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Gastronomía

Privamevera gourmet

Picurba se reafirma como una de las ferias más interesantes del calendario gastronómico, con una convocatoria para esta edición que superó los 50.000 asistentes.

Por Gisela Etlis

El picnic (pique- nique, en francés) en la ciudad parece ser sólo un plan exclusivo para jóvenes el 21 de septiembre. Sentarse en el pasto bajo el sol a comer algo liviano, con amigos o familia, es un ritual que el último fin de semana miles volvieron disfrutar.

 

Entre el verde, los coloridos decorados y una mezcla de aromas irresistible, se llevó a cabo la tercera edición de Picurba bajo el lema “Buena comida, buena vida”. Durante tres días, en el predio de Avenida Centenario y Güemes, en City Bell. Más de 100 puestos de comida, cada uno con su identidad propia, abastecieron a familias, grupos de amigos y parejas que -con poco presupuesto- pudieron degustar elaborados platos. Exóticos y clásicos, dulces y salados, con opciones para todos.

 

La propuesta fue creada por Manuel Domínguez, Cecilia Famá y María Inés Netholreunir, tres amigos que convocaron a los chefs más importantes de La Plata con el objetivo de posicionarla como otro de los epicentros gastronómicos de Buenos Aires. Y no fallaron: la primera edición reunió a más de 25 mil personas en octubre de 2014 como prueba piloto para instalarse, en mayo, en el predio que superó los 60 mil comensales.

 

Pasado el día de la Primavera y con amenazas de lluvia, salió el sol para las 60.000 personas. Una verdadera fiesta de sabores platenses en la que, entre bocado y bocado,  no faltaron los talleres de cocina de la mano de Narda Lepes, Chantal Abad, Juliana Lopez May y Soledad Nardelli, entre otros; las mesas de ping pong;  la oportunidad para comprar frutas, manteles, plantas, sales marinas y escabeches; y, cuando ya caía el sol,  la digestión se acompañó con la música de Diego Frenkel y Javier Maldonado.

 

Algunos platos que probamos durante esta edición:

 

El atelier. Una opción diferente con una carnes exóticas. Un plato abundante de ciervo con papines, salsa de malbec y puré cremoso,  por $60. Para acompañar, dos vasos de vino por $50.

 

Ollas: espacio de sabores. Práctico y delicioso. Sandwich de bondiola braseada en pan de focaccia, barbacoa y el plus del queso derritiéndose. por $60 (o 2 por $100). Otra opción tentadora  era el strudel de trucha con la porción a $50. Para destacar, varios clientes habitués de Ollas, se acercaban al puesto a saludar al chef y volvían a probar sus creaciones.

 

Guilab, laboratorio de helados. La comida del futuro. Uno de los obligados de Picurba, fue probar los helados moleculares, hechos en el momento con nitrógeno líquido. De dulce de leche con coco quemado, chocolate con frutos rojos o maracuyá con queso.

 

El arbolito. No todo es carne. Entre las muchas opciones para los vegetarianos, el crumble de verduras se deshacía en la boca. La mezcla de azúcar y manteca sobre un colchón de morrones verdes y rojos,  cebolla, y hongos, lo hacían un plato ideal para una noche de frío. Super abundante, por $60. Para acompañar, jugos orgánicos $35 y de postre, frozen yogurt por $40.

 

Ana Vismara. Para golosos. Con creaciones de Alan Disavia y Simone Caregnato, la propuesta dulce incluía, entre otras,  biscuits de peras pocheadas, con bávaros de vainilla y gelee esparcido, además de un sable de chocolate y mandarinas en almibar. Con un precio de $50 cada una, lo ideal era pedirse varias entre muchos y degustar.

 

La cocina de Eva. Un emprendimiento familiar que se destaca por sus escabeches. Jabalí, ciervo, conejo. En el stand, Eva servía un poco sobre rodajas de pan y así, atrapaba a los que pasaban que -antes de irse- se llevaban un frasco y la aclaración de que las carnes eran magras y de primera calidad.

 

Masse. Para la hora del té. Los macarons de frambuesa o limón, crocantes y cremosos son un must por $20. La pequeña porción de torta opereta, con capas de chocolate amargo y mousse salía como pan caliente por $40. Y por último, los financiers de budín de frambuesa o limón a $45 cada uno, en un tamaño suficiente para compartir.

Con una entrada de $30, Picurba se transformó en una de las ferias gastronómicas más accesibles, no sólo por el precio, sino por el espacio a cielo abierto, con variedad de opciones y sin mucha espera en las filas. Sectores de picnic con mesas para sentarse a descansar y comer, clases de huerta orgánica y hasta lentes de sol a la venta.  Viernes, sábado y domingo, miles de personas saborearon lo mejor de La Plata para terminar admirando el eclipse de luna. Un cierre no planificado que no todos consiguen en un picnic.

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