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Cine y Series

Pura fachada

Los grandes nombres que ostenta El abogado del crimen en sus créditos no logran salvarla del fiasco.

Por Sandra Martínez

Uno imaginaría que la suma de un gran director –Ridley Scott-, un gran escritor –Cormac McCarthy– y un elenco de grandes estrellas –Michael Fassbender, Cameron Díaz, Javier Bardem, Penélope Cruz, Brad Pitt– solo puede dar como resultado una gran película. Pero nada más alejado de esa expectativa que El abogado del crimen, estreno poco feliz que llega a los cines esta semana.

Un abogado vinculado con el narcotráfico decide involucrarse más profundamente en el mundo de las drogas para salir de un apuro económico, pero todo sale mal. Y no hay mucho más para decir sobre la historia, porque la película desarrolla una trama sin demasiado sentido de la que solo queda en claro que el mundo del crimen es peligroso, vaya novedad. Lo único que hacen sus insípidos protagonistas es hablar, eso sí, en largos diálogos que se dividen en dos clases. Por un lado, las charlas pseudo filosóficas que fluyen con una falta de naturalidad vergonzosa. Por el otro, los comentarios que, pretendidamente casuales, forman parte de la mecánica narrativa de una forma tan evidente que causa gracia: ¿se nombra un extraño dispositivo de ahorcamiento? ¡lo usan más adelante! ¿se menciona el cine snuff? ¡qué sorpresa, tiene relación con lo que ocurrirá luego! Sin duda nada que pueda generar orgullo a un ganador del Pulitzer y autor de grandes novelas como lo es Cormac McCarty, que en este guión se enamora tanto de las palabras que se olvida de contar algo interesante con ellas.

En cuanto a los actores, hacen lo que pueden con el material chato con el que tuvieron que trabajar, pero posiblemente lo único que resista al olvido sea Cameron Díaz teniendo sexo con un auto (no EN un auto, CON un auto). Así que la recomendación de esta semana es ir a ver Thor: un mundo oscuro. Más vale pochoclo pasatista sincero que un bodoque pretencioso y aburrido a muerte.

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