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X-Tremo

Sin lugar para los débiles

Es el entrenamiento de moda. A mitad de camino entre el fitness y las artes marciales, aparece como la relectura posmoderna de la actividad física.

Por Marina Agra
Fotos: Marcelo Arias

Entre los años 50 y los 90, las empresas tabacaleras invirtieron millones de dólares en campañas que proponían a vaqueros fumadores como el modelo a admirar. Sin embargo hoy, no solo esta tendencia murió sino que son las personas deportistas, preocupadas por seguir una alimentación saludable, verse bien y estar vitales, las que se ubican como el ejemplo aspiracional. Y todavía más: aquellas que hacen de la superación constante un lifestyle. Para comprobarlo basta saber que el crecimiento del fitness a nivel mundial en los últimos años fue exponencial y ver lo que está pasando con el Crossfit, una disciplina de la que se habla mucho, se practica cada vez más y se sabe bastante poco; un tipo de entrenamiento que genera auténticos fanáticos dispuestos a defender sus atributos y demostrar por qué creen que es la mejor opción de acondicionamiento físico. El Crossfit es joven. Tiene tan solo 13 años de historia y su cuna está en los Estados Unidos. Los responsables de traerlo a la Argentina tienen nombre y apellido: Lucas Caruso, Santiago Terbalca, Nicolás Ini y Martín Casas, cuatro hombres del palo del capoeira que se animaron a colgar un cartel de Crossfit en el barrio porteño de Palermo y abrir el primer box -así se llama el lugar donde se practica esta disciplina-, Tuluka. Fue en diciembre de 2011 y en ese entonces contaban con cien alumnos. Hoy, menos de tres años después, ya suman más de 2.000 socios que se dividen entre sus cinco gimnasios ubicados en Nuñez, River, Palermo, Pilar y La Plata. Subtítulo: La evolución del fitness “Tuluka nació a fines de 2008 en el living de la casa de Santiago. Él estuvo siempre vinculado a las artes marciales y al capoeira. A raíz de que notó que su cuerpo tenía muchas lesiones, se puso a investigar qué podía hacer para fortalecerse. Le llamó la atención el alto nivel de atletismo de los rusos y, uniendo estos dos puntos, se encontró con el entrenamiento con kettlebells (pesa rusa) que lo llevó al entrenamiento funcional y finalmente al Crossfit”, cuenta Caruso. Santiago confió tanto en esta disciplina que corrió los muebles de su casa en Villa Urquiza y empezó a dar clases ahí. De a poco fue convocando gente y logró llegar a cincuenta personas, entre los que estaban sus socios. Los contagió. Volaron a ver lo que estaba pasando en Estados Unidos y después de viajar tomaron la decisión de dar el paso y abrir el primer box afiliado a Crossfit del país. ¿Si la disciplina creció? Hoy hay ochenta. ¿Pero qué es el Crossfit concretamente? Suele leerse que se trata de un entrenamiento militar de alta intensidad. Lo cual es igual a decir nada. El Crossfit podría denominarse la evolución del fitness. Se trata de una disciplina pensada para el acondicionamiento físico de cualquier persona, de cualquier edad, que busca mejorar funcionalidades claves como la potencia, la resistencia, la fuerza, la precisión y el equilibrio y a su vez devuelve una composición física más fibrosa, magra. Pero el Crossfit tiene algo más. “No se trata solo de lo que la gente consigue a nivel físico, sino también lo que pasa a nivel psicológico. Algo que en el gimnasio puede llevar años lograr, o inclusive no conseguirse nunca, el Crossfit te lo da en menos tiempo. Al estar compartiendo una actividad de forma grupal se genera una sensación de pertenencia, una empatía con el otro, que hace que se formen grupos más allá de las clases”, asegura Caruso.

Barbie is dead
Dice el mito urbano que aquellos que se animan a cruzar la puerta de un box no pueden salir más y mucho menos volver a un gimnasio convencional. Los crossfiters son una comunidad con un idioma particular, una alimentación precisa basada en proteínas y grasas y un conocimiento del cuerpo y la nutrición muy por encima de la media de la población. Se ven y se saludan con un choque de mano derecha y un golpe de puños y vuelven a hacerlo cuando termina la clase en señal de felicitación y compañerismo. Se alientan y tienen sumamente inculcado el concepto de autosuperación. Toda una idiosincrasia que viene de las artes marciales y que es replicado por este grupo de hombres y mujeres dispuestos a “dejarlo todo” en cada clase. No hay grises para un crossfiter. Las paredes de Tuluka hablan. Gritan. Hasta parece que muerden y que si alguien no está dispuesto a sacar lo mejor de adentro, tiene que irse. “Dejalo todo”. “No será fácil pero valdrá la pena”. “Motivated people only”. Y una frase bien contundente: “Barbie is dead”. Es que el modelo de chica flaca, lánguida y sin tonicidad no es el aspiracional de las que eligen Crossfit. Las crossfites prefieren los hombros marcados, las piernas lo más torneadas posibles y una actitud de fortaleza visible.

Pro y contras del crossfit

Aunque el efecto es contagioso, hay que admitir que, sobre todo después de la muerte de un joven durante la entrada en calor en un box de Recoleta, la disciplina ganó detractores. Caruso da su punto de vista al respecto: “La falta de información genera confusión. Por una cuestión marketinera se vendió al Crossfit como un entrenamiento militar, y no lo es. La alta intensidad no se inventó en Crossfit, ya existía de antes. Lo que sí se hizo fue masificar un concepto a toda la población. Hoy es posible trabajar en intervalos de alta intensidad sin generar lesiones ni matar a nadie. Obviamente hay que tomar recaudo como en cualquier actividad física. Si vas a jugar al tenis, a correr, a nadar, las precauciones tienen que estar. Pero sin dudas es mucho más riesgosa la practica aleatoria de un deporte”. Y agrega que una persona que va a jugar un partido de fútbol 5 una vez por semana, corre más riesgos que un alumno que entrena en su box siguiendo una programación de nutrición y guiado por un coach. “La gente corre maratones como si fuese algo normal, y esto es sin dudas más riesgoso. Porque el cuerpo humano no está preparado para 21K o 42K. Se trata de un estres mucho más agresivo que una clase de Crossfit que está pensada y adaptada. Y acá un punto importante: no todo el que viene trabaja la misma intensidad ni con el mismo peso”, resume. En este sentido es que el consejo en el que coinciden los crossfites es que lo importante es entrenar en un lugar con trayectoria, que asegure un alto grado de profesionalismo. Guido Ignacio Mazzoni, dueño de BIGG Crossfit, otro de los box referentes, también opina: “El crossfit es una disciplina mucho más inclusiva que el gimnasio porque todos hacemos lo mismo. A pesar de que trabajemos con distinta intensidad, hablamos de lo mismo y esto da como resultado una comunidad”. Mazzoni cuenta que tanto él como sus socios (todos familiares) vienen del mundo del rugby y encontraron en el Crossfit un sentimiento de club muy similar al que experimentaron durante toda su vida. Los números de BIGG son elocuentes: el primer box abrió hace un año, en Recoleta. Hoy ya suman mil socios y cuentan con nuevos gimnasios en Palermo, Belgrano y se están expandiendo a Paraguay y a Bolivia.

Superación y Súperacción
Una clase de Cossfit está dividida en bloques y su duración es siempre de una hora. “Los movimientos que usamos son movimientos que van a ser transferibles a otros deportes y a la vida cotidiana. Son derivados del levantamiento olímpico y de pesas, de la gimnasia deportiva y del kettlebell training. Básicamente se trabajan las habilidades motoras de una manera especifica para evitar riesgos de lesión”, describe Yasmin Blale, profesora de educación física y coach de Crossfit. Primero se hace una entrada en calor y luego una fase técnica en la que los coach explican los movimientos que van a componer el entrenamiento de ese día. “En esa instancia corregimos errores posturales, de ejecución, observamos si hay dificultades, alguna limitación y en caso de que la haya, le damos al alumno una adaptación del ejercicio”, cuenta Blale. Luego viene el entrenamiento del día, conocido como WOD (workout of the day). Se trabaja por un tiempo determinado, máximo de veinte minutos. En ese WOD se varían los ejercicios que fueron explicados en la fase anterior de forma intermitente. “El entrenamiento va a estar orientado a tratar de lograr la máxima intensidad relativa a cada persona. Puede estar compuesto por un bloque pura y exclusivamente de fuerza o la práctica de alguna habilidad como técnica de levantamiento olímpico o alguna similar a las de gimnasia deportiva”, detalle Blale. Finalizado el trabajo del día, los alumnos anotan sus resultados de tiempos o cantidad de repeticiones alcanzadas en un pizarrón y la clase termina con una vuelta a la calma que puede ser orientada a la relajación, o a ganar movilidad articular, o recuperar los tejidos. Cada box a su vez cuenta con atletas que entrenan para alcanzar los niveles de rendimientos de Estados Unidos, Canadá y Australia, pioneros de la disciplina. Si bien muchos de los alumnos van simplemente a mejorar su calidad de vida, otros aspiran a convertirse en profesionales del deporte.

Estilo de vida
Un exponente del Crossfit en Argentina es Anita Seccia. Con un cuerpo absolutamente trabajado y musculoso, se animó a ir en contra de los viejos ideales de belleza y es considerada de las más lindas y mejores mujeres crossfiters del país. “Empecé a hacer crossfit en 2011 por el solo hecho de mejorar mi rendimiento en capoeira pero enseguida me di cuenta de que me gustaba demasiado. Hoy es mi estilo de vida”, cuenta. Porque se trata de eso: de un lifestyle. “Considero que el constante desafío, la posibilidad de superación permanente y la sensación de bienestar que genera son los principales atributos del Crossfit”, señala Anita que, con 37 años, participa en competencias permanentemente. “Obviamente ser atleta es sacrificado, ya que son muchas las horas que hay que dedicarle al entrenamiento y me obliga a dejar a mis hijos a cuidado de otras personas. Pero por suerte ellos me acompañan y cuando me ven feliz entienden el mensaje que quiero darles que es que hay que hacer siempre lo que a uno le hace feliz”. El Crossfit es una filosofía. Los crossfiters sienten orgullo por lo que hacen y trasladan esta confianza a su vida. Tal vez sea cierto y los hombres antiguos se convirtieron en héroes luchando en guerras o conquistando territorio, mientras que hoy cada una de estas personas busca su propio acto trascendente, su propia manera de ganarle al sistema, y esa manera la encuentran buscando espacios para respirar, superarse y ganar.

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