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General

Política en red

Las redes sociales están cambiando el paradigma, con partidos, marchas y repudios virtuales, comunicación directa, divulgadores de secretos. ¿A dónde va la política 2.0?

El dato ya es tan conocido, ya se habló tanto, que hoy parece noticia vieja, dejó de ser interesante. Pero, alto ahí: sí es interesante. Allí afuera, en el mundo real, hay dos civiles amenazados por las más grandes superpotencias planetarias; dos civiles guardados en embajadas, generando ruido político y social, sólo por haber contado, a través de formatos digitales, aquello que supuestamente no debían contar. ¿Qué significa esto? ¿Es simplemente un nuevo capítulo en “la historia que se repite”, o hay algo más profundo, revolucionario? ¿Cuál fue el verdadero valor de aquella Primavera Árabe florecida al calor de los nuevos medios, de las revoluciones “suaves” que se develan débiles para capitalizar la legitimidad obtenida durante los procesos de prowwwa?

Estamos en el siglo XXI, un tiempo marcado por redes sociales y comunicaciones globales. La era en la que la intimidad se convirtió en un objeto arqueológico, y en que la individualidad –por ende, también la horizontalidad– cobra nuevos poderes. Los nuevos medios utilizados por los ciudadanos de El Cairo, Argel, Trípoli y Túnes, para organizar sus manifestaciones populares de estructura horizontal o “líquidas”, sin líderes políticos o militares que destaquen, incluyen mucho más que la posibilidad de comunicarse instantáneamente entre sí; suman también la escala global, atravesando fronteras e idiomas. Esta capacidad de contacto, de trasparentar los acontecimientos, es la manifestación concreta de lo que este siglo y su flamante producto, internet, modifican en el seno de nuestra cultura. El mundo ya no es el mismo. El avance de la era de la información reclama la elaboración de nuevas instituciones. Para bien o para mal. Si la revolución no será televisada, no significa que no pueda ser transmitida vía streaming.

Leé la nota completa en la edición de mayo de Revista Bacanal.

EDITORIAL. Alguien te está mirando

Allá por 1948, George Orwell terminaba de escribir 1984. Hoy no lo es pero posiblemente haya sido un juego de números a la hora de titular la novela. Al menos, es una de las teorías –no la más importante, por cierto– que sobrevuelan al título del libro.

Como sea, ahí se planteaba la idea de una sociedad observada en todo momento, meticulosamente. Orwell imaginaba que así iba a ser el futuro si triunfaba el socialismo en el mundo. Violento fast forward hasta mayo de 2014: superada en 30 años la fecha impuesta por el británico, descubrimos que Orwell estaba bastante acertado. Sólo que el sistema que triunfó fue el capitalista. Y eso no es poco decir. Porque ese pequeño detalle convirtió al Big Brother orwelliano en un Big Brother Panóptico, con ese aroma a Foulcault que suele quedar tan pero tan bien. En ese lugar, nos encontramos: vigilados, consumiendo absolutamente todo lo que quienes observan saben que nos tienen que ofrecer porque nos gusta y, por supuesto, castigados.

En todo caso, lo que Orwell no imaginó es que este mundo sin intimidad iba a romper con el paradigma de la política. Y no lo imaginó porque, claro, su mundo apocalíptico era un todo totalitario donde no había opciones y sólo saliéndose del sistema el hombre podía rebelarse. Algo muy diferente a lo que vivimos ahora con Julian Assange y Snowden dando conferencias por todo el mundo y revelando uno a uno los secretos de los grupos más poderosos del mundo, con Google y Gmail garantizándonos la privacidad de nuestros mails, con Twitter, Youtube y Facebook pidiéndonos que reflexionemos antes de contarlo absolutamente todo on-line.

Sin duda, hemos tenido suerte. Ah, ¿no? ¿No es así? Bienvenidos al mundo de la política 2.0.

Javier Rombouts

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Bacanal MayoAdemás, en este número:

+ Entrevista con Laura Azcurra.
+ Speakeasy, 10 años de bares a puertas cerradas.
+
La religión inspira la moda.

… y mucho más!

 

 

 

 

 

 

 

 


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