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Cine y Series

Noche de caballeros

Este jueves llega a los cines Batman, The Dark Night Rises y la batiseñal está en llamas: ¿será una obra maestra o un fiasco? 

Por Juan Manuel Dominguez

Hace muchos batiaños, Joel Schumacher tomaba la versión Burton de Batman y la castraba de cualquier posibilidad de futuro, a base químicos camp y de un cine-napalm. Schumacher destruía las dos películas de Burton-Batman: esos lados B favoritos del pequeño geek ilustrado, ambas B como mitos y personajes del gótico empanizado, a lo milanesa, por el pop industrial de autor y de chiche de placard.

Con Schumacher daba para gritar ¡santos pezones en el traje de hule tecnificado, Batman! ¡Desde 1939 no se había soñado tamaña anulación de la franquicia co-creada por Bob Kane y Bill Finger! Y, de repente, cuando la baticueva parecía un santuario a la Gauchito Gil, donde cualquier cineasta podría aprender pezón a pezón que no hacer a la hora de jugar con uno de los integrantes del G8 superheroico; así, de la nada, en 2005, un director con hitazo thrindie (el thriller indie Memento, 2000) como batiseñal de su talento, se calzó la batifranquicia.

Así, Christopher Nolan fue el elegido. Y el cinéfilo hardcore que apareció en el radar con su Memento debía enfrentarse al legado audiovisual de Batman. Porque, claro y por suerte, el encapuchado de Ciudad Gótica no sólo fue Schumacher. También fue Burton, las seriales, las series, los dibujos animados y un historial digno de un superhéroe. Y hasta entonces Nolan había hecho su Memento, un film de cuatro millones de dólares y cierto giro entre intelectual y canchero + una ópera prima -Following-, donde mamá azafata hacía sándwiches para el equipo-hecho-de-gomias.

Pero Nolan no sólo enfrentaba la historia sino también enfrentaba su tiempo. Es que este mundo ya no es cualquier mundo en lo que a súper héroes se refiere. Este mundo es un supra universo donde “las de superhéroes” ya no son la excepción sino la regla. De hecho, la reciente billonada ganada por Los Vengadores, el superseleccionado de la Marvel Comics, no hace sino confirmar que, si hay un formato que define a nuestra era cinéfila, es el tanque superheroico.

Los superhéroes en pantalla, y su reproducción símil conejos, son la forma en que el cine aprendió, capturó y modificó los modos mutantes pero siempre industriales con los que el cómic supo multiprocesar (a la bati-cinturón utilitario) las evoluciones de la historia del cine (el género, el autorismo, el mestiche, el cualquier-cosa) y el superpoder que implica poder contar una y mil veces la misma historia pero siempre con la F de Franquicia bien brillante, radiante y rebota balas ahí en el pechito.

El Padrino en calzas

 Entonces, ahí estaba Nolan, con un doble duelo por delante. Nolan vs. Batman, legado comiquero y pata ortopédica de la industria del cine. Y, por otro lado, Nolan vs. Todo Aquello que Usted Espera de un Mega Tanque con un Supertipo. Incluso, si Usted no es un mega fanático Made In Parque Rivadavia del Encapotado de Gotham.

El resultado fue billonario: Batman comienza, de 2005, y El caballero de la noche, de 2008, no sólo generaron casi un billón y medio en las arcas de la Warner (sin contar batomovilcitos, batimuñequitos y todo el real batifondo del asunto de las franquicias) sino que se convirtieron, sobre todo la segunda, en la ceja alta del cine de superhéroes. En El Padrino de los hombres en calzas.

Se convirtió en “la de superheroes” que ganó un Oscar (uno medio tramposo, a mejor actuación no protagónica, para Heath Ledger, que murió antes del estreno del film), que estaba en los Top Tens seriotes, “la de Batman” que vieron tus viejos.

El próximo estreno de Batman:The Dark Knight Rises se postula para convertirse en el cometa Haley del género. Y eso que es la tercera. Es sabido: la tercera es la maldita, ni el Spiderman de Raimi pudo escapar del estigma. Como sea, la esperadísima tercera Batman de Nolan viene a clausurar, bajo la Santísima forma de la Santa Trilogía -religión hollywoodense por estos días- el modelo de film que logró hacer palpable, real y tan irreal como siempre a un tipo multimillonario que se viste con orejitas de hule y va de terraza en terraza ejerciendo su violencia y moral paramilitar.

I´m Batman

 La verdad, sacada a interrogatorio de batipuño, es conocida: la primera Batman, ok, tranquila, pausada, nueva para los bati estándares, no sorprendía pero dejaba esperando por más, sobre todo con el anuncio del Joker al final. Nolan repetía intencionalmente en Batman comienza una idea ya surgida en la primera y más icónica Superman y que, sin querer, reflejaba una constante que ha fortalecido al cómic: poner grandes nombres en papeles secundarios.

Así, al Batman voz-salida-de-los-tobillos de Christian Bale se le sumaba un Alfred-Michael Caine, un James Gordon-Gary Oldman, un Lucius Fox-Morgan Freeman, y así la lista de Oscar Award Nominees (o Winners) al servicio de volver a narrar de una forma creíble algo tan frenéticamente implausible como un tipo gritándole a un malhechor armado algo como “I`m Batman!”.

Pero con El caballero de la noche Nolan se ganó el Gordo de Navidad, ahí fue donde realmente logró algo nuevo para cualquier medio: creó al mejor Joker de la historia, páginas de DC Comics incluidas.

Agarró el vino y lo convirtió en energía nuclear. Heath Ledger y su versión Sex Pistols del Guasón, más anarco-fuerza de la naturaleza que villano métodico, motorizado por esa furia absolutamente hipnotizante, se convirtió en el alma de una película peligrosamente clásica, que mostraba a un Batman mucho más programáticamente listo a violar la ley y los derechos humanos que nunca. Y que aún así, nos ponía hooligan a la hora de romperle la jeta al villano. Un cast digno del Mundial del 86, más una química digna de un Nobel, le dieron a Nolan una perfecta película que asemejaba ser seriota (y lo era) pero escondía, sin saberlo, no sólo al mejor Batman comiquero sino la veta más clásica del duelo entre el murciélago y el comodín.

El mismo Nolan sostenía sobre el Joker de Ledger, el Messi de El caballero de la noche: “Va apareciendo en el film de la misma forma que lo hace el tiburón de Tiburón, como un catalizador que afecta a la gente y que genera acción. Heath y yo lo veíamos como un personaje que era devoto a la idea de pura anarquía, fervientemente fascinado por la idea de caos, un deseo genuino de simplemente destruir el mundo alrededor de él para su mera diversión. Y Heath realmente logro capturar eso.”

Súper Nolan

Entonces, cuando obviamente se habló de una tercera Batnoleada, la gran pregunta era: ¿quién podrá llenar los zapatos del payaso? Pero ya Nolan no es ese muchacho con mamá azafata gran hacedora de sandwichs para los amigos del hijo que hace cine. Ahora Nolan también es un súper héroe de Hollywood que da la talla de Spielberg. Y que, como el tío Steven, es el único tipo que puede decidir filmar en fílmico y no en 3D y que se lo respeten.

Así, este Nolan no sólo estaba confirmado de antemano como director de la peli sino que -también- ya se había convertido en el gran DT de los superhéroes por venir. De hecho, es el Oz del futuro relanzamiento 2013 de Superman, en el mismo tonito gótico-pesado esto-es-realista de sus Batman. Por eso, si bien la pregunta era y sigue siendo ¿cómo seguirla?, quien la responde es otro Nolan. Es este Nolan súper director. Y empezó la fiesta de nombres: que Johnny Depp como El Acertijo, que Angelina Jolie como Gatúbela, que Philip Seymour Hoffman como El pingüino y así la lista Esquire de villanos batmaniacos. Pero Nolan es súper Nolan y en el cast terminaron apareciendo nombres como Tom Hardy, Marion Cotillard, Joseph Gordon-Levitt -a quien el director se trajo de su intento de autor, la plegable y estéril Inception, ejercicio de cajas chinas demasiado llenas de sí mismas- y la sorpresa fue Anne Hathaway, la hermosa dientuda de El diablo viste a la moda, como la nueva Catwoman.

Se supo que realmente la película narrará el fin del murciélago o, al menos, que Bale después de este film no será más, por una razón u otra, Batman. Las tesis son millones. Ya saben cómo se respiran los superhéroes en la blogosfera. Pero la realidad, por ahora, incluso considerando los 8 minutos vistos pre-Misión Imposible: Protocolo Fantasma en el IMAX es que la historia está escrita por Nolan y su hermanito Jonathan, basada en una idea del guionista de cómics devenido director David S. Goyer y que retoma ocho años después del segundo film la vida jubilada de Batman.

En esos 8 minutos se pudo ver una escena muy parecida al impresionante comienzo de la segunda Batman, una fuga espectacular del villano de turno pero de tinte setentoso aunque anabolizado, filmada de forma espectacularmente gigante. Pero el morbo geek se pregunta si Nolan se la va a jugar y mostrar lo inmostrable, sobre todo considerando que Bane fue un personaje inventado en su momento, los 90, para obligar a Batman al retiro.

Nolan mientras tanto, siempre en traje, no larga un dato, ni uno solo de su canto del cisne. La fe ciega –a lo murciélago- mezclada con el terror real rodean a Batman: El caballero de la noche asciende. Y el terror tiene que ver con que Nolan demostró con Inception que, sin disfraz de Halloween y cuando usa demasiado ajustado su propio traje, es capaz de una sofisticación vacua, un batitubo sin fondo.

Por eso, queremos Batman, pero, mejor-peor aún sabemos habrá más Batman en el futuro del cine: el cómic ha sido el campo de prueba de un virus con que Hollywood felizmente se reproduce. Sabemos de arañas radioactivas y de supertipos wagnerianos, incluso hasta de reuniones de consorcio entre capitanes y deidades nórdicas que antes sólo eran propiedad -a lo Gollum- de nerds talle XXL.

Y eso es responsabilidad de Hollywood.

Ya lo dijo Bale, en su voz-que-sale-de-los-tobillos: “Creo que Batman es mitología moderna. Creo que todos los superhéroes lo son. Son dioses. Dioses modernos. Son lo que quisieramos ser. Son los ideales que queremos alcanzar, incluso cuando nos equivocamos, y Batman, bueno, fascina porque esa extraña mentira de que podríamos ser cómo él. Ok, primero deberíamos heredar una billonada, pero una vez conseguido eso, no creo que sea tan difícil. Es mitología moderna, tanto el dinero como la deidad. Es la mitología americana finalmente adquiriendo una forma plausible. Y Nolan supo capturar eso.”

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