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General

Revolución verde

Del Flower Power al ecoterrorismo, la distintas caras del movimiento ambientalista

Mientras crecen los rumores alrededor de las organizaciones ambientalistas tradicionales, mientras el sistema logró que el ecologismo se convirtiera en un merchandising más del capitalismo friendly, el lado B del movimiento ecologista engendra grupos controvertidos con modos estridentes y movimientos clandestinos. Del flower power al ecoterrorismo, ¿puede el amor por el ambiente usar la violencia para salvar al planeta?

Encontrá la nota completa en el número de octubre.

EDITORIAL. El fin de la inocencia
Por Javier Rombouts

¿Cómo sería un mundo sin seres humanos? ¿Cómo se modificaría el planeta Tierra si nosotros ya no lo ocupáramos? Estas eran las preguntas que se hacía el periodista estadounidense Alan Weisman en su libro El mundo sin nosotros (Debate, 2007). Y no parecen preguntas casuales, mucho menos fuera de tiempo. Es que mientras se salía del siglo XX, una luz aparecía al fondo del túnel: los movimientos ecologistas y sus arrabales diseñados más o menos a conciencia que lograban cierta escala -media en algunos casos, mínima en otros- de concientización. Parecía que de ellos iba a depender el futuro. Doce años después, la mayoría de estos movimientos nacidos en las últimas décadas del siglo XX se convirtieron en merchandising del sistema: el souvenir que venden en la tienda de regalos a la salida del parque temático.

Hace exactamente un año, una crónica aparecida en la revista Rolling Stone USA -Climate Change and the End of Australia, octubre 2011- daba cuenta del final de la isla más grande del planeta: tormentas de fuego, extinción de especies, el final de la Gran Barrera de Coral. Según la nota escrita por Jeff Goodell, el final es irreversible, sólo es cuestión de sentarse a esperar. El desastre -al menos en Australia, al menos en un territorio claramente determinado por sus características geográficas- no puede cambiarse: la isla es una bomba de tiempo y su reloj está en marcha. Pronto, será un desierto.

Los humanos, en tanto, miramos azorados el desastre como si los responsables fueran parte de una raza alienígena que avanza en su invasión sacrificando el medio ambiente. Y nos limitamos a cambiar lamparitas, a reciclar -los menos- los residuos, a usar un par de día a la semana la bicicleta y así vamos. Hay otros que parecen dispuestos a caerse por el otro lado del mapa fundando movimientos dispuestos a todo, incluso a sacrificar humanos, en nombre del planeta. Ni las actitudes del deme dos capitalista que cree que el verde le sienta bien, según lo que dicte la moda, ni las supuestas revoluciones armadas en nombre del ecoterrorismo parecen soluciones correctas.

¿Entonces? ¿Cómo palear el desastre? Este mes en Bacanal nos hacemos estas preguntas tan poco primaverales. Pero que no están de más. Al menos, si no queremos empezar a preguntarnos junto con Weisman cómo será el planeta del mañana, cuando los humanos -y otras muchas especies que nos cargaremos en la cuenta- nos hayamos ido para siempre.

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Además, en este número:

+ Hilda Lizarazu, una chica con suerte
+
Tragos: experimentos en las barras
+ Moda:
hágalo usted mismo

… y mucho más!

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