este programa que se convirtió en un furor en una feria de inventos, lo que lo alentó a fundar -junto a un amigo- una modesta empresa a la que bautizó ATARI. Hoy, el mundo es otro: se espera que este año los videojuegos facturen 24 mil millones alrededor del mundo entre títulos, consolas y accesorios (en 2012, esa cifra fue de 20.77 mil millones), lo que lo convierte desde hace tiempo en una industria que supera al cine y a la música en ganancias. Y así es como se entiende la actual y concreta existencia de los eSports, la práctica profesional de videojuegos en competencias.

 

Fenómeno de masas

Si bien las primeras organizaciones de eSports se formaron en la década del 90, en los últimos años despegaron gracias a Internet y al apoyo de empresas interesadas en ser parte de este fenómeno global. Entre estos torneos se destacan los World Cyber Games (WCG), considerados por muchos como el correlato electrónico de los Juegos Olímpicos. Existen torneos clasificatorios en diferentes países, de donde salen los representantes para las rondas mundiales.

En el caso de la Argentina, las finales nacionales de WCG -que se realizaron en los últimos tres años en el Palacio Alsina, con un despliegue inusual organizadas por la comunidad online Local Strike- son vividas con un nivel de intensidad y pasión dignas de un partido de fútbol. El ídolo local es Francisco Sotullo, un platense con una carrera de más de una década en los videojuegos bajo el nick Patán. Su popularidad es tal que brinda seminarios de distintos títulos en todo el país y le cuesta caminar en los torneos, ya que el público le pide autógrafos y fotos luego de ganar incontables trofeos locales, ser campeón panamericano de los WCG en 2008 y ganar la medalla de bronce a nivel mundial en 2012 y 2013 en China. Hoy es uno de los nombres más fuertes en el popular juego FIFA 13 y desmiente varios prejuicios: “Jugar en los WCG fue una de las experiencias más maravillosas de mi vida, hice muchos amigos y empecé a entender lo que es el mundo del gaming. Al año siguiente me traje mi primera medalla de bronce en los WCG Grand Final, el torneo más importante del mundo. Fui el primer jugador en Argentina en tener ese logro, para mí fue todo un orgullo llevar nuestra bandera y mostrar que el gaming argentino es suficientemente bueno para competir en torneos internacionales”.

Si bien un estudio publicado por la central de medios MindShare muestra que en Argentina el 60% de los gamers son hombres de entre 18 y 34 años, las chicas están pisando fuerte. Quizás la más popular es Micaela Giagnoni, una joven de 22 años que -bajo el nick Parkita- llegó a lo más alto del Quake III. “No me acuerdo cuándo empecé con esto de los juegos… para mí fue como tomar la mamadera o usar chupete, nací así. Buscando culpables, supongo que está mi papá, que toda su vida se dedicó a ser técnico electrónico y gracias a él que tuve una computadora antes de caminar”, confesó. Tanto Parkita como Patán lograron el sueño de vivir de los videojuegos y dedican largas horas del día a entrenar y mejorar sus performances como atletas del eSports.

Y es que no resta demasiado camino para que la escena de los torneos de videojuegos en la Argentina pueda estar a la altura de los Estados Unidos o Europa. De hecho, en noviembre pasado cientos de fanáticos colmaron el teatro Metropolitan de Buenos Aires para asistir a la final del campeonato de “League Of Legends”, el juego más popular de su categoría (cuenta con 27 millones de jugadores diarios, y la final de campeonato a nivel mundial premia al equipo ganador con un millón de dólares). Con una transmisión que duró nueve horas y fue vista por 100 mil personas en todo el globo, el desenlace del torneo dejó al equipo de Isurus Gaming en la cima, con un premio de 20 mil pesos y el pasaje para la final internacional en San Pablo, que se jugará este mes. ¿Podrá la Argentina alzarse con la Copa del Mundo en el Mundial de Fútbol y con la Copa de eSports, todo en el mismo año y en territorio brasileño? Viejos sueños y viejas rivalidades para los nuevos deportes del siglo XXI.

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