Publicidad Bajar al sitio
Agenda

Música a ciegas

Un espectáculo diferente, que repasa los mejores discos de grandes bandas en oscuridad total y con sonido holofónico.

Alguien que sacude una caja de fósforos al lado, un secador de pelo encendido detrás y Pink Floyd en vivo al frente. Parece que están bajo el mismo techo, se sienten, se escuchan en tercera dimensión. Si ya el hecho de que un sonido pueda quedar atrapado en un aparato y reproducirse en otro lugar y en otro tiempo parecía mágico, la holofonía revoluciona los sentidos y deja en evidencia a la industria audiofónica como obsoleta e ineficiente.

“Yo descubrí el oído humano y pude hacer grabaciones indistinguibles de la realidad”, cuenta Hugo Zuccarelli, quien después de haber estudiado ingeniería electrónica en Italia, inventó la holofonía: un sistema que permite escuchar una grabación ordinaria en un sonido que tiene espacialidad, textura y que logra que el oído distinga un grave, un medio o un agudo sin diferenciar si lo que escuchamos pasara en el aquí y ahora, o está grabado.

A oscuras, en el Teatro Ciego del Abasto, Zuccarelli realiza demostraciones de su trabajo y quienes se suman a la experiencia, salen fascinados y hasta un poco confundidos, porque el inventor -como se define el dueño de Holophonics- parece haber traído a Roger Waters, David Gilmour, Nick Mason, Richard Wright a tocar en vivo Atom Heart Mother, en la total oscuridad de la sala porteña.

“La holofonía es al sonido lo que la holografía a la imagen. Tardé muchos años en entender qué es lo que los parlantes comunes hacían para distorsionar la calidad del sonido. La diferencia entre los parlantes que diseñé y los convencionales es que los holofónicos tienen una sola membrana. En cambio, en los otros se divide las frecuencias, y para cada rango, se diseña un parlante que suene más alto…El objetivo es amplificar el sonido, así se vende más. Y por eso sacrifica una serie de parámetros que son esenciales para el oído. Uno es el timbre”, explica Zuccarelli en una charla con el público, después de haber reproducido el octavo disco de Pink Floyd en el sistema de parlantes holofónicos que diseñó y que lo expuso como un revolucionario y enemigo de la industria, sólo por ayudar al oído a desarrollar todo su potencial.

“Hay un parate de una mafia que no quiere cambiar nada. Hay tods una industria de parlantes ya fabricados que para cambiarlos, hay que invertir…Y no quieren. En Estados Unidos me quisieron matar tres veces, para robarme o destruir la tecnología que tengo”, confesó Hugo.

La experiencia comenzó a las 18.45, cuando las diez personas que ingresaron al teatro se pusieron los auriculares en la entrada y tuvieron una previa diferentes sonidos que forman parte del único disco de holofonía en el mundo. La sorpresa fue unánime. Nadie pudo evitar mirar de un lado hacia el otro para descubrir quién estaba detrás sacudiendo una caja de fósforos, secándose el pelo, o dando golpes a una mesa. Minutos después, Hugo Zuccarelli dio la bienvenida y advirtió que comenzaba un viaje diferente. A oscuras y con los oídos afinados. Los 52 minutos de Atom Heart Mother, que Pink Floyd grabó en 1970, se escucharon en detalle, gracias a los parlantes holofónicos que trajo a Alan Styles a desayunar, con el tema Alan’s Psychedelic Breakfast, en el que la melange de sonidos que produce un hombre en la cocina, mientras se oyen sus pensamientos. El piano delante, atrás la guitarra, a la derecha la batería. Ellos estaban ahí. Una vivencia diferente, incluso más intensa que una película 3D.

EL show tiene distintas funciones en las que se pasa un disco diferente, muchas veces elegidos por el público a través de las redes sociales y los discos son los originales, reproducidos en los parlantes holofónicos de cuatro metros de altura, diseñados por Zuccarelli. Los próximas funciones son las siguientes:

Jueves 12 de junio
19:00 Ok Computer de Radiohead
22:30 Am de Artic Monkeys

Todos los viernes
19:00  Dark Side of the Moon de Pink Floyd

Todos los sábados
18:00 Lo mejor de Queen
19:00 Wish You Were Here Pink Floyd

Las entradas pueden adquirise en la boletería (Zelaya 3006) o en la web de Teatro Ciego y cuestan $80.

×