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Columnistas

Pareja de estreno

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

-¿Los odiás o los envidiás?
-¿A quiénes?
-A esos dos.

Me dice Carmela mientras señala hacia la otra punta de la mesa. Una mesa larga, muy larga, con restos de asado, restos de vino, restos de ensalada, restos de amigos y no tan amigos. Miro y veo dos personas en posición en la que solo están dos personas que acaban de estrenarse como pareja. Muy juntitos, se acarician una pierna, la espalda, él que le dice algo al oído, ella que se ríe al borde de la timidez, el mundo que se desvanece, ah, ah, pajaritos en la cabeza, pecesitos en el estómago, palabras en diminutivo y la maravilla del amor que ni siquiera sabe de la crisis de los tres meses cuando te das cuenta de que el otro, indefectiblemente, va a dejar las medias sucias adentro de la bañadera o la toalla sobre el sillón recién tapizado.

-¿Decir que me dan nostalgia vale?
-Vale.
Me concede Carmela, que no para de meter el tenedor en la torta de chocolate. Lo hace de a poquito, como si eso disminuyera la ingesta.Y sigue:

-A ver, ¿dónde están nuestros hombres? ¿Los ves por acá preguntando si queremos un poquito más de vino, si la estamos pasando bien, si tenemos ganas de ir a dormir una siestita mientras nos guiñan un ojo?

-Ehhh, no… ni siquiera sé dónde están.
-Adiviná. A: en el living mirando fútbol. B: en la cocina mirando fútbol. C: en el comedor mirando fútbol.
-¿Vos decís que huyen de nosotras porque los aburrimos? ¿Que vale más una jugada de Botinelli que compartir una tarde con nosotras? ¿No es genial que un jugador se llame Botinelli?

-El otro día escuché uno que se llama Gambeta. Pero volviendo a lo que nos importa, yo diría más bien que los exasperamos. Este otro últimamente está con que no lo dejo en paz, que siempre corrijo todo lo que hace, que quiero que todo se haga a mi modo, que..

-¿Y tiene razón?
-¡Yo tengo mis razones! Ponele, vamos al supermercado juntos. Para ahorrar tiempo le pido que busque pan lactal. ¿Cuál busca? El más caro, obviamente. Y así con el agua mineral, con la manteca, con el queso por salut. ¿Por queeeé? Yo me paso mirando precio por precio, cartelito por cartelito, para que los pocos pesos que ahorré se esfumen en un pan lactal envuelto como para bautismo.

-¿Y qué hiciste?
-No me quedó otra que sacar todo lo que él había puesto en el changuito y reemplazarlo por cosas con precios lógicos.
-¿Y se enojó?
-Algo así. Pero lo peor es que agarró otro changuito, volvió a cargar lo que él había comprado y volvimos a casa habiendo comprado todo por dos, habiendo pagado todo por dos. ¿No hacemos una gran pareja?

-Amiga, creo que estás en el horno y que te estás pareciendo a esas culonas de Barrio Norte que retan a sus maridos mientras caminan por la avenida Santa Fe.
-Ay, ¿en serio? ¿Me estoy convirtiendo en mi tía María Elena que todas las tardes se toma su tecito en Nucha?
-Bueno, lo del té en Nucha no está tan mal. Lo del changuito, te diría, está al borde de la que te hierve el conejo.
-¿Conejo?
-¿Glenn Close? ¿Atracción fatal?
-Bue, si al menos tuviéramos ese sexo salvaje, no me importaría tanto el conejo. Pero entonces, ¿hay solución?
-¿Cambiar de pareja cada tres meses?
-No hay tanta oferta ni cuerpo que aguante.
-¿Interesarnos por el fútbol?
-Peor, van a decir que los invadimos.
-¿Hacernos las tetas?
-Esperá, ¿nosotras no éramos feministas? ¿Te acordás cuando usábamos la palabra cosificación?
-Sí, es verdad, descartá las tetas…
-Dudo que resolvamos uno de los grandes dilemas de la humanidad con esta torta de chocolate de por medio. Mientras tanto, miremos a la pareja de enamorados: ¿será que el amor ajeno siempre parece mejor?

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