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Música

Mujer de la tribu

Intensa como una diosa africana de voz sensual, fusiona en sus venas el latido sonoro de los ancestros y el lenguaje musical de la España profunda.

Por Aurelia Rich

Le dicen la Perla Negra, y llega a Argentina –precisamente a las ciudades de Rosario (18 de agosto), Córdoba (el 20) y Buenos Aires (el 21 )para presentar su disco Mi Piel, con un repertorio en el que enredan las raíces el flamenco, el jazz afrocubano, el bolero y el tango. Una colección de canciones que no escogió sino que, jura, “me eligieron a mí”. Ellas le enseñaron los conocimientos acerca del alma humana que transmite en esta entrevista.

– Todas tus canciones llevan un profundo sentimiento, ya sea el dolor por un desamor o la celebración de la vida en forma de son cubano. ¿Desde dónde te conectás con la música?
– Desde la conciencia de que existimos todos, de que estamos aquí, eso es lo que más me conecta con la música. De todas maneras soy de decir que sé desde dónde canto, pero no sé desde dónde me escuchan los demás. Lo que a cada uno le llegue es personal. Si al escuchar determinada música te sientes melancólico, pregúntate por qué, yo no conozco tus secretos. Enamorarse es ir en camino hacia otra persona a través de ti. Desamor es volver a amarte a ti mismo en soledad, lo cual no encuentro que sea malo. Nos enseñaron que no es bueno, porque duele, pero parir también duele y es una de las mejores cosas del mundo. Las canciones ayudan a enfrentarte a tu propio dolor, sin juzgarte. La música no te juzga, hace que te reconozcas, te abre las puertas para que dejes de culpar a quien culpaste, sin que nadie sepa tu secreto.

Raíces

Su don para el canto le viene por linaje materno. Por eso lleva tatuados en el brazo izquierdo -el del corazón- los nombres de su madre, sus hermanas, abuela y bisabuela, quienes huyeron de Guinea Ecuatorial a Mallorca, para empezar de nuevo, en lo material y en lo afectivo. Un exilio que también se sintió en la nueva música que se introdujo en su vida, y en el que encuentran explicación sus sentidas versiones flamencas de Volver y Nostalgias.

Mi madre fue la que me inoculó el veneno del tango. Es que su propia historia es un tango. Cuando mi padre se marchó, ella escuchaba tangos para redimirse, para estar mejor. Así llegó a nuestra casa una cantidad de música tremenda. Me hizo escuchar a todos los grandes compositores latinos. Me gusta esa especie de pequeña solidaridad que hay con la elegancia dentro de la tristeza, y eso lo tiene el tango. De esa bella música aprendí que el dolor se puede digerir y transformar en poesía”, asegura.

– Uno de los temas que más abordás es la experiencia, y en muchos casos el dolor, de ser mujer.
– Creo que de lo que debemos apropiarnos las mujeres es de la libertad de poder ejercer. De lo que a cada una le gusta, y de lo que a todas nos gusta. Ser las primeras capaces de reconocer esa libertad, que no nos tiene que otorgar nadie, ¿entiendes lo que te quiero decir? Simplemente es poder reconocerte y dejar de tener miedo de la soledad, que es nuestra compañía, que es el único lugar desde el que una mujer se puede construir sin el juicio de otros. Es una soledad maravillosa, fantástica. La mujer es un ser tan verdaderamente dotado en esta tierra, tan capacitado para tanto, que de lo único que tiene necesidad es de autorreconocimiento.

La conexión ibérica

Tal vez por su talento para hacer temblar las entrañas, Pedro Almodóvar pensó en Buika para engalanar con su voz a una de sus películas más dramáticas, La piel que habito, donde interpreta Por el Amor de Amar (la versión en español de la susurrante balada carioca de José Toledo y Jean Manzon, éxito en los 60), y Se me hizo fácil, del prócer musical mexicano Agustín Lara. Más allá de la película, Almodovar tuvo una importancia central en la carrera de la intérprete: fue suya la idea del homenaje a Chavela Vargas que Buika realizó junto al pianista cubano Chucho Valdés con su obra El último trago y que la lanzó a la escena internacional. Otro amigo del mismo círculo fue el responsable del concepto de hacer música mundial, siempre con un pie en las propias raíces, que se convirtió en sello de la mallorquina: se trata de Javier Limón, también productor de Lágrimas negras, el boom de Bebo Valdés (padre de Chucho) y Diego el Cigala, que enamoró al mundo con su combinación de estilos.

– ¿Cuál es tu criterio para fusionar géneros?
– Es que yo no busco fusionar nada, simplemente ejerzo de mí misma. Mi papá fue un exiliado político que, en verdad, nunca sintió de corazón la democracia. La democracia es un ejercicio, entiendes, y él tuvo una pequeña división de criterio con la dictadura y se marchó. Yo nací en España y mamá intentó criarme con una educación guineana. Mis amigas me decían que yo era africana y las primas y las familiares de Africa me decían que era española. Al final no sabes quién eres, y esa falta de identidad por momentos te pone un grillete en el corazón.

– Tu familia proviene de Guinea Ecuatorial, un país devastado por las dictaduras y la pobreza estructural. ¿Cuál es tu punto de vista sobre una posible salida de semejante opresión?
– Creo que a veces en vez de buscar salidas, hay que buscar nuevas entradas. Sin salir del lugar de donde uno nunca se ha marchado. Yo soy de la opinión de que a los dictadores los sostiene el pueblo. Y es debido a miedos muy arraigados en las personas, por inseguridades que van más allá de la identidad y los nacionalismos.

– Te definís como autodidacta y sos una compositora con marca propia, como bien lo demuestra tu tema Jodida pero contenta. ¿Se trata de un talento natural?
– Creo que siempre estamos aprendiendo de los demás y creo que a la vez aprendemos de nosotros a través de los demás. El hecho de que no hayas seguido el método establecido no significa que no estés estudiando. Creo que somos grandes estudiadores de los sentimientos, grandes estudiadores del color de las notas, grandes estudiadores de la manera de seguir. Porque de eso se trata, de seguir. De continuar haciendo que el milagro de seguir viviendo sea posible. Es la mayor Universidad. Y allí estamos luchando todos y aprendiendo; todos siendo maestros de maestros y alumnos de alumnos, y maestros de alumnos y viceversa. Estudiarás en esta vida, de eso no te vas a librar nunca.

La vuelta a la tribu

La vida personal de Concha Buika no es menos intensa que su repertorio. En una entrevista para el diario El País se presentó a sí misma como “bisexual, trifásica y tridimensional”, y confesó que “un matrimonio a trío es lo más cómodo, coherente y emocionalmente divertido que he encontrado”. Su matrimonio de tres duró dos años y, cuando el terceto se desarmó, quedó en pareja con quien declara el amor de su vida, la cantante española Africa. Hoy quien marca sus pasos es su hijo Joel, de trece años; y de su experiencia en familias alternativas fue llegando a una visión aún más abarcativa del amor, y que la enlaza con sus admiradores de todo el mundo.

Siempre he pensado que estamos rodeados de la tribu. En un momento tuve una ruptura profesional con mi manager y de un día para otro, por arte de magia, me quedé en la nada: no trabajé durante un año. Luego, todo ha vuelto con una fuerza muy tremenda. Yo siempre he pensado, como muchas personas, que la carrera de un artista estaba en manos de un manager, o de la discográfica. Pero la carrera de un artista está en manos de la tribu. Siempre estuvo en manos de la tribu. Siempre estará en manos de la tribu. Y hasta que tú no te des cuenta de que tú formas parte de esa tribu, te sientes solo como artista. Es la tribu la que decide quién se queda, quién se marcha. Creo que mientras los tengas cerca, no te sientes solo y estás bien. Aprendí a escuchar a la tribu, y desde entonces siento que estoy más viva que nunca”, afirma.
Y, como si hiciera falta (es la cuarta vez que viene al país), exclama jocosa: ¡En Argentina tengo una tribu enorme!
Sí, Buika. Toda una manada que ya se está acicalando para el ritual del reencuentro con su esperada diosa negra.

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