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Cine y Series

Oscura Blancanieves

El film del español Pablo Berger llega hoy a algunas salas porteñas con su particular versión del clásico de los hermanos Grimm, más cercana al original que al mundo naive de Disney.

Por Sandra Martínez

En su libro La psicología de los cuentos de hadas, Bruno Bettelheim explica que “la mayoría de los niños se tropiezan con los cuentos de hadas sólo en versiones insulsamente embellecidas y simplificadas, que atenúan su sentido y les quitan cualquier significado profundo”. Y en un momento en el que Hollywood volvió su mirada a esas historias clásicas en busca de nueva inspiración -desde Blancanieves y el cazador hasta la próxima a estrenarse Maléfica, pasando por ese compilado fantástico que es la serie Once Upon a Time– esos conflictos básicos que debían influir en el subconsciente de los niños para ayudarlos durante su formación, quedan más que nunca relegados a las necesidades y modas de las superproducciones. En ese contexto, ver la película Blancanieves del español Pablo Berger produce esa sensación de haber encontrado una joya única. Su particular visión devuelve a la historia el clima turbio de los Grimm, y al mismo tiempo la traslada a un tiempo y espacio exóticos y la envuelve en exquisitas referencias cinematográficas.

Para empezar está la reivindicación de los inicios del cine, ya que la película es en blanco y negro y muda, con los intertítulos gráficos indispensables para unas pocas líneas de diálogo. Los juegos de luces y sombras y las actuaciones muy físicas la emparentan también con el expresionismo alemán de Murnau y Fritz Lang. Siguiendo con este extraño experimento de mezclas, la historia de Blancanieves se traslada a la España de los años 20, entre una Sevilla con aires art deco y paisajes rurales dignos de Goya. Blancanieves es la hija del más famoso torero y una bella cantante de flamenco que muere al dar a luz, el mismo día que un toro deja paralítico a su marido. Pese a los esfuerzos de su madrastra Encarna, una astuta enfermera con ambiciones , Blanca y su padre forjan un fuerte vínculo y el torero le transmite a la niña su legado. Pero Encarna no quiere interferencias en su estilo de vida y como la Reina Malvada que es, se deshace de su marido y de la heredera. Sólo que Blancanieves sobrevive y aunque pierde la memoria, es adoptada por una troupe de enanos toreros que la convierten en parte de su freak show ambulante.

Gran parte de la fuerza de la película reside en la banda sonora, una mezcla de jazz y flamenco compuesta por Alfonso Vilallonga, que trabajó sobre el film ya editado para respetar el ritmo narrativo creado por Berger (que, a su vez, sugiere la experiencia de ver la película sin sonido cuando esta se edite en DVD). Las actuaciones, que incluyen a la gran Maribel Verdú en el rol de la madrastra, no son menos poderosas y brindan algunos momentos delirantes antológicos, como la sesión fotográfica en el velorio.

En el imaginario de Berger, el cuento infantil se convierte en una poderosa historia sobre la identidad, donde el romance no está exento de sexualidad y después de sobrellevar con candor todas las tragedias posibles, esta Blancanieves quizás no encuentre un príncipe azul Disney que la salve.

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