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Wine News

Mitos del vino argentino

El vertiginoso crecimiento del vino argentino en la última década dio origen a relatos que merecen ser puestos a prueba.

Por Alejandro Iglesias

Si La argentinidad al palo fuese escrita hoy, posiblemente incluiría entre sus estrofas algo así como “los mejores vinos del mundo”. Es que, a lo largo de los últimos quince años, el vino nacional creció, cruzó fronteras, ganó premios y reconocimientos. Así, los argentinos aprendimos a estar orgullosos de nuestros vinos, que pasaron a ser un tema de conversación habitual en las mesas. Hoy, quien no sabe un poco de varietalismo, quien no conoce las nociones básicas de la fermentación y nunca visitó Mendoza es una suerte de analfabeto social. Pero junto con esta pasión también crecieron los malentendidos. Ciertas verdades de perogrullo que en realidad no lo son tanto. ¿Es tan bueno el vino argentino? ¿Somos los reyes del Malbec? ¿Hay vinos mejores que los nuestros en calidad y en precio? Todas creencias populares que luego de viralizarse a través del boca a boca alcanzaron el rango de mito y, una vez allí, se eternizaron. Lugares comunes y clichés que merecen ser discutidos.

Mito 1: somos los ases de la relación precio-calidad
La relación precio-calidad nace como mandato con la incorporación del Nuevo Mundo al mercado del vino mundial. La cuestión fue así: para competir con los grandes productores del Viejo Continente, en especial Francia, había que ofrecer más calidad por menos valor. Y todos los competidores intentaron cumplir con esta premisa. Durante los ochenta los californianos comenzaron ganado la carrera, hasta que los chilenos irrumpieron con sus vinos buenos, bonitos y baratos. Más tarde fue el turno de los australianos con sus Shiraz de seis o siete dólares, que inundaron las góndolas. Esta seguidilla de líderes permite sacar una conclusión: por ese entonces el liderazgo por precio no duraba demasiado y dependía mucho de las modas. La Argentina llegó a inicios del siglo XXI, devaluación mediante, para instalarse como líder de la relación precio-calidad. Pero lo mejor que hizo nuestro país fue buscar esa relación no sólo en los segmentos más económicos (como había hecho antes Chile), sino también franjas más altas, con mayor prestigio, por encima de los diez dólares.

Y es gracias a eso que aún hoy la Argentina goza de una reputación de best buy. Basta con leer los medios críticos más importantes del planeta para confirmarlo. Pero atención: con la crisis europea comenzada en 2008, y todavía muy vigente, está pasando algo extraño: países que siempre fueron caros en relación a nosotros, como España e Italia, hoy están liquidando vinos de buena calidad por menos de 5 dólares. A esto se debe sumar que hoy, inflación mediante, la Argentina ya no es una buena competidora en esa franja de precios. Entonces, sí, podemos decir que somos ases en la relación precio calidad. Pero no podemos asegurar hasta cuándo lo seremos.

Mito 2: somos los únicos productores de Malbec

Falso. Muy falso. De hecho, Cahors (la región francesa de donde es oriundo el Malbec) nunca dejó de producir Malbec y hoy incluso exigen ser reconocidos como los pioneros de su elaboración (por más que contratan a viticultores y asesores mendocinos para que les enseñen cómo lograr buenos resultados con esta cepa que por allí siempre fue una variedad menor).

Alcanza con este ejemplo para entender la falsedad del mito. Pero hay más: son cada día más los países que lanzan vinos Malbec al mercado, en la búsqueda de contagiarse un poco de su éxito. Quien recorra vinotecas o supermercados de los Estados Unidos verá que hay góndolas enteras dedicadas al Malbec, donde la mayoría de etiquetas pertenece a la Argentina, pero también hay otras de Chile, Canadá, Australia y hasta de Uruguay.

Por suerte, hasta el momento, la historia y la calidad están de nuestro lado, y a pesar de algunos buenos resultados aislados, a nadie le está resultando fácil competir con el estilo y diversidad argentinos.

Mito 3: China es el futuro del vino argentino
¡Quién no pensó alguna vez con salvarse gracias al mercado chino! No importa de qué producto se trate, es parte del folclore comercial: alcanza con mencionar al gigante asiático para que la mente comience a hacer algunas cuentas arrojando un resultado con muchos ceros. Esta fantasía también recorre a la industria vitivinícola local. Imaginen que al menos una vez al año cada habitante chino beba una botella de Malbec… Pero, por ahora, no más que un lindo sueño.

A diferencia de lo que podríamos imaginar los bodegueros argentinos son muy cautos a la hora de hablar de China. Incluso, la gente de Wines of Argentina dejó bien en claro que hoy su foco principal es consolidar mercados ya existentes, mientras que el de China esperan desarrollarlo en forma muy gradual. Hay varias razones para esta cautela: China hoy por hoy es un consumidor de vinos europeos de alto precio, un segmento en el que nuestro país no compite. De hecho, son muy pocos los chinos que saben que en la Argentina se produce y se bebe vino.

Dicho esto, vale la pena mencionar que varios bodegueros locales desembarcaron con sus botellas en China logrando buenos resultados. E incluso algunos vaticinan que, teniendo en cuenta la relación entre el posible consumo de vinos argentinos en ese país y las hectáreas de Malbec cultivadas en la Argentina, habrá que duplicar los viñedos locales.

Mito 4: el Torrontés es la esperanza blanca de exportación
El Torrontés es quizás el varietal que más mitos geneó. A pesar de que la industria lo trata -desde hace años- como un hijo pródigo, su éxito se sigue haciendo esperar. A primera impresión, es la cepa blanca favorita de los argentinos, pero lo cierto es que subiendo un poco la gama de precios ya no son tantos sus seguidores, cayendo en relación al siempre respetado Chardonnay.

Sin embargo, a la hora de pensar en las exportaciones, la industria continúa apostando por el Torrontés, y lo hace por una cuestión estratégica. En el mundo del vino, poder contar una historia es un activo importante, en especial hoy, cuando pareciera que todas las historias ya han sido contadas. Ante esto, el Torrontés se planta como compañero ideal del Malbec por tratarse de una cepa exclusiva de nuestro país, con un origen polémico que vale la pena relatar en las presentaciones, y que además ofrece una identidad aromática muy singular, que lo hace único en el planeta. Es decir, el Torrontés tiene todo para ganar. Pero no gana. Y hoy por hoy, a la hora de las preferencias, es ampliamente superado por los blancos de corte y por variedades más tradicionales como el mencionado Chardonnay o por otras más trendy como el Sauvignon Blanc.

Mito 5: ¡Es la hora del terroir!
Detrás del discurso del terruño hay muchísimo de cierto aunque también algo de mito. En primer lugar, cabe la pregunta: ¿es hoy el momento de imponer la idea de los diferentes terruños argentinos? Las opiniones se mezclan: unos creen que aún queda mucho camino por recorrer dentro del concepto global de “vino argentino” (y advierten que hablar hoy de orígenes confundiría a los consumidores), y otros aseguran que si no se comienza ahora mismo, será complicado imponer la idea en un futuro.

Ambas posturas tienen su cuota de razón, en especial si tenemos en cuenta que en ciertos mercados somos ilustres desconocidos, mientras que en otros somos favoritos. De todos modos, en este sentido, el terruño está ganando la pulseada, y hoy la gran mayoría de bodegas tiene su “proyecto terroir” o está a punto de iniciarlo. Surge entonces una pregunta más polémica: ¿cuánto sabemos ya de los terruños argentinos? Los más modestos dicen que el aprendizaje recién comienza, otros afirman que siempre hay algo por descubrir y unos más temerarios parecen tener certeza de cuántos terruños hay, cuáles son los mejores y qué hay que hacer en cada uno. En medio de tanta polémica, hay avances: se logró instalar el desafío de entender el terruño, algunos orígenes ya ganaron su lugar, y se espera un modo de regular y controlar el origen a partir de cada viñedo, evitando así que ocurra una palermización de los terruños más relevantes, con cada vez más supuestos vinos nacidos en los mismos lugares, aunque la relación vino/hectáreas sea absurda.
En el vino no suele haber blancos y negros. Es una industria viva, que se relaciona con una cultura, con una historia y un presente. Siempre habrá mitos que crezcan a su alrededor. Algunas estarán más cerca de la verdad; otros de la ilusión. Son los efectos colaterales de su crecimiento rápido y contundente, que logró en una década y media posicionar a nuestro país dentro de los grandes productores mundiales. Y, en esto, no hay nada de mito.

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