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Cine y Series

Nac & Biz

Argentina, potencia creativa en el rubro del cine bizarro. Quién lo hubiera dicho.

Por Martín G. Escribano

Son varios los que conocen a Ed Wood, ya sea por la película de Tim Burton que lleva su nombre o bien por Plan 9 From Outer Space, su film de 1959, uno de los máximos exponentes del llamado cine bizarro. Circulan en el imaginario colectivo otros títulos asociados a este subgénero: Freaks (Tod Browning, 1932), Pink Flamingos (John Waters, 1972) o la gloriosa The Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman, que posee la particularidad de haberse emitido ininterrumpidamente en pantalla grande desde su estreno en 1975 hasta el día de hoy, pasando por cines de todo el mundo. Todos estos títulos comparten el coqueteo con la extravagancia, el culto a lo insólito y han sido objeto de innumerables artículos que denostan o ensalzan el lugar que ocupan en la historia del séptimo arte. Pero ninguno de ellos proviene de la industria nacional. Por eso, para intentar equilibrar aunque sea un poco la balanza es que daremos a conocer cinco títulos de entre los varios que conforman el riquísimo tesoro del cine bizarro argentino. Porque sí, el cine nacional y bizarro existe y tiene mucho para dar. Nuestro top five es este:

5) Extraña invasión (Emilio Vieyra, 1965)
Emilio Vieyra ha dirigido varias “joyas” del cine argentino, incluyendo títulos como Gitano y La vida continúa, ambas protagonizadas por Sandro. Se hace difícil imaginarlo a la cabeza de un proyecto enmarcado dentro de lo que conocemos como ciencia ficción. Más aun si la película comienza con una placa que nos advierte que los hechos ocurren en algún pueblo de los Estados Unidos pero que fue filmada íntegramente en la localidad de El Palomar. Y si los personajes hablan con el más acérrimo acento argento pero tienen nombres como Steve, Tommy o Harry, peor. Con actuaciones de Jorge Rivera López, Richard Conte, Susana Beltrán y la exTelenoche Mónica Cahen D’Anvers , el argumento gira en torno a unas rayas psicodélicas que aparecen en los televisores de un pequeño pueblo, las cuales producen una hipnosis colectiva que transforma a los habitantes del lugar en meros deambuladores que reaccionan violentamente si se los separa de la T.V. La cosa se pone fea al punto que debe intervenir Washington enviando fuerzas armadas. De más está decir que la resolución del conflicto es del todo risible. El dato: en inglés se la conoce como Stay Tuned for Terror.

4) Un viaje al más allá (Enrique Carreras, 1964)
Se podrían decir muchas cosas de Enrique Carreras, quien ha dirigido más de 100 películas y ha sabido recibir el Cóndor de Plata, algo así como el Oscar argentino. Afortunadamente para quienes gustan del cine berreta, la mayoría de sus producciones dejan que desear y Un viaje al más allá no es la excepción. Aquí podemos ver a Mercedes, la hija del director, acosada por una música en extremo lastimosa y por alucinaciones auditivas importantes. Gracias al consejo de una amiga encuentra consuelo en un viaje hipnótico comandado por el mismísimo Fabio Zerpa en el cual se revela que en otra vida fue monja y que tuvo un amorío con un desertor que termina muerto. Luego de esta única sesión de lo que hoy conocemos como terapia de vidas pasadas nuestra heroína acude repentinamente a una fiesta en la que ni más ni menos que Palito Ortega canta Despeinada. Todavía no comprendemos el papel que juega Palito en todo esto pero el punto es que sobre el final de la cinta aparece un tal Mariano conduciendo su auto a toda máquina, locamente, por un bosque. Tras dos minutos de pantalla encuentra el fin en el tronco de un árbol centenario y nuestra heroína corre hacia él desesperada, aunque acabe de conocerlo. Y sí, la vida es trágica: Mariano es el desertor de la otra vida y Merceditas termina viuda una vez más. Durísimo.

3) Historia de una soga (Enrique De Thomas, 1956)
Bizarra a su pesar, no podemos eludir una película narrada por una soga de colgar la ropa. Simplemente no podemos. Menos aun si es una soga vengadora. La cosa es así: Doña Julia cuelga la ropa en el patio de su casa y padece los desplantes de su hijo mafioso. La soga observa atenta y todo marcha bien hasta que la señora sufre un paro cardíaco debido a los disgustos que le da su hijo. La soga decide hacer justicia por su dueña y termina atada a un camión por lo que logra atarse al cuello del malvado hijo cuando este cruza la calle. Turbio… muy turbio. El dato: actúan figuras del tamaño de Mario Lozano, Mario Passano y Susana Campos, y la voz de la soga estuvo a cargo de Hilda Bernard.

2) Veredicto final (Jorge Darnell, 1996)
Años 90. Cine argentino hecho en Miami. La cúspide de la coproducción. Un tal Joseph Richard Paul encarna (bah, intenta encarnar) a un “querubín de ojos atormentados que en sus ratos libres se entretiene asesinando”. Al menos así se lo describe en los desastrosos diálogos que recorren los 88 minutos del film. Todo transcurre en un juicio salpicado de flashbacks en el cual se intenta elucidar la imputabilidad del querubín en cuestión. Esta oda a lo inverosímil en la que podemos ver a Arturo Bonín, Norberto Díaz, Diana Lamas (aka “la de Amigovios”) y Graciela Dufau nos regala venenos del Amazonas, mansiones que explotan y una delicada cuota de homoerotismo que sumada a frases del estilo: “en el fondo somos cocodrilos del mismo pantano”, “te concederé cinco minutos para aplacar los aullidos de tu conciencia o “sé todo de plantas carnívoras que te atrapan y te llevan hasta la muerte” hacen de este un film ineludible a la hora de internarnos en lo mejor de lo peor de nuestra filmografía.

Gaviotas? No, vampiros!
1) Sangre de vírgenes (Emilio Vieyra, 1968)
Sangre de vírgenes es especial. Aun cuando su título no guarda relación alguna con el argumento, se la considera una obra de culto y tiene el honor de ser la primera película argentina de vampiros. Vampiros ciertamente particulares que se toman licencias de lo más extravagantes como convertirse en… ¡gaviotas! Quien escribe ha visto una versión muy barata de Drácula protagonizada por Christopher Lee en la que a falta de lobos se utilizaron perros para dar cuenta de estos seres infernales, pero las gaviotas de Emilio Vieyra van más allá. La película empieza al estilo de un spot turístico que nos vende los variados paisajes de Bariloche, algo así como lo que hace el último Woody Allen con Barcelona, París y Roma sólo que con un dominio de la cámara harto precario. Luego hacen su entrada Rolo Puente y Armando Bauleo, dos jóvenes que tienen la mala suerte de toparse con Ofelia, una vampira que acarrea una maldición de siglos. El dato: el director aparece en escena en el papel del comisario Martínez.

Hasta aquí llegamos. Estas son nuestras cinco propuestas para el que decida juntarse con amigos, armarse de pochoclos y disfrutar de esas películas que de tan malas terminan siendo buenas.

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