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Se inauguró el primer museo submarino en Europa

Ya se pueden visitar las 12 instalaciones de Jason deCaires, ubicadas a 14 metros de profundidad, y cargadas de un gran significado humano y ecológico.

Con 300 obras esparcidas en 12 instalaciones, se inauguró el primer museo submarino de Europa en Lanzarote. El Museo Atlántico del escultor Jason deCaires está sumergido a 14 metros de profundidad y llevó varios años de trabajo. Con una mezcla de belleza estética y sensibilidad ambiental, The Rubicon (una de sus instalaciones) ya fue nombrada como una de las 10 mejores instalaciones de arte del 2016.

“Espero que el Museo Atlántico de Lanzarote constituya un portal hacia otro mundo y fomente un mejor entendimiento del precioso medio marino y de nuestra máxima dependencia de él” señaló DeCaires, quien realizó el tradicional corte de cintas en el área de 50 x 50 metros de lecho marino arenoso, en las Islas Canarias.

Lo más llamativo es que, además de ser un centro de atracción cultural, el museo tiene un importante propósito ecológico. Las piezas fueron construidas con un cemento especial y no contaminante que estimulan la creación de nuevos ecosistemas marinos. Con el tiempo, el artista pretende que las esculturas se transformen en algo mágico que solo el océano puede crear; un arrecife a gran escala que invite a nuevas formas de vida.

Con su pieza The Gyre – que consiste en 200 “personas” que están formadas en un círculo – el artista comunica un importante mensaje. “La instalación artística nos recuerda que nosotros evolucionamos de la vida marina, y que estamos todos sujetos a los movimientos y deseos del océano”, explicó deCaires al medio The Modern Met. “La pieza personifica nuestra vulnerabilidad desnuda a su poder inherente, y nuestra fragilidad en sus ciclos y su inmensa fuerza. El océano nos provee el oxígeno que respiramos, regula el clina y provee una fuente vital de nutrición a millones de personas”.

Así, todas sus piezas tienen un significado humano muy especial. Otro ejemplo es The Rubicon, la premiada, que muestra a 35 personas atravesando una inmensa pared. Con 100 pies de largo, la imponente estructura tiene una sola puerta en el medio. “Es un intento de mostrar lo absurdo y disfuncional de esta barrera en medio de un inmenso fluir y un espacio tridimensional”, cuenta deCaires. “Enfatiza la idea de que las naciones y las pertenencias y territorios son irrelevantes al mundo natural. En tiempos de un alto grado de patriotismo y proteccionismo, la pared nos recuerda que no podemos segregar nuestros océanos, el aire, el clima o la vida salvaje, así como lo hacemos con nuestra tierra y nuestras posesiones. Nos olvidamos que somos una parte integral de un sistema vivo.”

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