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Entrevistas

Pequeña viajera

Recién superó los 30, pero ya tiene dos décadas en la pantalla. Todavía se define como curiosa y en constante movimiento.

Texto: Cecilia Castillo
Fotos: Alejandra López
Producción: Dani Laporta

Llega con Cortázar en versión “Rayuela” bajo el brazo. Es la primera vez que la lee y no quería dejar pasar más tiempo para hacerlo. Aunque ella todavía no lo sabe -porque recién hoy empezó a leerla- esta novela de Cortázar y el personaje que ella interpreta en la película La Parte Ausente, se conectan. En la primera aparición en el film, su personaje Lucrecia asegura que a las personas se las conoce mirándolas, muy de cerca, a los ojos. En Rayuela, el escritor argentino dice: “Para verte como yo quería, era necesarios empezar por cerrar los ojos”.

-¿Qué te atrajo de la propuesta de Galel Maidana?
La propuesta me llegó por medio de una amiga que tenemos en común. Tardamos un tiempo en juntarnos, pero apenas leí el guión me interesó porque ya se apreciaba en la escritura todo lo plástico que se ve en la película: esa atmósfera fuera de lo común que él crea. El guión es abstracto, no es posible decir de qué se trata porque es una película personal que a cada uno le llega distinto. Es como cuando ves un cuadro. Para mí, en lo personal, además de poner en escena una Buenos Aires destruida y post apocalíptica, habla del amor y de la soledad.

-Es la primera vez que hacés ciencia ficción: ¿Cómo te sentís en este género?
Me gusta ponerme a disposición de lo que el otro quiere contar. Es como tocar diferentes teclas de un mismo instrumento. Quizás yo hoy puedo ver la película y juzgar distintas cosas actorales mías.

-¿Sos de mirar tus trabajos?
Sí, me parece que está bueno verse porque, a veces, lo que uno siente al actuar después no se plasma en la pantalla. O, en ocasiones, pensás que una escena es un desastre y luego, al verla, por el modo en que está filmada quedó buena. Incluso, puede ser que en algún caso se cuente otra cosa de lo que vos quisiste contar.

La fama en contra

Arrancó de la mano de Cris Morena en Chiquititas, cuando tenía 12 años. Cuenta que no era una nena muy histriónica pero cuando jugaba, actuaba: “Encontraba mucho placer en eso, siempre estuvo bueno para mí”, dice y asegura que ese fue el motor para pedirle a su mamá que la lleve a su primer casting, donde quedó seleccionada entre 20 mil personas.

-¿Cuándo fue el paso de Celeste “la chica común” a Celeste “la chica famosa”?
Lo empecé a notar más en la gente que estaba a mi alrededor que en mí. Con mis amigas de colegio pasamos de hablar de nuestros temas de siempre a que me preguntaran por mis compañeros de la televisión: cómo eran, cosas de las vidas de otros que no nos deberían interesar demasiado. Para mí, la actuación era y es un trabajo. Que se entienda: es algo que me apasiona y que elegí como forma de vida. Pero no deja de ser un trabajo con sus horarios que cansa como cualquier otro. A veces desde afuera se aprecia un brillo especial pero la fama no siempre es divertida.

-¿Cuáles son las contras de ser famosa?
No es algo que disfrute. Sí, quizás, cuando alguien en la calle me dice algo sobre algún trabajo que hice. Me pasó hace poco que una chica me escribió desde Israel para decirme que vió una película mía y se emociono mucho. Esas cosas me conmueven: que el trabajo de uno pueda acercar distancias. Sólo desde ese lugar me parece que la fama está buena.

-¿Qué encontrás en la actuación?
La actuación es un lugar donde me siento cómoda, y también incómoda porque siento que me pone a prueba constantemente. En los personajes que uno tiene que interpretar siempre va a tener que tocar diferentes fibras personales. Es inevitable. Porque lo que cuenta un personaje es siempre algo de la vida y del amor.

-¿Cuándo te volviste más selectiva con las propuestas laborales?
Cuando nació mi hijo André. Yo tenía 19 años y hasta ese momento, desde los 12 que empecé a trabajar, fueron años de arrancar un proyecto, terminar y arrancar otro. El primer “stop” que hice fue a partir de su nacimiento y, esa pausa, también me hizo tener otra percepción del trabajo. Es muy difícil separar la vida y el crecimiento personal de las cosas que vas haciendo y eligiendo.

-Se te ve mucho en cine y televisión: ¿Qué pasa con el teatro?
Hice hace bastante tiempo. No es que no me guste pero en lo repetitivo encuentro algo diferente. Lo mismo me pasa con la televisión: si bien este año fue excelente por el grupo humano que se creó en Viudas e Hijos del Rock & Roll, en la televisión también se ponen en juego otros intereses. Yo siento mi lugar en el cine. Es más, podría decir que estoy muy pero muy enamorada de la pantalla grande.

Literatura y cirugías
Aunque parezca una actriz a tiempo completo no lo es. También lee, escribe, toca distintos instrumentos y dirigió un corto hace unos años atrás. Sólo le falta plantar un árbol. “Básicamente, soy una persona curiosa”, asegura.

¿Cómo surgió tu faceta de directora?
Aclaremos algo: no soy directora. Simplemente hice algunas cosas. Creo que la experiencia y el estudio me darían ese título. Y tal vez haga algunas otras. Pero es lo mismo que cuando uno escribe un solo libro y por eso lo llaman escritor. No creo que sea así.

-¿Vos escribís?
Sí, me gusta mucho. Hace bastante tiempo hice un libro que tiene mezcla de fotos, collage y textos que se llama Hiel. En esa época no había Instagram y, como a mí me gusta sacar fotos, sentí la necesidad de plasmarlas en algún lugar. También escribí un libro que tiene un formato de guión, como narrativa, no con la idea de filmarlo. Escribo desde chica: siempre me atrajo mucho el lenguaje, las palabras, el simbolismo.

-Llegaste con Rayuela a la entrevista: ¿Sos de leer mucho?
Sí, me encanta. Generalmente abro un libro y leo algunas páginas y ya. Pero con Rayuela me estoy obligando a tener una lectura constante porque soy medio dispersa.

-¿Algún escritor que te guste mucho?
Tengo una especie de devoción por la poeta argentina Alejandra Pizarnik, la estudié muchos años. Ella tiene algo que no lo encontré en otro lado: un estilo hermético y, al mismo tiempo, preciso y un uso perfecto del lenguaje. Hace poco hice un curso en el MALBA sobre ella y aluciné.

-Además de todo lo que hacés, o curioseas, en la mayoría de los portales de internet, aparecés como modelo ¿Cómo te sienta esta descripción?
No soy modelo, hice algunas cosas en campañas gráficas pero no lo soy. Es más, en algún momento, me llegó a molestar que me tilden como la linda. Recuerdo que en la época en que tenía tres veces este cuerpo fue cuando más destacaron mis cosas laborales. Entonces dije: “¿por dónde pasa el asunto?” Igual, no tengo rollos con eso, me puedo reír.

-¿No te molestó cuando en los medios se debatía si tenías o no tenías 20 kilos de más?
Sí, obviamente que me molestó. Uno se puede reír de uno mismo pero cuando los otros se ríen de vos es distinto. Igual, sabía que era un momento y que era por el bien de mi salud. Era un momento que iba a pasar, como también va a pasar este. Lo único seguro es que voy a envejecer y voy a tener arrugas: así es la vida y no me asusta. Cuando voy al cine, si veo una actriz mayor con su rostro natural, encuentro en su expresión el paso del tiempo y me conmueve. Si, en cambio, me encuentro con Nicole Kidman toda operada voy a ver una persona toda operada que sólo puede hacer de un personaje que está así, operado. La gente en la calle no es así.

-O sea que preferís todo al natural…
Para mí está bien lo que a uno le haga sentir bien. Quizás me preguntaría por qué a veces uno piensa que te va a hacer sentir mejor hacerte cirugías, creo que ahí está el tema.

La condición humana
Celeste habla sobre el conflicto humano. Y sobre ese punto basa su participación en proyectos como Televisión por la Identidad y en películas como Eva y Lola. Su postura es más humana que política a la hora de contar historias de personas que vivieron y fueron víctimas del terrorismo de Estado de la última dictadura militar en Argentina. “Cuando me puse en la piel de Eva en Eva y Lola (hija de desaparecido, basada en una historia real), la chica que yo interpretaba colaboró con el guión e iba a las grabaciones. Era muy emocionante hablar con ella, involucrarse un poco en su vida. Me acuerdo una escena en que mi personaje estaba comiendo un helado y se enteraba que le iban a pagar un subsidio por ser hija de desaparecidos. En ese momento recuerdo la cara de ella mirando con emoción y cierto alivio. Si bien es doloroso, creo que es sanador poder seguir hablando de esto y que esto ayude a que sigan apareciendo nietos. De todos modos, la identidad es un tema de todos, o por lo menos, así debería ser”, afirma.

-¿La política no te interesa?
Me marea un poco. Estoy más metida en la política del día a día, que en la otra.

-Y si hablamos de identidad, ¿quién es Celeste Cid?
Es una mujer que se siente muy feliz. Es una persona que está en movimiento constante, sobre todo, para sorprenderse. Creo que uno, poniéndose en ese lugar, puede aprender muchas cosas y a partir de todo lo que me queda por aprender, voy a poder brindar algo. Soy una persona curiosa a la espera de cosas buenas.

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