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Cine y Series

Queridos psicópatas

Los mismos psicópatas que nos horrorizarían en la realidad nos fascinan desde la pantalla. Elegimos los mejores de los últimos años.

Por Martín Gómez Escribano

Utilitaristas y pragmáticos al máximo, los psicópatas nos fascinan y nos horrorizan. Y su efecto se redobla si podemos verlos en alta definición, con maquillajes y vestuarios hechos a medida. La pantalla grande (y el mundo) está poblada de estos seres faltos de remordimientos aunque expertos a la hora de usarnos para lograr sus fines. Si nos atraen no es por su incapacidad para construir vínculos afectivos reales sino porque se animan a realizar aquello que nosotros simplemente fantaseamos.

Herederos de Hannibal Lecter, de Alex de La naranja mecánica, de Norman Bates y Jack Torrance, estos son, a nuestro juicio, algunos de los psicópatas que han dejado su huella en la pantalla grande en estos últimos años.

No podemos dejar de mencionarlo pero seremos breves: se ha escrito tanto sobre el extraordinario Joker de Heath Ledger que queda poco por agregar. Desconocemos la historia del villano del pelo verde y la sonrisa eterna, y quizás sea por eso que podemos emparentarlo con la mismísima figura del Mal. Sin historia y sin un rostro real detrás del maquillaje, daría la impresión de que su única meta es contagiar el mal que él mismo es, propagarlo sin anhelos de fama o de dinero y dedicarse a ser, según sus propias palabras un agente del caos.

En la misma senda asesina pero sin la espectacularidad de los crímenes del Joker, nos topamos con Javier Bardem interpretando a Anton Chigurh. Anton quiere el dinero que le robaron y circula por los desiertos paisajes de Texas como una moneda, esa que tira al aire y que decide el destino de sus víctimas. Quién le encargó los asesinatos que desencadenan la acción en un misterio y probablemente no importe, solo sabemos que usa una pistola para matar vacas y que está comprometido con el acto de matar. Es infalible a la hora de responder a su ley particular: es un verdugo con principios. No hay música en No Country For Old Men, pero ni ese silencio ni la sequedad del desierto texano alcanzan para describir el estéril rostro del villano de la película de los Coen.

La siguiente en la lista es una mujer y hasta el momento no ha matado a nadie. No con bombas o cuchillos, al menos. Ella entra en la categoría de los “psicópatas de cuello blanco”, personas de elevado coeficiente intelectual que generalmente ocupan posiciones laborales de poder. Y que someten, claro, porque qué hay más aburrido que utilizar el poder para hacer el bien. La Miranda Prieslty de El diablo viste a la moda exprime a sus empleados hasta la enfermedad. Tal y como se menciona en la película, millones de chicas matarían por trabajar para ella, lo que tiene sentido porque quienes lo logran deberían prepararse para vivir una experiencia cercana a la muerte. Su trato es letal; sus pedidos, imposibles, ¡y hasta les quita el nombre a sus secretarias! Todas se llaman Emily. En la última conversación que tiene con su empleada “preferida” reafirma que todos quieren ser como ellas. Está claro que Miranda no pretende cambiar, y los que dicen que es necesario ser como ella para mantenerse en la cima del mundo editorial es porque no la han tenido de jefa.

Hablando de jefes, Chris Wilton haría lo que fuera para no perder al suyo. De origen humilde, Chris se casó con una chica bien, hija de un padre rico que le ofreció un puesto en la empresa. Y todo iba bien hasta que su amante quedó embarazada lo cual es, por supuesto, un obstáculo para sus ambiciones. La única respuesta posible que pudo esbozar el reptiliano protagonista de Match Point fueron dos disparos. Y después ¡al teatro! Podríamos darle un poco de crédito y decir que, hasta aquí, es el único de nuestra lista que tuvo un momento de desesperación frente a sus actos. Pero no, no confundamos desesperación con culpa. De ella, ni rastros.

Acompañado de canciones y de una valiosa cómplice, Benjamin Barker, más conocido como Sweeney Todd, se dedica al arte de la navaja para proveer de materia prima a la Sra. Lovett, la viudita que vende pasteles de carne humana un piso más abajo. El barbero demoníaco de la calle Fleet tiene un motivo: la venganza, porque la vida lo ha tratado mal y un juez corrupto le ha arrebatado a su mujer y a su hija. Eso no justifica sus actos pero a él poco le importa y mientras prepara su golpe final se erige como una eminencia en esto de cortar cabezas. Además, de algo hay que vivir.

Ambición. Desmedida. Dos palabritas que describen a Daniel Plainview, protagonista de There Will Be Blood, un empresario del petróleo que comienza su negocio a comienzos del siglo XX. No se conforma con trabajar duro sino que además busca seducir a las masas y emplearlas para ayudarlo a cumplir su propósito. Cualquiera que se interponga entre él y su meta, incluso si se trata de su propio hijo, será maltratado, humillado, hostigado incluso hasta la muerte. Él lo admite: “en mí solo hay competencia, no quiero que nadie triunfe, los odio a todos”. Y no le importa.

Aquí están, estos son. Personajes que no olvidaremos y que por suerte son solo eso: personajes. Como dijo el gran Luis Buñuel: “En el cine, me divierte la perversión, en la vida me repugna”.