Publicidad Bajar al sitio
General

Moda & Arte

¿Puede la moda considerarse una de las bellas artes? Muestras en museos, estrategias de venta y alianzas en un mundo donde nada es lo que parece.

Un peatón descubre el arte de Daniel Buren al contemplar una vidriera de Louis Vuitton mientras un cliente de Levi´s “lleva puestas” las pinturas del artista británico Demian Hirst y un museo se llena de advenedizos que buscan visitar la retrospectiva de un diseñador archifamoso como Valentino o Jean Paul Gaultier.

 ¿La moda es un arte? ¿Las modas definen al arte?

Esas preguntas que tenían plena vigencia en las dos primeras décadas del siglo pasado perdieron interés con el correr del tiempo, y hoy recobran su sentido, ya que la moda y el arte se interrelacionan, y los límites que las separan son cada vez más difusos. 

Encontrá la nota completa en el número de octubre.

EDITORIAL. Modo moda.

Siempre se buscó establecer la octava de las artes. Para muchos, digamos a partir del siglo XX, ese lugar lo ocupó la fotografía. Sobre todo después de que el cine fuera establecido como el séptimo arte. Unos cuantos años antes, Thomas de Quincey, algo más radical, proponía el asesinato como una de las bellas artes pero, claro, no prosperó más allá de su libro -que llevaba justamente ese título- y la discusión teórica.

Hasta ahora, el sitio de la octava maravilla sigue en discusión. Y a la fotografía se le sumó un competidor impensado: la moda que busca discutirle el trono, a fuerza de un incansable trabajo de márketing, de diseños únicos y buena tendencia en las ventas.

Se puede decir que no es la primera vez que lo intenta pero, en rigor, en esta ocasión ha logrado escalar varios peldaños y establecerse en un sitio al que rara vez había llegado, el museo.

Hoy la moda se ha vuelto no sólo un objeto de consumo sino también un objeto de prestigio. Ciertos diseñadores subieron fuertemente la vara para explicar sus precios de vestidos únicos. Y otros -más ligados a la producción a escala industrial- intentaron ligarse con artistas plásticos para establecer su cercanía al arte desde ese lugar. En ambos casos, la intentona resultó un éxito. Y en ambos casos también la moda ganó terreno.

Por eso, hoy la mayoría de las semanas de la moda en el mundo se reciben con el status de un festival de cine. Y las retroespectivas de un diseñador se exhiben en museos que van desde el MOMA al Louvre, pasando por alguna escala en Buenos Aires. Es que la moda, ese hecho efímero y siempre un poco frívolo, comenzó a quitarse esas muletillas a favor de ganar otro espacio más cercano a las artes plásticas. Y no sólo a los diseñadores le sienta bien esta posición. Son muchos los que la comparten. Y no parece casual: no es lo mismo admitir que se va a un desfile si ese desfile es tratado como una exposición de cuadros o la premier de una película en competencia en Cannes que admitir que se va a un desfile y los únicos carteles que se le pueden colgar a ese evento son los de frivolidad y pérdida de tiempo.

Con este aspiracional de la moda se mete este mes Bacanal. Con esa frivolidad del arte -siempre presente y siempre escondida- se mete. Los resultados son, al menos, inquietantes. Porque, como solía decir Charly García, la entrada es gratis, la salida, vemos.

Javier Rombouts

 

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
Además, en este número:

+ Hablamos con Lucía Puenzo sobre cine, litaratura y familia con su nueva película, Walkolda, recién elegida para representarnos en los premios
+ Tragos: terrazas, patios y veredas para beber en primavera.
+ El movimiento por la extinción voluntaria del hombre
, ecología polémica.

… y mucho más!

×