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Música

Música a cielo abierto

Con el fantasmal escenario del ex Parque de la Ciudad como fondo, Rock Buenos Aires fue una fiesta con más de 100 mil invitados.

Por Gisela Etlis

Amigos que comparten una ronda de mate, sentados en el pasto con vista al escenario y, a sus espaldas, la montaña rusa Aconcagua, la gran Torre espacial y el Scorpión, tres de las atracciones abandonadas del ex Parque de la Ciudad, escenografía del predio dedicado a la música que recibió a más de 100 mil personas durante sus cuatro jornadas Rock Buenos Aires.

El ciclo comenzó de fiesta el jueves 13 de febrero, con Los Auténticos Decadentes a la cabeza que no evitó los clásicos como Los piratas o Somos. Minutos antes, Kapanga encendió a los rockeros con los nuevos temas de Lima, Rock, Jefe Max y su infaltable Mono relojero.

En la segunda fecha, Fidel Nadal arrancó la tarde de reggae que siguió Dread Mar I. La banda liderada por Mariano Javier Castro llenó coronó la noche de los enamorados con Sabemos lo real, Principio y fin y No convencerán.

El sábado 15, con el público precalentado por el multifacético artista plástico y cantautor Lucas Martí y Ayelén Secches, el tercer día del festival gratuito recibió a Poncho. Javier Zuker, Leandro Lopatín y Fabián Picchiano, convirtieron el piso pogero en una pista de baile a cielo abierto. Los chicos del poncho negro a los que se los vió en el Main Stage de Creamfields, fueron aplaudidos y bailados incluso por los más jóvenes, que esperaban los temas poperos con dejos setentistas de Intrépidos Navegantes, que preparaba su show en el segundo escenario.

Poncho cerró con Please me y su ekeko bailarín vestido de poncho colorido y el cedió el turno a quienes cruzaron el Río de la Plata para hacer cantar al público que no dejó afuera a los adultos con familia. El Cuarteto de Nos arrancó con El hijo de Hernández¸ Algo mejor que hacer y Enamorado tuyo. Los gritos aumentaron con Buen día Benito, pero las gargantas estallaron con “Yendo un weekend a lo de Damián, tenía urgencia de hablar con el man, caminé porque pinché mi van, vi a una mina de la que soy fan…”, coreado por todos, hasta los que no se sabían la letra, seguían el ritmo. Las pantallas mostraron a una nena de unos diez años en los hombros de su papá, que sabía la canción completa de la banda uruguaya que tiene historia desde 1980 y que se despidió con Me amo, del disco Bipolar.

Con cielo que amenazaba lluvia, ya pasadas las 20.00 horas, se vió la ronda de Illya Kuryaki and The Valderramas en una especie de reunión pre show. Los gritos invadieron la Ciudad del Rock y terminaron con el potente sonido de Helicópteros. Dante Spinetta, de negro, con su gorrito de Capitán Piluso y varios collares dorados. Emmanuel Horvilleur con capa roja y chupines dorados que se movían sensualmente al ritmo de Ula ula, el segundo hit de la noche. Acompañados por Carlos Salas en la percusión, Sergio Verdinelli en batería, Rafa Arcaute en teclados, Mariano Domínguez en bajo y Matías Rada en guitarra, que resaltaba por su porra negra y su camisón de seda, siguió Expedición al Klama Hama y explotaron con Jaguar House y Abarajame, y cerraron con A mover coolo.

El cierre de la propuesta veraniega, realizado el domingo, tuvo la fuerte presencia del metal argentino, que sobrevive con el eterno público fiel, ya que el predio comenzó a llenarse de niños con Heavy Saurios. Casi 50 mil personas frente al escenario esperaron la llegada de Malón y corearon temas como Síntoma de la infección.

Anochecía en Villa Soldati cuando Carajo hizo su aparición y el lugar ya quedaba chico. La banda de Marcelo Corvalán presentó temas de Frente a frente, su último disco, y mostró su conquista al público que se mantiene desde hace 13 años. El domingo terminó con la banda de heavy metal más reconocida de Argentina, Rata Blanca que, con temas como El reino olvidado o Guerrero del arcoiris precedió los fuegos artificiales y cerró el festival a todo trapo.

Detrás del rock

La propuesta asistida por la Ciudad fue aprovechar el espacio para apoyar campañas de concientización de violencia familiar, cuidado del espacio verde y reciclaje de la basura, un puesto de “Chau tabú” en el que los jóvenes podían sacarse sus dudas sobre temas sexuales, además de la iniciativa solidaria “Juntos por la vuelta al cole”, donde se recolectaban útiles para alumnos de escuelas rurales de todo el país.

Al espacio se sumó una tienda de discos que incluían a las bandas presentes en el Festival, además de otras internacionales, que iban desde 30 a 130 pesos. Junto al puesto de discos, repartían un mapa de bicisendas porteñas y un manual del ciclista y, al final del recorrido, un mostrador con folletos que promocionaban actividades para combatir las adicciones.

Más de 170 mil personas pasaron por el ex Parque de la Ciudad para disfrutar del Rock Buenos Aires, sin dudas un saldo más que positivo.

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