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Qué vivan los (no)novios

Lo último en fiestas temáticas, son las Falsas Bodas. Dress Code de etiqueta, ceremonia y ramo para una noche diferente.

Por Gisela Etlis

“El matrimonio es la principal causa de divorcio”, diría el Groucho Marx sobre la institución a la que muchos le escapan. Pero lo cierto es que pese a la reticencia de algunos al compromiso, la celebración de las bodas se transformó en un ritual al que, salvo algunos reticentes, ninguno quiere faltar.

Marina Acostas y Julián Awada fueron los novios el sábado. “Es el hombre ideal… O el único que prosperó”, contaba ella en el video de presentación. El típico que hacen los protagonistas, antes de entrar a escena, a saludar a sus invitados. “La relación se trata de cubrir espacios”, reflexionaba él. Los actores que se transformaron en marido y mujer por una noche, tuvieron más de 600 invitados que, en vez de llevar regalos, pagaron una entrada de $550 para disfrutar de una Falsa Boda.

“Nos dimos cuenta de una cosa que nos pasa a todos. Ir a un casamiento está bueno. Siempre se pregunta en un grupo quién es el próximo en casarse, con el objetivo único y concreto de planificar lo bien que la vamos a pasar en la fiesta”, explica Martín Acerbi, creador de Falsa Boda, la fiesta temática que ya tiene siete ediciones. “Es condición asistir de gala”, se recordaba en la invitación.

Algunos lo tomaron más en serio que otros, pero en la primera Falsa Boda porteña, la mayoría de los hombres estaban de traje, o algunos con chupín negro y saco, y las chicas con vestidos que iban desde largos y con brillos, hasta cortos de encaje. Mucho peinado de peluquería, algunas desubicadas de blanco en un gesto desafiante contra la sabiduría popular, que indica que ese color se reserva para la novia.

“Me pareció genial la idea de vestirse bien y vivir una noche diferente”, justificaba así su presencia Daniela, de 26 años, quien vino con su mejor amiga y su novio. “No sólo se viene de levante acá, sino porque nos divirtió la propuesta”, decía Pablo, otro que llegó con su novia. Pero durante la recepción, entre los tragos y las selfies etiquetadas con el hashtag #falsaboda, el glam de los moños y los tacos invitaba al coqueteo de una manera diferente a la de un boliche tradicional. Todos jugaban el mismo juego, desde las 23:30, 600 invitados esperaban la entrada de la chica de blanco y su caminata nupcial hasta un altar colorido, con mariposas de colores y flores.

Se apagan las luces, suena Uptown Funk de Mark Ronson. Los invitados forman fila en los dos costados de la pasarela. Se acercan los wwwigos, bailando al ritmo de la música, las damas de honor vestidas de negro con flores en la cabeza, hasta que por fin llega Marina. “¡Cornudo!”, gritan algunos. “¡No te quiere, no te cases!”, le aseguran otros a Julián. En la ceremonia, el juez lee los derechos y obligaciones en una pareja que van desde la fidelidad, hasta la convivencia y los alimentos. Y les hace la típica pregunta a los novios. Él dice que sí al instante, ella duda, pero acepta.

Para Acerbi, a quien le pareció que esta propuesta podría funcionar y decidió llevarla a la acción junto a otros tres amigos, “el casamiento es muy importante al momento de proyectar una vida compartida con otra persona. Es un compromiso formalizado desde un aspecto religioso y legal”. Y afirma: “con Falsa Boda no estamos en contra, al contrario, tratamos de resaltar las cosas divertidas que tiene una boda real. Y más que nada, hacer de este rito cultural, un evento muy atractivo. Se transformó en una experiencia original y la mayoría de los que asisten luego insisten para que sus conocidos hagan lo mismo”.

Después del “los declaro marido y mujer” todo fue fiesta. En Falsa Boda no hubo una cena de pasos como se acostumbra en las fiestas de casamiento, pero el sushi no faltó las primeras dos horas. Nigiris, sashimis y rolls especiales que bandejeaban los mozos, con los invitados más desesperados abalanzandose sobre el salmón. Más tarde, con la gente entonada gracias a la barra libre de tragos y espumante, llegó el turno de lo dulce. Masitas, minitortas y brownies desaparecieron de las bandejas en media hora.

Pasadas las 2 de la mañana, llegó uno de los momentos más esperado por las chicas, el ramo. Se amontonaron, al igual que en una boda real, para saber quién iba a ser la afortunada, la próxima en casarse, y con el show de Falsavía, la noche explotó con carnaval carioca, cotillón y cumbia.

La próxima edición de Falsa Boda será en Bahía Blanca el próximo 25 de Julio y en octubre, habrá otra en Neuquén con fecha a confirmar. “Estamos planeando bodas temáticas, de cada religión”, adelantó Martín Acerbi. Las entradas se pueden adquirir a través de la plataforma de ventas online Passto sin tener que retirar, recibir, ni utilizar entradas de papel.

“La fiesta más divertida del mundo”, anunciaban días antes en noticieros, webs y redes sociales. La Falsa Boda cumplió con las expectativas, no sólo por los organizadores, sino porque quienes asistieron asumieron el rol más importante de todo casamiento, los invitados. No faltó el borracho toquetón, el torpe que mancha un vestido con fernet, ni la chica que se sacó los zapatos para bailar porque ya no podía más. Todos en el mismo escenario. En una boda irreal, pero no tan falsa.

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