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Columnistas

Planeta mamá

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

Llega con un carrito de bebé, las bolsas de supermercado en el carrito, el bebé bajo un brazo, el bolso del bebé bajo el otro, la cartera colgada del cuello como una identificación presidiaria y me dice: teneme. Entonces yo no sé qué sostener. Si al bebé medio dormido, la bolsa con packs de yogurt al por mayor, su bolso, la cartera o a ella misma. Al final no hago nada porque mi amiga, Carola, desparrama todo sobre la mesa, tira el jugo de naranja que no me había terminado de tomar sobre el panqueque que no había empezado a comer, acuesta a Francisquito sobre los packs de yogurt, se desparrama sobre la silla y exhala un nodoymás.

Y yo sé que en la próxima hora, mientras su hijo duerma o corra como un cachorro exaltado por el bar y los vecinos de mesa nos miren mal, mi amiga de la infancia, esa con la que nos vemos cada cinco meses después de una cadena de cincuentamil mensajes para ponernos de acuerdo, va a decirme que su vida como madre es increíble. Y también una mierda. Que con su marido se lleva a las patadas pero que cuando oye a su hijo decir algo parecido a “me hice caca” en su lengua inventada, se derrite de amor. Yo sé que en la próxima hora seré la amiga que escucha y se enternece con algunos cuentos, se aburre con otros, se compadece con casi todo y se pregunta cómo es que la gente sigue teniendo hijos sabiendo que por los siguientes dos, tres, cinco años se quejará por tenerlos.

-Con Germán, qué te puedo contar. Le pido que duerma al pibe una vez a la semana y me dice que no porque se frustra.

-¿Se frustra?

-Sí, porque el pibe llora. ¡Claro que llora! De eso se trata hacerlo dormir, genio.

-¿Y entonces?

-Y entonces se pone a tocar la guitarra en el cuarto de al lado y Francisquito cree que empezó la fiesta, y se excita como loco y empieza mami, mami, bailar, mami, y yo me convierto en el ogro que le dice que no, que es hora de dormir, y al final me quedo dormida yo en su cama y los otros dos en la matrimonial. ¿Querés que siga?

-Pero miralo ahora, dormidito, parece un sol.

-Si, es una ternurita. Lo único que pobre, cagó con el nombre. ¡Yo que iba a saber cuando se lo puse que después a un Papa se le iba a ocurrir quemarlo! Le voy a decir que es por Frank Zappa.

-Tu vieja chupacirios debe estar feliz, ¿no?

-Ni me hables que lo quiere bautizar. Y Germán lo quiere hacer socio de Atlanta, ya le compró la camiseta.

-Y dejalo, ¿cuál es el problema?

-¡Que toda mi familia es de Chacarita! Cuando mi viejo venga a casa va a ser la Franja de Gaza. Hablando de franja de gaza, tengo que hacer algo para bajar mi franja de grasa. No me entra nada, me siento un tupper redondo que rebalsa de engrudo.

-Linda imagen.

-Es que, vas a ver cuando te pase, te querés matar. ¿Y sabés qué es lo peor? Que vas a la plaza, que está lleno de otras mamis, y siempre hay un par espléndidas. Y cuando les preguntás cómo hacen, te responden que es la genética. ¡Mentira! ¿Por qué no confesás que hacés dieta aunque le estés dando la teta? ¿Por qué no decís que te cagás en todos los libros de Laura Gutman y te matás en el gimnasio? Te juro, es insoportable…

-No te quejes que tenés unas tetas divinas.

-Tetas que me conoce hasta el chofer del 140. Y yo que decía que ni loca daba de mamar en el transporte público… Vas a ver, cuando te pase, vas a ver, todo cambia. ¿Y vos? Contame de vos. ¿En qué andás?

-Yo… eh… Tranquila… como siempre…

-Ah, pará, pará que se despertó el mini demonio. Igual vos seguí, seguí que te escucho, ¿eh?

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