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Wine News

Nadar contra la corriente

Algunas bodegas tienen las agallas para desafiar el lugar común presentando un Syrah o un Merlot de Alta Gama. Y logran sus recompensas.

Por Alejandro Iglesias
Ilustraciones: Ariel Escalante

Esta historia ya la contamos varias veces: hace unos veinte años, el Malbec comenzó a convertirse en nuestra cepa nacional, logrando que la Argentina sea la potencia exportadora que conocemos hoy. Pero esta historia de éxito esconde detrás suyo muchos fracasos. En especial, el fracaso de otras cepas, que supieron ser exitosas y que ahora parecen estar en el arcón de los recuerdos de la industria del vino moderno. Una lista encabezada sin dudas por dos varietales de enorme trascendencia histórica, como Merlot y Syrah. Dos uvas que, tras años de triunfos y éxitos, hoy se visten con el disfraz del antihéroe, del caído en desgracia. Por suerte, siempre están aquellos que, más allá de los dictámenes del mercado, salen a defender y reivindicar a estos antihéroes.

 SyrahCrónica de una muerte no anunciada

Estar en el lugar y momento indicado es algo que puede cambiar la suerte de cualquiera y esto podemos aplicarlo a las cepas centrales de esta nota. Como dijimos, hace unos veinte años la industria vitivinícola asumió el desafío de refundarse y lo hizo a costa del Malbec. Pero esto que hoy se ve como una bisagra evidente, en su momento no lo fue tanto, y mientras que algunas bodegas se especializaban en Malbec, otras tantas seguían otros caminos, en especial el que marcaban las cepas que en ese entonces eran las más exitosas en el mundo: Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah. Así, gran parte del crecimiento de los viñedos argentinos se hizo a base de esas tres variedades. Hoy, con el diario del lunes impreso, ya sabemos el resultado: mientras que el Cabernet Sauvignon mantuvo su reinado, el Merlot sufrió la mala prensa del film Entre Copas y su consumo cayó de manera estrepitosa. En simultáneo, a nivel local el Malbec comenzó a crecer y los productores argentinos no dudaron en sacrificar hectáreas de Merlot para plantar Malbec. Con el Syrah, la historia es similar, aunque con algunos años de diferencia. En este caso, la debacle fue el ocaso de Australia como país productor: Australia había sido el principal motor del crecimiento del Syrah a nivel mundial, y cuando comenzó la crisis vínica en aquel país de Oceanía, arrastró en su caída a los Syrah del mundo, incluyendo a los de Argentina.

Las siete vidas del Syrah

Antes, todas las bodegas hablaban del Syrah. Era algo así como una fiebre por esta cepa, que se perfilaba como una de las ganadoras de la revolución del vino argentino del siglo XXI. De hecho, hoy mismo los vinos varietales Syrah son los más consumidos en el mercado local, por detrás del Malbec y del Cabernet Sauvignon. Pero si bien los números son (relativamente) grandes, el cartel es chico. Y más allá de las ventas, las bodegas apuestan mucho más por el Cabernet Franc o la Bonarda que por el Syrah. Incluso San Juan, que intentó posicionar al Syrah como “su” cepa emblemática, hoy lo elabora casi en silencio, con una timidez que llama la atención.

Por suerte, hay excepciones. Como cuando, hace unas pocas semanas, José Galante (enólogo de Bodega Salentein) presentó su Numina Syrah 2011 y destacó como peculiaridad que “no es cualquier Syrah, es un Syrah de clima frío y eso nos enamoró”. Ahí se ve la clave de la apuesta, algo que el Brand Manager de la bodega, Matías Bauza Moreno, luego desarrolló: “En el segmento premium el Syrah es una cepa vacante pero con público y esta etiqueta nos permite llegar con una propuesta diferencial… son realmente pocos los Syrah de zonas frías disponibles en el mercado”.

Otro enamorado del Syrah es Daniel Pi, nada menos que el chief winemaker de Peñaflor, que hace un año sorprendió al mercado con su Iscay Syrah 2010 (cortado apenas con un porcentaje de Viognier como indica la tradición del Ródano). En este caso, la excusa fue su amigo y colega Joey Tansley, viticultor californiano reconocido por sus Syrah, que lo había convencido de la gran calidad de esta cepa en Mendoza, lo que los llevó a elaborar este vino codo a codo. En la presentación Daniel Pi no tuvo reparos en asegurar que se debe mirar mas allá del Malbec. Y el resultado -en calidad, pero también en el negocio- parece haber sido bueno: ya está la cosecha 2011 lista para salir al mercado.

Yendo un poco más atrás, también se debe mencionar el trabajo sobre el Syrah que viene haciendo desde hace rato Mauricio Lorca. Fue quizás su varietal Opalo, sin paso por barrica, el que lo convirtió en un experto cuyo talento puede apreciarse en cada etiqueta de esta cepa que produce, incluso en las bodegas que asesora. Así, a la hora de buscar, son varios los fanáticos que encuentran en los Syrah de Lorca un sello de calidad indiscutido. Y él lo explica con palabras certeras: “Más allá de las tendencias, que sólo son tendencias, es el respeto hacia el consumidor lo que nos obliga a seguir apostando por cepas como Syrah o Merlot. Es realmente triste que las modas se lleven puestos a ciertos vinos”.

Estos ejemplos muestran cómo aprovechar los espacios que otros abandonan y si bien ninguna de estas etiquetas cambiará la actualidad del mercado, sí logran sumar a la imagen y coherencia de las bodegas y hace pensar que, en materia de Syrah, quizás se tiró la toalla antes de tiempo.

Los fundamentalistas del Merlot

Simplificando, hay dos maneras de pensar qué vino hacer. Por un lado, está lo que pide el mercado. Por el otro, lo que quiere hacer el enólogo o la bodega con las uvas que tiene. Y si bien la producción de vinos no puede escapar a las tendencias del consumo, siempre hay lugar para caprichos personales. Un caso de fundamentalismo es el de Rutini, cuyo enólogo es un confeso fanático del Merlot. Hablamos de Mariano Di Paola, que a diferencia de sus colegas no comulgó jamás con la idea de abandonar su cultivo. Así, sacó una gran ventaja que lo ubica hoy por hoy como el rey del Merlot argentino, una cepa que quizás no traccione como antes pero que siempre cuenta con un puñado de fanáticos que la consumen. Incluso, en alguna ocasión el mismo Di Paola confesó que seria imposible lograr grandes vinos como su Felipe Rutini sin la elegancia que aporta el Merlot en los cortes.

Hay más defensores de esta cepa, claro. Por ejemplo, Finca La Anita, que ha hecho del Merlot una de sus etiquetas emblemáticas. Y lo mismo puede decirse de Hervé Joyaux Fabre, quien aprovechó su fina patagónica de Infinitus para hacerse cargo de su tradición francesa en materia de esta cepa.

Y hay más: hace un mes pasó Marcelo Pelleriti por Buenos Aires, para presentar nuevos vinos y añadas de la bodega Ojo de vino, del suizo Dieter Meier. Y allí adelantó, frente a la resginación de los representantes comerciales -que se notaba que no estaban demasiado felices con la decisión- que pronto habrá un Merlot en la línea. La razón, según Pelleriti, es simple: “Tenemos un gran Merlot en nuestros viñedos… ¿cómo no lo vamos a elaborar?”. A lo que la parte comercial respondió, con cierta ironía: “no hay problema… solo que por favor no pongamos la palabra Merlot en la etiqueta”…

Respecto del Merlot, otro dato para apuntar es que esta cepa está en pleno cambio de concepción, en especial desde que se lo cultiva en Tupungato, donde la clave parece ser nuevamente el clima frío de la montaña y la altura.

Una bodega es, claro, un negocio. Y no puede dejar de mirar lo que el consumidor está buscando en cada momento. Pero no se debe olvidar que es un negocio a largo plazo. Y está claro que, en algún momento, los vinos a base de variedades tan nobles y deliciosas como Syrah y Merlot volverán a ser populares. Los que se hayan mantenido fieles a sus principios y sus gustos, tendrán allí su revancha.

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