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Cine y Series

Semana de genios

Esta semana se estrenan las biopics de dos las mentes más influyentes del siglo XX. La teoría del todo, es una biografía romántica de Stephen Hawking y El código enigma rescata del olvido al matemático Alan Turing.

Por Sandra Martínez

Normalmente elegimos para este espacio un estreno por semana, pero este jueves la casualidad -y/o el marketing- reunieron a dos películas de temática tan afín que vale la pena hacer una excepción. La teoría del todo y El código enigma llegan con el atractivo extra que les confiere la nominación a mejor película en la próxima entrega de los Oscars de la Academia. Pero lo que las emparenta, sobre todo, es que ambas son biopics de grandes genios del siglo XX.

 

La teoría del todo se ocupa de la vida de Stephen Hawkings, el físico más famoso de nuestra época. Pero el foco no está puesto en su trabajo científico -para los entendidos, de hecho, seguramente ese punto de vista está descuidado casi hasta la negligencia- sino en la relación con su primera esposa, Jane, desde el comienzo del romance, pasando por lento deterioro físico que Hawkings sufrió a causa de su enfermedad neuronal, la fama que creció hasta trascender el ámbito erudito y el desgaste de la pareja hasta su final.

 

El guión está basado en la autobiografía de Jane, pero es interesante señalar que se trata de la segunda versión del libro. La primera, escrita después del divorcio y con Hawkings alienado de la familia durante su segundo matrimonio, era mucho más dura, pero Jane la corrigió cuando su ex se separó nuevamente y recuperaron la relación amistosa que mantienen hasta hoy. La película, que sin dudas busca complacer a sus protagonistas reales, se envuelve en una luz cálida, en tonos pasteles, en una banda de sonido hermosa y en vestuarios delicados, como buscara cubrir las aristas más punzantes del drama en algodones, minimizando las infidelidades, las mentiras y las recriminaciones hasta convertir la historia en un cuento de hadas rosado. Si algo destaca son las actuaciones, con Felicity Jones floreciendo un mundo de emociones contenidas que balancea el increíble despliegue físico que Eddie Redmayne, paradójicamente necesario para interpretar a un hombre paralizado.

 

En la sala continua, otro biografía de un gran hombre de las ciencias se estrena también este jueves. Pero si Hawkings no necesita presentación previa, Alan Turing es para el gran público casi tan extraño como El código enigma que da nombre a su película. Benedict Cumberbatch, el actor mimado del momento, interpreta al genio matemático y especialista en criptografía, convocado en secreto por el gobierno británico para develar los mensajes en clave transmitidos por ejército alemán a sus tropas durante la Segunda Guerra Mundial. Además de ser considerado uno de los padres de la computación moderna, sin su indispensable trabajo el conflicto armado se hubiera extendido más años, con miles de vidas perdidas e incluso, con un final incierto.

Con algunos toques de intriga de espionaje y algo de romance fallido, El código enigma avanza a los tumbos entre distintas épocas: durante la guerra, con la carrera de Turing por resolver el código de la máquina criptográfica Enigma, más flashbacks bastante innecesarios a su adolescencia, que intentan explicar su carácter y sus motivaciones, y flashforwards por momentos confusos, que muestran su vida diez años después de la guerra. Turing se retrata como un genio misántropo, obsesivo y torpe, pero con cierta fragilidad y buen corazón en el fondo. Una descripción que se parece tanto al Sherlock Holmes que Cumberbatch encarna en la serie de la BBC, que por momentos, incluyendo la voz en off que da arranque a la película, el espectador parece estar frente a un viaje en el tiempo de Sherlock. Pese a todo, cumple la misión de interesarnos por Turing y arrojar luz sobre un héroe injustamente maltratado y olvidado durante más de cincuenta años. 

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