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General

Ocho años On The Road

Octavo aniversario de Bacanal y estreno de la película basada en la novela de Keruac. En ambos conviven tragos, literatura, música y la necesidad de mantenerse en moviento.

Se acaba de estrenar en los Estados Unidos la película basada en la novela On The Road de Jack Kerouac, un texto que marcó a una generación y fundó uno de los movimientos principales de fines de los 50 y comienzos de los 60, los beatniks. 55 años después de aparecido el libro y con la película para estrenarse pronto en la Argentina, la fascinación por la ruta sigue vigente. Lo mismo que encontrar un relato épico en tiempos sin épica.

Encontrá la nota completa en el número de noviembre.

EDITORIAL. Ruta´s Fever
Por Javier Rombouts

Voy a cometer un error que me suele disgustar: este editorial estará escrito en primera persona. Me gustaría encontrar otro modo de contar lo que viene pero no lo conozco o no me sale o no me atrevo. Como sea, me disgusta pero no encuentro mejor forma de expresar lo que significa mi on the road y la nota de tapa de este número de Bacanal.

A principio de los años noventa, -1993/94- una editorial argentina me envió a trabajar durante unos meses a los Estados Unidos. En medio del uno a uno, la editorial nos había colocado a un fotógrafo y a mí en el limbo del corresponsal: sabíamos que tarde o temprano íbamos a volver a casa pero no sabíamos con exactitud cuándo. Como trabajábamos para una revista semanal, teníamos días de gran actividad y de agenda vacía. Por fortuna, nos llevábamos bien el fotógrafo y yo.

El tiempo pasaba y nosotros ya habíamos hecho varias veces el recorrido acostumbrado: Los Angeles, Miami, Nueva York. Habíamos entrado a todos los pawn shops (esas casas de empeño estadounidenses que venden las cosas más disparatadas) y comprado cosas inútiles en esos negocios, habíamos visitado los museos, los cafés y los restaurantes. Habíamos visto los espectáculos y los recitales. Y, en ocasiones, nos habíamos quedado sin saber qué hacer, aburridos en nuestra propia fortuna de tener plata en el bolsillo y mucho tiempo libre.

Hasta que un día, al fotógrafo se le ocurrió una idea brillante: cuando se terminara nuestro trabajo y la editorial nos dijera que era tiempo de volver, nos tomábamos las vacaciones y todos los días extras que nos correspondían por estar trabajando en el exterior. El plan era comprar un camión Peterbilt -sólo la caja, sin el acoplado-, dos motos Harley Davidson y cruzar los Estados Unidos: de Los Angeles a Nueva York, parando en los pueblos que fuera necesario. Una vida de ruta. Al llegar a destino, pensábamos en vender motos y camión. Calculábamos que íbamos a perder un poco de dinero pero que valía la pena. Teníamos el dinero ahorrado de varios meses de nuestros sueldos. Teníamos tiempo. El detalle era -tanto en el caso del fotógrafo como en el mío- las novias que habían quedado por acá. Eramos lo suficientemente jóvenes como para no encontrar en esto un inconveniente mayor.

Desde ese día, no volvimos a aburrirnos. Comprábamos revistas dedicadas sólo a la venta de camiones y motos usadas, trazamos un mapa de recorrido. Fuimos haciendo uno por uno todos los deberes porque la pasión de la ruta ya estaba en nosotros. Finalmente, cuando llegó el momento, en lugar de comprar el camión y la motos, nos subimos al avión y aterrizamos unas 12 horas más tarde en Buenos Aires. La excusa fueron las respectivas novias pero, en verdad, quizás también estábamos un poco cansados de vernos las caras el fotógrafo y yo. Nos prometimos hacerlo el año siguiente. Eso nunca pasó.

Hoy, por supuesto, lamento la decisión. Pero no lamento la pasión por salir a las rutas que mantuve por esos días. De hecho, de tanto en tanto recuerdo todo ese vértigo de posibles Peterbilts, Harleys, nombres de moteles y mapas con un enorme cariño. Guardo por ese recuerdo más cariño que por la novia que me esperaba en ese entonces en Buenos Aires con quien me distancié, como no podía ser de otro modo, pocos días después de aterrizar en Ezeiza.

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Además, en este número:

+ Christina Hendricks, curvas peligrosas
+
Turismo, gastronomía y  arte en San Pablo.
+ Vinos:
bodegas populares vs bodegas de elite

… y mucho más!

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