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Territorios

Rompan todo

Un bate o palo de golf, pantallas, botellas, vidrios y cerámicas. Buenos Aires tiene un espacio para descargar la ira y se llama The Break Club.

Por Gisela Etlis

“Hice mierda a mi suegra”,“Preparé un final durante seis meses y me bocharon, quiero romper todo” o “Vine por vos, Ricardo Caruso Lombardi”, son algunos de los tantos mensajes y experiencias de aquellos que se animaron a visitar un lugar cuya premisa reza: “Romper hace bien al alma”.

Tirar botellas de vino o cerveza contra la pared hasta que se hagan trizas, golpear televisores noventosos o los cuadrados monitores de las viejas computadoras con un palo de golf o un bate de béisbol, son algunos de los principales servicios que ofrece The Break Club para que sus visitantes descarguen la ira.

“Es como ir al psicólogo y al gimnasio al mismo tiempo”, dice Guido Dodero quien después de estudiar Publicidad en Buenos Aires y Diseño en Barcelona, tuvo la necesidad de encontrar un proyecto propio que lo complete tanto a él como a los demás.“Siempre fui de romper un poco las reglas y sentía que tenía que trabajar en un lugar en el que todos tiremos para el mismo lado”.

No conforme con las terapias tradicionales ni con las alternativas existentes, Guido se propuso fundar un espacio para que los que sufren de estrés, ataques de ira o simplemente los que quieren descargar energía de una manera sana y divertida a la vez, puedan acercarse y romper objetos sin restricción alguna.

“Antes de empezar me contacté con deportólogos, psicólogos, pedagogos y cualquier especialista que me ayudara a definir un poco la idea que tenía en la cabeza, aunque descubrí que había un lugar similar en Estados Unidos y otro en Japón. Algunos psicólogos me dijeron que hacer a la gente romper cosas habilitaba un canal de violencia que después no se iba a poder controlar. Pero la verdad, es que esa opinión me pareció retrógrada, creer que uno sale de romper un televisor y se va a la casa a pegarle a la mujer. Un miedo absurdo. Otros psicólogos vieron que esto era una buena forma de usar la energía, que liberaba adrenalina y endorfinas. Lo mismo me dijeron los deportólogos, que se podía comparar con la sensación de un deporte extremo”, cuenta Guido y recuerda aquella primera vez que rompió una caja de plástico a comienzos de 2012, cuando se inició en este emprendimiento.

Sentir el ruido del vidrio hecho trizas, intentar que el pedazo más grande del plástico se rompa, terminar cansado y relajarse. Esas son algunas de las sensaciones que vivieron las más de 500 personas que ya pasaron por The Break Club. Desde un niño de siete años, hasta una señora de 78. Tipos de traje que utilizan la terapia como after office y descargan la ira contra su jefe, parejas en su primera cita, grupos de amigos en busca de un juego diferente, personas que tienen la necesidad de romper fotos de sus ex parejas e incluso algunos que eligen romper todo para celebrar su despedida de soltero.

TBC funciona desde hace casi dos años en un PH palermitano que se demolerá en pocos meses y, luego se mudarán a otro lugar en las mismas condiciones, ya que “la idea es aprovechar esos tiempos muertos de las obras en construcción”.

Los precios varían según lo que se quiera romper y van desde $120 hasta $490. El turno es con reserva y el recorrido tiene tres pasos: protección, descarga de energía y relajación. Al llegar, los visitantes se ponen un mameluco, un casco con protector y guantes y eligen el bate en un cuarto con fotos de arañas, escorpiones y cucarachas. Según Guido, “la idea es que uno se predisponga para romper todo, porque el que llega quizá no esté furioso en ese momento, porque tuvo que reservar para venir”.

Con los recaudos tomados y la segunda habitación amueblada con los objetos a romper, sólo resta elegir la música. ACDC, los Ramones, un potente rock nacional o heavy metal son los más elegidos. Con las ansias en aumento, los nervios y la incertidumbre, la puerta se cierra. Para entrar en calor, es recomendable empezar a golpear una bolsa de boxeo y varias chapas rotas que ayudan a acostumbrarse al ruido.

Dodero repasa algunas de las historias personales de los visitantes que tuvo The Break Club y asegura que la experiencia que ofrece es un quiebre para cualquier persona. “Una vez vino una chica que sufría globofobia. Le tenía miedo a la goma, al ruido, a que los globos exploten solos… Entonces nos pidió que llenemos el cuarto de globos, se puso música fuerte y empezó a explotar todos. Fue muy loco”, recordó.

Otra fue la historia de dos amigas que habían sido estafadas por un socio, “una cosa rarísima porque el tipo que era familiar de una de las dos. Trajeron la foto del tipo, la pegaron en la bolsa de boxeo y le pegaron sin parar”.

Sudor, cansancio y una sonrisa en la cara. Así se termina la fase principal de esta terapia antiestrés. El último paso consiste en relajarse en una habitación oscura, con velas encendidas, un cómodo sillón y un vaso con agua.

“Una experiencia increíble”, “No tengo palabras, hay que probarlo”, escribieron algunos en el libro de mensajes. Y es que varios ya habrán querido revolear el control remoto del televisor, le habrán pegado una patada a la CPU porque no encendía o quizá, hayan querido tirar platos al estilo griego. Sin culpas, ahora se puede “romper todo”.

Reservas vía e-mail a:reservas@thebreakclub.com ó facebook.com/thebreakclubarg. Lunes a Domingo de 8:00 a 20:00.

 

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