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Musical de una muerte anunciada

Uno de los grandes clásicos del cine romántico de los noventa regresa en versión teatral. Ghost, el musical redescubre el amor de Sam y Molly en con una estética contemporánea.

Por María Luján Torralba

María Luján Torralba

“Oh my love, my darling. I’ve hungered for your touch a long, lonely time. And time goes by so slowly and time can do so much. Are you still mine?”, dice la inolvidable canción de los Righteous Brothers, Melodía desencadenada, que estalló en popularidad gracias al eterno film Ghost en los años ’90. Esta vez, las palabras que desgarran las almas de los dos amantes unidos por el amor y separados por la muerte, recorren las fibras de los espectadores del musical homónimo que logra repetir el fenómeno: conquista y emociona.

Ghost, el musical, protagonizado por Matías Mayer, Jennifer Schomberger, Luciano Bassi y Natalia Cociuffo junto a la genial participación de Rodolfo Valss se presenta los martes a las 21hs en el Metropolitan Citi durante julio y agosto. Con dirección general de Marcelo Rosa y producida en forma de cooperativa, la obra gana intensidad gracias tanto por la orquesta en vivo como por las talentosas actuaciones.

La historia es la que conocemos todos: Sam y Molly, una joven pareja que parece tenerlo todo para ser feliz, sufre un vuelco en su relación tras el desconcertante asesinato de Sam. Atrapado entre dos mundos, el muchacho se rehusa a dejar a su amada cuando descubre que ella se encuentra en grave peligro. Desesperado por comunicarse con ella, se contacta con Oda Mae Brown, una vidente de baja categoría, quien lo ayuda a proteger a Molly y vengar su muerte. Así, esta obra recién estrenada reproduce aquello que sucedía en la película de Bruce Joel Rubin, con la escena de la cerámica y todo. Sin embargo, el nuevo guión de Hy Zaret y Alex North, que se estrenó originalmente en Broadway en 2012, más allá de mantener el argumento, redescubre la historia desde una estética contemporánea y sofisticada, característica que hace a la obra más cercana en tiempo y espacio.


“Magia, amor y soledad”, estas son las tres palabras que usa para definir Ghost su director. “Para mí es un sueño estar en un espectáculo que es bellísimo e ícono del cine. Es una historia absolutamente profunda e interesante”, explica Marcelo Rosa, quien además dice estar orgulloso por trabajar con profesionales de “una calidad humana impresionante”. Por su parte, el director musical Gerardo Gardelín dice: “Desde un principio me entusiasmó el equipo, la música y el film. Con el elenco tenemos una convivencia maravillosa, un ensamble divino con gente que aprendió un montón de cosas en muy poco tiempo.”


Infalible historia de amor
Ghost es romántica y trágica con un final que todos sabemos pero que aún así estremece de manera inevitable. “Sabemos que Sam no va a resucitar y esto hace que la obra sea triste de principio a fin. Me impacta mucho a nivel emocional”, cuenta Gardelín. A pesar de lo irremediable, Ghost tiene sus momentos cómicos sobresalientes. “Por suerte está el personaje de la médium, Oda, que aporta buenas dosis de humor que descomprimen la tensión”, aclara Rosa.

Pop, hip hop, jazz, soul, rock, baladas, temas góspel. Las canciones hacen que Ghost sea un espectáculo de vanguardia. A diferencia de los musicales tradicionales, esta obra genera diversos estados. Según Gardelín, “la música tiene muchos momentos muy narrativos, describe absolutamente la acción que está pasando casi cinematográficamente. Además, la obra lleva muchos coros, algo bastante atípico. Fue un trabajo muy intenso”. Por otro lado, Rosa comenta que el musical tiene “las mejores partituras que se han hecho para teatro interpretadas en vivo”, razón por la cual se produce un acercamiento especial con el público.
Esta infalible historia de amor entre un joven etéreo y una muchacha terrenal que buscan conectarse más allá de lo imposible, es una belleza.

Hasta al espectador más frío y parco volverá a creer en el amor eterno y se le caerá una lágrima (o más) cuando retumben en su pecho las notas de aquella canción que proclama que él está desesperado por tocarla, aun sabiendo que esto no volverá a suceder nunca más.

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