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Música

Mujer de mucha fe

La cantante mexicana presentó Buenos Aires Pecados y Milagros, un disco cargado de símbolos místicos que la lleva de las raíces al presente. En Bacanal la entrevistamos antes de su llegada al país. 

Por Aurelia Rich

En la compleja cosmogonía mexicana de la vida y la muerte, el exvoto o retablito completa el ciclo de la oración a vírgenes, santos y ánimas. Estos cuadros, con sus pequeñas escenas y relatos, son una constancia material del agradecimiento por el milagro recibido. Y si bien en las iglesias católicas que sirvieron de asentamiento a la colonización los retablos son de grandes dimensiones y encargados a los artistas sólo por los ricos, el retablito latino es pequeño y accesible a cualquier persona. Y el agradecimiento no solamente es por milagros de alto vuelo, sino también, por ejemplo, porque un marido no descubrió al amante en el placard.

Para el arte del cd que la trae de gira por Rosario (el 14 de junio), Córdoba (el 16) y Ciudad de Buenos Aires (en el Gran Rex, el 20), Lila Downs convocó a un grupo de artistas para realizar cuadros inspirados en cada canción. Al llegar al tema final –Misa Oaxaqueña, un clásico al estilo de nuestra Misa criolla–  el texto que acompaña al óleo del artista Alfredo Vilchis deja a la luz un sentido central de la obra: “Doy gracias a la Virgen de Juquila con este retablo por concederme la dicha y la felicidad de encontrarme con mi hijo Benito Dxuladi en el año 2010, después de haber deseado ser madre por muchos años…”. Dxuladi significa chocolate, y es nombre zapoteco elegido por Lila para el niño que adoptó hace dos años.

– ¿Concebiste el disco en su totalidad como un retablo en agradecimiento por tu hijo?
– Sí, en gran parte, porque me renueva la vida. Llega el momento en que dices “y bueno, qué estoy haciendo aquí, a qué vine a este mundo”. Creo que es muy bueno hacerse esa pregunta de vez en cuando, especialmente cuando encuentras un motivo para vivir. La fe es un misterio, en la forma como la expresamos los seres humanos. En México tenemos una visión muy particular, que no es purista, que es siempre renovante al alma, que siempre nos ofrece una salida. Creo que eso es lo que yo he encontrado en la obra visual de las pinturas y de las narrativas, porque son historias muy verdaderas en una parte, pero también un poco surreales. En México, en la última gira, hemos pasado el micrófono al público contando algún milagro y algún pecado, y es muy divertido de oír.

– Hay una omnipresencia femenina, plasmada sobre todo en la multitud de vírgenes que parecen católicas, pero vistas de cerca sincretizan mitos y épocas con bastante irreverencia. ¿De dónde surge tu conexión con estas santas?
Hay muchas vírgenes en México, que tomaron el lugar de la Coatilcue, de la Tonantzin, de la Nueve Hierba, deidades prehispánicas que -en la etnia indígena de la que yo provengo, la mixteca-  dotaban de fuerza, de cosas buenas, de fertilidad, de maíz. Al mismo tiempo son castigadoras, pueden ser apasionadas y malas, son similares a las deidades hindúes que llevan dos caras. Hay una virgen muy famosa en mi región, de Oaxaca, la Juquila, que la estoy mirando en este momento (se ríe con complicidad)… y dice la gente que ella es muy sensible, que hay que andar con mucho cuidado, no se puede hablar mal o decir  por ejemplo (con voz de vecina criticona:) “viajé tanto para venir a ver esta imagen, y está chiquita, no me impresiona tanto”. Entonces hay un castigo (y vuelve a reírse de su propia actuación).

Ganarse la ranchera

Hablando de milagros, desde hace más de veinte años, Lila comparte una dupla creativa con su marido y productor, Paul Cohen. De hecho, los grandes hits de la cantante, como La cumbia del mole, Perro Negro, Agua de Rosas o el reciente Zapata se queda, son un bien conyugal. En Pecados y Milagros hay seis temas compuestos en conjunto. Casi todas, canciones con aires gitanos, bailables, y una presencia tal vez excesiva -aunque siempre popular- del saxo, que también interpreta Cohen. Lila se describe como la disparadora del mecanismo de creación en conjunto:  “Pues yo comienzo con alguna idea. Por ejemplo, la canción dedicada a las mujeres que muelen maíz. Es que viene a raíz de que mi madre me dice “mira estas mujeres, van caminando por la calle con un tenate”, que es una especie de canasta en la cabeza, con una carga pesada de tortillas, que es el alimento básico de todos los mexicanos. Y me dice mi madre: “mira esas mujeres, qué chulas que están”. Y te pones a pensar, son personas que están al margen. Ahora que nos encontramos con bastantes problemas sociales, estas mujeres levantan a las familias mexicanas. Es como hacer un tributo a un símbolo”.

– En tu trabajo y tu acción pública ponés la mirada sobre distintas formas de marginación social.
– Creo que eso lo tengo muy dentro de mí, porque mi madre viene de una comunidad muy humilde y muy accidentada. Es una región que se está volviendo muy desértica en algunas partes, y que también ha sufrido una negligencia con respecto a su valor cultural. Cuando yo crecía, quizás también porque era mitad yanqui y un poco mestiza, sentía ese rechazo hacia esa raíz indígena, y eso me molesta mucho. En un punto tú decides si vas a seguir contradiciéndote, o mejor ir por el otro camino, en donde encuentras la luz contigo misma, y digamos que sales del closet, como dicen en la comunidad gay (se ríe). Sales y ya. Y te aceptas como eres.

– En esta conexión con lo auténtico aparece la necesidad de recrear clásicos. En el disco retomás a mexicanos históricos: José Alfredo Jiménez, Tomás Méndez  y Cuco Sánchez. ¿Sos una mensajera de la música mexicana?
– La música ranchera fue mi primera influencia musical, y tuve que dar como la media vuelta en un círculo para entender por qué tenía que cantar yo esas canciones. Las dejé de cantar muchísimos años. Las cantaba en vivo, no me atrevía a grabarlas. Yo creo que la ranchera te la tienes que ganar, es muy profunda. Tiene que ver con la raíz, pero también con un nacionalismo muy potente, y eso es complejo, porque muchas veces no lo sientes tanto. Pero hay momentos en los que me echo unos mezcales, y yo creo que a todos nos sale ese cuero, esa piel que todos traemos por encima, que es un poco llorar por nuestro país, y también celebrarte por ser parte de la nación.

Crecer desde el pie

Volver a las raíces le trajo éxito. Comenzó a sonar en los top ten más influyentes en 2006, con La Cantina, donde doce de quince temas eran rancheras y corridos tradicionales, como la máxima figura latina de la música fusión. Y sí… es una verdad: la world music da para todo, y no se salva ni Lila Downs. Así es como en este álbum, que está sin duda entre lo mejor de su carrera, se puede encontrar un tema meloso, al mejor estilo Paloma San Basilio, como Solamente un día. Sin embargo, la versión de Tu cárcel, del romántico Marco Antonio Solís, combina crudeza y refinamiento en una voz sincera y un arreglo de guitarras que no sólo la hace escuchable, sino realmente valiosa.

– ¿Cuánto permitís que te influyan los músicos con quienes elegís armar colaboraciones?
– En este disco tuvimos la oportunidad de trabajar con dos leyendas de la guitarra de México. Uno de ellos, por cierto, es argentino (se ríe), ¡muchos mexicanos no lo saben! El se llama Juan Carlos Allende. Tu cárcel es su concepto. Y también está el maestro Miguel Peña, un señor de 80 años, que tocaba con Pedro Vargas, Lola Beltrán, Lucha Reyes. Ultimamente han estado rolando con la Chavela Vargas, así nos conocimos. Y también hemos podido fusionar los estilos, con algo electrónico, como en Zapata se queda, probando con los músicos en escenarios, en giras, y fueron cambiando mucho.

 – Y para Pecadora, dejaste el hip hop a cargo de los Illya Kuryaki. Fue muy divertido. Los admiro mucho, me encantan por irreverentes y lo comenté a Sony, y dijeron “claro, podemos contactarte con ellos ahora mismo”. Hay un nexo muy grande con la Argentina; poder traducirlo musicalmente, pues qué bien.

– Tu primer álbum se llamó Ofrenda, y este último es pura religiosidad. ¿En qué tenés fe?
– En la mujer (se ríe mucho). Y pues tengo la fe en mis vírgenes, la Virgen de la Soledad, la Juquila y la Virgen Nacional, que es la patrona de México, la Virgen de Guadalupe… Pero (dice, y se le quiebra la voz) también tengo mucha fe en México, y sé que… ay ay ay hasta me pongo emocionante… sé que salimos, que vamos a salir adelante de todo esto.

Amén, Lila Downs.

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