Publicidad Bajar al sitio
Cine y Series

Platarle la cara al virus

Matthew McConaughey termina de concretar su versátil perfil de actor en Dallas Buyers Club, una historia verídica que examina otra faceta del SIDA en los ochentas.

Por Sandra Martínez

Después de Cómo perder a un hombre en diez días, Matthew McConaughey se convirtió en el poster boy de las comedias románticas. Tuvo como compañeras de pantalla a Sarah Jessica Parker, Kate Hudson y Jennifer López, la revista People lo eligió como el hombre más sexy del planeta y los estudios decidieron que su atractivo no se limitaba sólo a las damas y comenzar a ponerlo como protagonista en producciones de acción. Y de pronto, todo cambió. Comenzamos a verlo en películas independientes como Bernie, Killer Joe o Mud y la sorpresa no fue poca: el muchacho sabía actuar.

Hoy se puede dar el lujo de picar de cualquier plato que lo tiente, desde la nueva superproducción de ciencia ficción de Christopher Nolan , hasta el co-protagónico junto con Woody Harrelson en la serie True Detective, pasando por un pequeño pero destacado papel en esa locura que es El lobo de Wall Street. Y también puede dar pelea para sacar adelante proyectos difíciles pero que encuentra especialmente atractivos, como el estreno de esta semana, Dallas Buyers Club.

Con una impresionante cantidad de kilos de menos, McConaughey interpreta a Ronnie, un clásico redneck texano, fanático del rodeo y homofóbico, que descubre que tiene SIDA y le quedan 30 días de vida. Para los que lo rodean, Ron tiene “la peste rosa” y se convierte en un paria, pero como buen cowboy decide morir con las botas puestas y lo más tarde posible. Cuando comienza a importar fármacos no autorizados descubre que más allá de la supervivencia, hay un negocio. Y funda un club en el que por un abono mensual ofrece a sus suscriptores todas las medicinas que necesiten.

Ron no es el Andrew Beckett de Tom Hanks en Philadelphia, no es el héroe con recursos que resiste dignamente, es el antihéroe con rebusque y sabiduría callejera. No es un mártir, es un hombre de negocios. Su compañero de aventuras no es un abogado con dilemas morales, es una travesti adicta –interpretada por Jared Leto, con otra transformación física impresionante- que le servirá de enlace con la comunidad gay. Su investigación intuitiva pero no exenta de inteligencia desnuda los tejemanejes de la industria farmaceútica. Su lucha, aunque individual, se convierte en colectiva. Y con su historia, Dallas Buyers Club muestra con crudeza cómo fueron los 80 en la historia del SIDA, con la enfermedad en plena eclosión y una falta de información escalofriante, pero con su humor negro y algo caótico espanta los fantasmas del melodrama.

×