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Cine y Series

No más héroes

A diferencia del cine, los superhéroes de la televisión van perdiendo la batalla. Sin embargo, con el lanzamiento de Agents of S.H.I.E.L.D, el escenario puede cambiar.

Por Juan Manuel Dominguez

SúperHollywood, donde los superhéroes son hoy el nuevo western, parece que se mantendrá en pie unos instantes más. Habrá que ver quién se cansa primero: si el género o los millones de nuevos geek. Por lo pronto, Marvel anunció que tiene películas proyectadas hasta 2021.

Incluso en la era de SúperHollywood, donde hasta el más neófito sabe quiénes son los Vengadores (y hasta espera novedades de su secuela como si fueran el gordo dueño del negocio de Comics de Los Simpsons) hay un vínculo que siempre ha sido el Talón de Aquiles del mutante Superhéroes + Hollywood: la televisión. Por cada supraéxito tamaño Superman de Christopher Reeves, Batman de Burton, X-Men de Synger o, más amuchaditos, los reciente súperfilms, la televisión ha fracasado casi a niveles de supervillano en los 50 a la hora de lograr que la gente se interese por volver a sintonizar el mismo baticanal a la misma batihora.

La televisión, la súper, ha generado, sí, postales imposibles de borrar: tatuajes pop invencibles como el Batman hipercamp de Adam West en los 60 (serie que duró, de hecho, solo tres años), la Mujer Maravilla de Linda Carter (la imagen definitiva de la Mujer Maravilla: incluso considerando su génesis, es el rostro de Carter; serie que duró cuatro años) o el Increíble Hulk de finales de los 70 (con Lou Ferrigno pintado de verde como imborrable masa muscular con la que no nos gustaría encontrarnos cuando anda enojada). O ha producido derivados que esnifan la lógica y las peculiaridades de un mundo acostumbrado a viajes en el tiempo, clones, radioactividad, fines del mundo y viajes intergalácticos como Héroes (2006-2010) o, peor todavía, como Manimal o Night Wing.

Pocas victorias

La lista, claro, es tan enorme y grande como puede ser la incomprensión, desde la industria cultural audiovisual, para con un medio que ha sabido poseer su propio centro gravitatorio desde que Superman revoleaba autos allá por 1938.

Pero buscar en esa lista un real éxito catódico no animado basado en un cómic es como buscar a Wally en la Tierra de los Wallys. Incluso aquellos shows que son cálidos y pisan fuerte en el recuerdo tampoco fueron el éxito que uno cree. Por cada Pow! del Batman abusador de Batirrepelente de tiburones, hay una serie de Flash que duró una temporada (90-91), una sobre la hija de Batman (Birds of Prey, los 90), un Shazam! abollado (1974), un intento de capitalizar la sabia saga cazavampira de Blade (Blade, la serie), y varios caídos en cumplimiento del deber: Witchblade, Mutant X, Painkiller Jane, la memorable SpiderMan con cuerdas.

ArrowClaro, que el éxito reciente de Marvel y DC en los cines ha generado dos series que resisten: Arrow (protagonizada por una versión a la Christopher Nolan de Flecha Verde, segundón de la DC Comics) y la venidera Marvel Agents of S.H.I.E.L.D., que viene con la firma de Joss Whedon, creador de Buffy, la cazavampiros, earth mightiest generador de series/culto (que salvan la vida aunque las cancelen antes de tiempo) y mente maestra detrás de Los Vengadores.

Arrow, como decíamos, sufre de la vitamina Nolan, esa que mamá Hollywood obliga a tomar a los comics de DC cuando adquieren audio: un halo de seriedad que confunde realismo con gente muerta, narcotráfico, bajar el tono del pop y hacer una serie elegante trocando al policía malo con un supertipo turbio o lanzaflechas pintón, como en este caso. Pero Agents of S.H.I.E.L.D. es otra cosa: es el resultado directo de la gran campaña de Marvel en Hollywood, esa que ha permitido el ascenso a proyecto cinematográfico de vitalicios del banco de suplentes. ¿O de qué otra forma se puede explicar que se barajen y se estén filmando proyectos de Ant Man o de los Guardianes de la Galaxia?

Como sea, una de las cocreadoras de S.H.I.E.L.D., Maurissa Tancharoen (que trabaja junto a Jed Whedon, hermano de San Whedon), dice: “Las películas de Marvel serán sobre el gigante que destruye el edificio, el programa será sobre la gente cuyo edificio es destruido”. O sea, cortita y al pie, Agents of S.H.I.E.L.D. no será sobre el supertipo: no habrá supervillanos, ni será la versión mini de la épica Bien vs. Mal.

Será sobre cómo el agente Coulson -el reclutador que se ganó a los fans, interpretado por Clark Gregg, y que, si usted no es de los billones que vieron Los Vengadores, mordió el polvo en manos de una deidad nórdica-, que solo la familia Whedon sabe por qué anda vivito y reclutando, lidera a una pandilla de modelitos con corazón, que bordean el estereotipo solo para asomar la cabeza, ver qué hay ahí y, como suele suceder en Whedon, hacer todo lo contrario.

Whedon mismo dice: “Cualquiera que haya visto uno de mis shows, sabe que amo la forma en que se ensamblan los grupos de personas. Amo a los personajes periféricos”. Y sigue: “Con S.H.I.E.L.D., la idea del agente Coulson como el burócrata que ha sufrido desde hace rato con lo insufrible de Tony Stark se hace encantadora y pega justo en el núcleo de algo sobre lo que nunca dejo de escribir: el pequeño hombre versus la gran y sin rostro organización. Podrían decirme: `Che, ¿pero S.H.I.E.L.D. no es una gran corporación sin rostro?’. Claro que lo es y eso es algo con lo que vamos a lidiar en la serie”.

Lógica Whedon

La base de Whedon es quizá la que necesitaban los superhéroes que no son Superman: no usa al superhéroe con airbag (a la Nolan), sino que recorre el día a día de los que juntan los escombros posdestrucción de Manhattan. Esto es: busca del otro lado del espejo.

Whedon, salto evolutivo del geek, como represa para contener y generar energía con Agents of S.H.I.E.L.D, muestra el problema que ha castrado ilógicamente a los superhéroes en TV. Los comics han vivido por años bajo la lógica del folletín, del Continuará…, por eso su muy común fracaso en TV es extraño, ya que los puntos suspensivos son la gimnasia básica de la serie de TV. El problema quizá sea que Hollywood ha sabido aprovechar el aspecto visual -ahora que toda imagen es posible- y de desarrollo de los personajes del cómic. De hecho, cuentan con 75 años de errores, aciertos y revoluciones a mano. Entonces, emergieron películas como colosal espectáculo visual y gran capacidad de franquicia. Pero, al mismo tiempo, esas pelis han fosilizado a los personajes.

O, de otra manera: no se busca aprender de esa jerga de géneros que son los superhéroes: se busca maximizar la caricatura de lo que se cree es el género. Un ejemplo inmediato: la bomba atómica de El caballero de la noche asciende, tercera pata de la trilogía Nolan, sobre Batman. ¿Había necesidad de un holocausto nuclear para establecer seriedad, gravedad y marcar que es la aventura definitiva del encapotado? Incluso hoy día es imposible, con los costos y calendarios de la TV, generar esas imágenes bigger than life que Hollywood hizo más comunes que la life misma.

SmallvillePor eso, Hollywood TV no ha sabido capturar la historia que corre por el costado de esos gigantes, sus glóbulos blancos y rojos. Bueno, sí lo ha hecho con Superman: desde el Superman de George Reeves hasta el Superboy de los 80, pasando por las recientes y exitosas Lois & Clark (en los 90) y la historia de Clark Kent púber en Smallville (¡diez años!), siempre entendió que Superman era imposible como relato súper pero no así Clark Kent. Con Superman se comprendió que, en la serie, se puede expandir aquello que el cine visita únicamente usando el flashback. Y tal vez allí esté la clave.

Hay series de comics como Gotham Central, el departamento de policías de Ciudad Gótica, o Alias (una ex superheroína que deviene investigadora privada) que quizá puedan hacer ese recorrido. Pero Hollywood, en su ansia de millones, ha reducido a los superhéroes a ser, como dijimos, bigger than life. De ese modo, se confunde su real potencial, se los reduce a ser una vidriera espectacular de sus computadores, sus cajitas felices y sus ganas de no arriesgar.

Al contrario, en los comics, los superhéroes han sabido superar la mera idea fija del Fin del Mundo como justificación de vida y de muerte. En los cuadritos habita el melodrama, la investigación, la aventura concreta y, si se quiere, mínima -Batman encerrado en una cárcel por dos horas, por caso- y, fundamental, el romanticismo de quienes deciden dedicar su vida a hacer superhéroes.

En su subestimar a los comics, Hollywood necesita contar La Guerra y La Paz o Armagedón para dar vida a los superhombres. Y nada más. Quizás sea eso lo que los repliegue, después de 2021, otra vez al papel que los vio nacer y al consumo digital que los vio renacer. Y si la lógica Whedon funciona bien puede que la televisión -esa amante esquiva- se convierta en la verdadera súper fortaleza, siempre y cuando no pretendan un fin del mundo en cada capítulo sino un devenir de la vida, con sus luces y sus sombras. Así quizá los Vengadores unidos se den cita frente a un televisor.

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