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Cine y Series

Noé Vuelve

El cine bíblico está de regreso de la mano de Darren Aronofsky

 

Por Sandra Martínez

Aunque esta semana el plato fuerte sea el BAFICI (del que ya recomendamos varias películas aquí), el cine mainstream tampoco se privó de estrenar un tanque. O un arca, más bien, ya que estamos hablando de Noé.

El cine bíblico tuvo su momento de esplendor en los años 50, un poco como derivado del llamado cine peplum -ambientado en la antigüedad grecorromana- y con Quo Vadis como mix entre ambos. Grandes estrellas como Max Von Sydow y Charlton Heston se calzaron las túnicas en películas que supieron cumplir la función que hoy tienen los supehéroes: llenar las salas con historias épicas, decorados monumentales y presupuestos faraónicos para la época. Tras una largo hiato solo interrumpido por las polémicas La última tentación de Cristo de Scorsese y La pasión de Mel Gibson, ahora están de vuelta. Se vienen varias películas dedicadas a las vidas de Jesús y la virgen María, una sobre el Éxodo dirigida por Riddley Scott con Christian Bale y Sigouney Weaver en el elenco, una versión vampírica de la historia de Cain y Abel. Y en la cresta de la ola -chiste fácil- está Noé, con dirección de Darren Aronofsky y protagonizada por Russel Crowe.

Es imposible negar que esta resurrección -otro chiste fácil- del género viene impulsada por la manía religiosa que parece haber despertado el papa Francisco. Por algo Russel Crowe buscó interesar al Santo Padre en la película, ofreciéndole via Twitter organizar una función privada en el Vaticano. Pero aunque por un corto tiempo circuló el rumor de que la proyección se realizaría, finalmente quedó en la nada. No es de extrañar, después de todo las modernas producciones en torno a temas religiosos suelen despertar más indignación que adeptos entre las huestes creyentes. Y Noé, claro, no será la excepción.

Aronofsky recorrió un largo camino desde Pi, aquella pequeña película independiente que se volvió un film de culto, hasta esta megaproducción con su despliegue visual desparejo, entre lo impecable y el videojuego berreta. Con una estética más cercana a la postapocalíptica Mad Max que a La historia más grande jamás contada, su versión de Noé se toma algunas libertades de tono épico fantástico, que de paso llenan los huecos narrativos del libro original. Para los que alguna vez se preguntaron cómo pudo Noé construir un barco gigante con la sola ayuda de su familia, bueno, la respuesta acá son unos seres angélicos con pinta de Trolls. La parte de los incestos, por otro lado, no resultó tan fácil de solucionar.

La otra innovación es el enfoque ecológico. Noé y los suyos son vegetarianos y bastante hippies, mientras que la estirpe de Caín, a la que el Creador sentencia a muerte, es una sociedad industrial, destructores del medio ambiente y hambrientos de carne. Pero quizás lo más interesante ocurre hacia el final, con el diluvio ya en todo su esplendor, cuando las demandas del Dios sanguinario y vengativo del Antiguo Testamento se hacen patentes. Noé ya no es un héroe sino un fanático y el compás moral de cada personaje gira descontrolado. Pero claro, nadie intenta mostrarle al Papa una película en la que un patriarca bíblico se vuelve un asesino, así que, como es de esperar, todo vuelve al cause previsible, demostrando que, como libro, la Biblia tampoco es una gran historia de ciencia ficción.

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