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General

Radiografía del consumidor

En un mercado fuerte en el consumo de vinos, hay que estar al tanto de los humores del comprador. Caprichos y tendencias en el mundo de las etiquetas.

A los argentinos nos gusta beber vino. No se trata de que haya un pequeño grupo de consumidores que marquen el mercado -como pasa, por ejemplo, en Estados Unidos-  sino que es un sentir nacional. Estamos, como país, orgullosos de nuestro vino, y lo bebemos en grandes cantidades. La estadística no miente: el consumo per cápita en Argentina es similar al del viejo mundo del vino, muy superior a lo que se bebe en el nuevo mundo o en Latinoamérica en su conjunto. Esto, a nivel comercial, es un verdadero as en la manga: ser un país consumidor y productor al mismo tiempo es en gran parte la causa de la buena salud que gozan nuestros vinos. Especialmente ahora que, inflación y valor fijo del dólar mediante, las exportaciones dejaron de ser la panacea mágica a la que todos apuntaban.

Pero que tengamos un consumo importante no significa que sea el mismo de siempre. Ni en cantidad (que viene cayendo) ni en calidad (los más golpeados son los vinos más básicos). Y tampoco en su distribución (cambian las edades de consumo, cambia la composición de las elecciones). Entender al consumidor local es así una prioridad para toda bodega que apueste a sobrevivir en un mercado dominado, todavía y por suerte, por la atomización, donde si bien las grandes bodegas dominan los grandes números, conviven a su vez con cientos de bodegas más pequeñas que mantienen peso e importancia. Descifrar los gustos y mecanismos de decisión de cada comprador de vinos no es fácil: sin embargo la, industria no pierde las esperanzas y recurre a cuanto número y estadística, oficial y de las otras haya para vender una botella más.

Todos estos esfuerzos arman un perfil de consumidor. Una radiografía que busca ir más allá de la superficie para diagramar el esqueleto sobre el que se asienta el consumo nacional.

Leé la nota completa en nuestra edición de octubre

EDITORIAL. Vino, vidi, vinci

En Argentina se toma vino. De hecho, el vino es la bebida nacional. El mito dice que allá por los años 70 se consumían unos 80 litros por persona por año. Hoy, por supuesto, ese número es mucho menor, se aproxima a unos 20 y monedas. Sin embargo, sigue siendo un número importante. Y no sólo importante, sino también selectivo y cada vez con mayor tendencia a consumir los vinos más caros. El argentino cree, además, que ciertos vinos son objetos de deseo, materia aspiracional. Por eso, regala vinos. Por eso, trata de sanatear -sepa o no sepa- sobre vinos. Por eso, trata de impresionar -a una mujer, a un hombre, a un grupo de amig@s– con su saber sobre vinos.

En este escenario, se mueven las bogedas. Y decir se mueven significa pensar novedades en los productos, en las etiquetas, en la franja de edad a la que se apunta, en la comunicación. No siempre sale bien, pero siempre lo hacen. O lo intentan.

En Argentina hay casi mil bodegas, un número imponente si se compara con otros países productores de vino del “nuevo mundo” -como Australia- donde toda la producción recae en cuatro o cinco grandes empresas. Esta atomización es buena no sólo para la industria sino también para los consumidores. En Argentina hay también muchas bocas de expendio: supermercados, vinotecas, restaurantes, bares, almacenes, sitios on line. Y cada año un número importante de nuevos posibles consumidores que llegan desde la adolescencia con su paladar trabajado a base de gaseosa. Y otros muchos más que ya consumen y tienen sus mañas, sus caprichos, su tendencia a la búsqueda del producto desconocido, su natural propensión a la infidelidad o su fidelidad condicionada.

Como puede observarse, el escenario es complejo. Hay muchas variables, demasiados supuestos, innumerables interrogantes sin respuestas.

Lo único cierto es que en Argentina se toma vino. Y que se seguirá tomando. No siempre igual, no siempre la misma etiqueta, no siempre la misma cantidad, no siempre por los mismos motivos. Esa es la apuesta y el riesgo. Ese es el motivo de esta nota de tapa de Bacanal.

 

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Además, en este número:

+ Entrevista con Benicio del Toro
+ Bartenders:
los nuevos rockstar

+ Series: temporada de resurrección
… y mucho más!

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