Publicidad Cerrar X
Tecno

Revolución en tres dimensiones

Imprimir un muñeco o una nueva carcaza para el celular será algo común dentro de pocos años, cuando todos tengan una impresora 3D en casa.

Por Miguel Lederkremer

La tecnología cambió profundamente la manera en la que accedemos a la música, las películas, las noticias y otros ámbitos de la cultura y del entretenimiento. El mundo de los bits se liberó, se democratizó, se volvió gratuito o se abarató enormemente. Sin embargo, falta dar un paso más. Los objetos físicos, el mundo de los átomos, está todavía al margen de esta revolución. Es decir: mientras que los usuarios tomamos el control de la información, la producción de los objetos sigue en manos de grandes empresas, las únicas con capacidad de fabricarlos. Al menos, hasta ahora, cuando todo parece indicar que le llegó el turno al mundo de los átomos de vivir un cambio disruptivo y que los usuarios podamos tomar el control también de la fabricación de objetos. Las impresoras 3D se crearon en 1984, pero recién en los últimos años están bajando de precio lo suficiente para llegar a nuestros hogares.

Cómo funcionan
Una impresora 3D crea un objeto tridimensional a partir de un archivo digital con la información necesaria. El formato estándar de archivo para impresoras 3D se llama STL. Hay sitios, como Thingiverse y Shapeways, donde podemos bajar modelos para «imprimir» en casa, subir los propios y donde una entusiasta comunidad está intercambiando sus diseños 3D, que se pueden realizar con programas como Autocad o el gratuito Google Sketchup.

Una vez que tenemos el archivo que describe nuestro objeto, hay varias maneras para generarlo, que se pueden clasificar en dos familias. Las sustractivas toman un bloque de material y le van quitando partes o tallando, como un escultor que talla el mármol. Las aditivas van creando el objeto agregando material, como se hace con la cerámica. Las dos tecnologías que están llegando a los hogares son de tipo aditivas.

La primera tecnología deposita capas de plástico fundido con un cabezal caliente, similar al de una impresora chorro de tinta. Se llama FDM (Fused Deposition Modeling). Utiliza dos tipos de materiales, ABS (Acrylonitrile Butadiene Styrene) más fuerte, durable, liviano; y PLA (Polylactic Acid) más barato, ecológico y sencillo de utilizar, ya que necesita menor temperatura, por lo que es más utilizado en las impresoras hogareñas. La resolución típica de este tipo de impresoras es de 0,1mm, por lo que imprimir un objeto puede llevar varias horas.

Modelos y precios
En la Argentina, la firma Kikai Labs lanzó sus impresoras 3D el año pasado. Actualmente están a $11.950 e imprimen piezas de hasta 20x20x18 cm de alto. Estas impresoras siguen la iniciativa open hardware del proyecto RepRap, cuyas especificaciones están abiertas a todo el mundo. El objetivo final de este proyecto, con ecos a la ciencia ficción más clásica, es que las impresoras sean autorreplicantes (es decir, que una impresora 3D pueda «imprimir» otra).

Leapfrog es otra empresa que ofrece impresoras 3D en nuestro país. En este caso, son fabricadas en Holanda, permiten imprimir piezas de hasta 25x27x25 cm, son de doble cabezal, plug and play y los precios rondan los $25.000. Leapfrog anunció recientemente el 3D Lab Fab & Café, que abrirá en Costa Rica 5198, donde habrá una impresora 3D para ir a imprimir. ¡Otra que un café internet!


Y la cuestión no termina aquí. Otra empresa nacional, Trimaker, anunció en estos días la preventa de las primeras 42 unidades disponibles de su modelo Beta. La Trimaker se diferencia de las anteriores por no utilizar tecnología FDM sino estereolitografía (SLA), una polimerización selectiva de resinas líquidas con luz. No utiliza un cabezal mecánico para depositar material, sino que lo dibuja proyectando un patrón de luz sobre resina líquida, solidificando las partes que constituyen el objeto. Según Trimaker, este método logra una resolución más de 10 veces mayor que las impresoras FDM. Permite imprimir objetos de 18×13,5×18 cm de altura a una velocidad de entre 20 y 50 mm por hora, en cera, goma y plástico. El precio de la misma es de $25.000 más IVA.


En EE.UU. algunos modelos populares, que podemos encontrar en Amazon, son la Makerbot Replicator 2, a u$s2.200 y la Afinia H-Series a u$s1.600. ¿El insumo? ¡Barato! El rollo de 1 kilogramos de PLA lo vende Kikai a $290.

Lo que viene
Las posibilidades que se abren son apasionantes. Cualquier persona con algo de imaginación podrá crear sus propios objetos en casa, venderlos y distribuirlos. Los repuestos plásticos (electrodomésticos, motos, etc.) caros, dificiles de conseguir o discontinuados podrán ser impresos en casa. Las comunidades online están que arden de ideas. Los makerspaces son espacios comunitarios abiertos y colaborativos de creación y experimentación, donde los participantes tienen acceso a impresoras 3D. Garage Lab, de Buenos Aires, es uno de ellos.

Pero claro, al igual que ocurrió con la música y las películas, surgirán los problemas de propiedad intelectual. Los fabricantes de juguetes y otros objetos físicos con copyright pueden llegar a vivir su «momento Napster». ¿Por qué pagar $500 el muñequito original de Superman si por $20 lo podré imprimir en casa? La empresa Intellectual Ventures, conocida por «patent troll», (empresa que se dedica a lucrar mediante el uso abusivo de las patentes), está desarrollando una patente para que los objetos no se puedan replicar.


Obviamente, el paso que sigue está sobrentendido: lo que falta ahora es el scanner 3D, para poder «fotocopiar» objetos. Y está en camino. El fundador de Makerbot, Bre Pettis, presentó en marzo Digitizer, el prototipo de un escáner 3D de escritorio, que puede escanear objetos de unos 20 cm de lado en unos 3 minutos. Usa una combinación de cámaras y lasers para crear un archivo digital del objeto que puede ser impreso utilizando una impresora 3D. Se anuncia el lanzamiento para septiembre. ¿Te gustó mi jarrón de la dinastía Ming? ¡Te hago una copia!

×